Rio Tinto profundiza su apuesta por el litio argentino y busca construir una plataforma de proyectos en el NOA, con operaciones y desarrollos en Salta, Catamarca y Jujuy y una creciente participación de empresas nacionales en su cadena de abastecimiento.
Según las proyecciones de la Agencia Internacional de Energía (IEA), la demanda global de minerales necesarios para tecnologías de energía limpia podría cuadruplicarse hacia 2040. El litio aparece entre los minerales con mayor crecimiento: entre 2017 y 2023, su demanda aumentó 266%.
Las perspectivas hacia adelante también son fuertes. S&P Global proyecta que entre 2023 y 2035 la demanda de litio crecerá otro 286%, mientras que la de cobre seguirá aumentando por su utilización en vehículos eléctricos, almacenamiento de energía, generación renovable y otras tecnologías.
Ese escenario ayuda a explicar la estrategia de Rio Tinto, que identificó al litio y al cobre como sus dos áreas de crecimiento más rápido. Según explicó Jérôme Pécresse, director ejecutivo de Aluminio y Litio de Rio Tinto, en una entrevista con Clarín en París, ambos mercados presentan un crecimiento sostenible de la demanda y que Argentina constituye la piedra angular de la estrategia global de litio de la compañía.
La compañía es actualmente la única que cuenta con producción de litio en las tres provincias litíferas del país y prevé llevar su producción en Argentina hasta unas 140.000 toneladas anuales con la puesta en marcha de sus distintos proyectos.
Sus operaciones activas en Jujuy y Catamarca generan alrededor de 60.000 toneladas de carbonato de litio equivalente, volumen que prevé elevar a unas 80.000 toneladas con la puesta en marcha de Sal de Vida y Fénix 1B.
El siguiente salto estará dado por Rincón, en Salta. El proyecto, que Rio Tinto desarrolla bajo el Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI), permitirá llevar la capacidad de producción hasta aproximadamente 140.000 toneladas anuales.
La hoja de ruta de la compañía contempla, además, alcanzar hacia 2028 una capacidad global de unas 200.000 toneladas de carbonato de litio equivalente. Cerca de tres cuartas partes de ese volumen provendrían de la Argentina.
Una inversión de US$ 1.000 millones por año
La expansión de Rio Tinto se sostiene sobre un flujo de inversiones que ronda los US$ 1.000 millones anuales en el país, según explicó Pécresse.
En 2024, la compañía anunció una inversión de US$ 2.300 millones para ampliar Rincón, que tendrá una capacidad de 60.000 toneladas anuales de carbonato de litio apto para baterías. El proyecto ya se encuentra en producción inicial y avanza simultáneamente hacia su expansión a escala comercial.
Por su parte, Fénix 1B y Sal de Vida representan una inversión conjunta de aproximadamente US$ 1.300 millones. Ambos proyectos se encuentran en proceso de puesta en marcha y Fénix 1B será el primero de los proyectos de la compañía bajo el RIGI en entrar en operación.
El régimen se convirtió, según la propia compañía, en un factor habilitador clave para continuar con su estrategia de inversión en la Argentina.
El efecto sobre los proveedores argentinos
El crecimiento de la minería de litio también comienza a reflejarse en la cadena de proveedores.
Durante 2025 y 2026, las plantas operativas de Rio Tinto emitieron órdenes de compra por US$ 696,2 millones. El 79% de ese monto, equivalente a US$ 550,6 millones, fue adjudicado a empresas argentinas. De ese total, US$ 349,3 millones correspondieron a proveedores del NOA.
La integración también se observa en la cantidad de empresas que participan de la cadena: el 93% de los 1.805 proveedores activos son nacionales y el 41% pertenece específicamente a la región del NOA.
En los proyectos en expansión, el nivel de participación local es todavía mayor.
En Rincón, sobre US$ 1.419 millones en órdenes de compra emitidas, US$ 941 millones fueron asignados a proveedores argentinos, el 66% del total. La compañía mantiene como objetivo que el 75% de las compras del proyecto sean nacionales al finalizar la obra.
En Fénix 1B, en tanto, se adjudicaron US$ 310,7 millones a empresas argentinas sobre un total de US$ 312 millones, lo que representa una participación nacional del 99% tanto en valor como en cantidad de proveedores.
La infraestructura, el principal desafío
El crecimiento de las operaciones en la Puna plantea, al mismo tiempo, un desafío que excede a las propias compañías mineras: la infraestructura.
Para Rio Tinto, el desarrollo de caminos, energía, gas, pistas de aterrizaje y ferrocarriles debe avanzar al mismo ritmo que la expansión de la minería.
La compañía ya ejecuta infraestructura propia. Entre otras obras, destina alrededor de US$ 15 millones anuales a caminos en Catamarca y cuenta con pistas de aterrizaje privadas, plantas solares y estaciones de compresión de gas.
Sin embargo, existen obras que exceden la capacidad de una empresa individual. Entre ellas aparece como un punto central el transporte ferroviario y, particularmente, el futuro del Belgrano Cargas.
La compañía considera clave que el sistema ferroviario pueda ofrecer un servicio competitivo para transportar materiales e insumos hacia la Puna y llevar la producción hasta los puertos.
La concentración de la demanda global también refuerza la dimensión estratégica del negocio. Alrededor del 90% de la demanda mundial de litio proviene de China, un mercado al que Rio Tinto destina principalmente sus exportaciones, aunque también abastece a Estados Unidos y otros destinos.
RIGI y estabilidad: las condiciones para seguir invirtiendo
La industria plantea que la continuidad del proceso de inversión requiere dos condiciones centrales: estabilidad política y económica, y un desarrollo de infraestructura que acompañe el crecimiento de la actividad.
Para Rio Tinto, la Argentina se convirtió en la piedra angular de su estrategia global de litio. La compañía busca crecer especialmente en cobre y litio, dos negocios que considera centrales por el crecimiento sostenido de la demanda.
La apuesta argentina, por lo tanto, no se limita a aumentar la extracción de litio. El objetivo es construir una plataforma productiva de largo plazo, con mayor participación de proveedores locales y una escala que permita al país concentrar buena parte del crecimiento global del negocio de litio de Rio Tinto.