Durante los últimos años, buena parte de la discusión sobre el desarrollo de Vaca Muerta estuvo concentrada en la producción, las exportaciones, las inversiones y la ampliación de la capacidad de transporte de petróleo y gas. Sin embargo, existe otra infraestructura, menos visible que los oleoductos y gasoductos, que también condiciona el crecimiento de la actividad: las rutas.
La expansión de la industria hidrocarburífera modificó la circulación en la Cuenca Neuquina. El movimiento de equipos de perforación, camiones con arena de sílice, tubos, insumos industriales y trabajadores incrementó la presión sobre una red vial que, en muchos casos, no fue diseñada para soportar semejante intensidad de tránsito pesado.
Las rutas nacionales 22 y 151, en Río Negro, son un ejemplo de ese desfasaje. Originalmente vinculadas con la circulación regional y el transporte de la producción frutícola, hoy forman parte de una red logística fundamental para conectar los yacimientos, las instalaciones industriales y los centros de servicios de Vaca Muerta.
El deterioro de estas trazas tiene consecuencias que exceden la seguridad vial. Los mayores tiempos de traslado, el desgaste de los vehículos, las dificultades para transportar cargas y los costos adicionales de mantenimiento impactan directamente sobre la eficiencia de las operaciones.
También afectan a otras actividades productivas, como la fruticultura, que depende de esas mismas rutas para trasladar su producción hacia los mercados y puertos de exportación.
En una industria donde la logística representa una parte importante de los costos operativos, la infraestructura vial dejó de ser un asunto secundario.
Una infraestructura que excede los límites provinciales
El problema de fondo es que la actividad económica ya funciona con una lógica regional, mientras que buena parte de la planificación de la infraestructura continúa organizada a partir de divisiones administrativas.
Una operación energética puede desarrollarse en Neuquén, utilizar servicios e infraestructura de Río Negro y depender de corredores viales que atraviesan ambas provincias. Por eso, el estado de una ruta rionegrina puede condicionar los costos y los tiempos de una operación neuquina.
La misma lógica se extiende a los nuevos proyectos de transporte y exportación. El desarrollo del VMOS, las inversiones en la costa atlántica rionegrina y la ampliación de los sistemas de oleoductos requieren una red logística capaz de acompañar el movimiento de equipos, materiales y trabajadores.
En ese contexto, pensar las rutas exclusivamente desde las necesidades de cada provincia empieza a resultar insuficiente. El desafío es avanzar hacia una planificación integrada que contemple corredores energéticos regionales, conecte los principales polos productivos y anticipe las necesidades de infraestructura de los próximos años.
No se trata solamente de reparar rutas deterioradas, sino de definir cómo debe funcionar la red vial que sostiene una economía energética en expansión.
Río Negro busca recuperar las rutas 22 y 151
En ese escenario se inscribe la decisión del Gobierno de Río Negro de asumir la gestión de distintos tramos de las rutas nacionales 22 y 151. Tras concretar la toma de posesión de los primeros 337 kilómetros, la provincia anunció un plan de intervención con una inversión superior a los $10.700 millones.
El financiamiento combina $7.168 millones provenientes de un acuerdo con Oldelval, en el marco del proyecto Duplicar Norte, y más de $3.550 millones de recursos provinciales.
El programa contempla tres etapas. La primera apunta a resolver los problemas más urgentes en sectores deteriorados de ambas rutas. La segunda, prevista para marzo y abril de 2027, busca retomar obras que habían quedado inconclusas bajo responsabilidad nacional. La tercera tiene una perspectiva de largo plazo y apunta a diseñar un nuevo sistema vial.
Para esa última instancia, Río Negro trabaja junto con Neuquén, el Consejo Federal de Inversiones (CFI) y el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF) en el estudio de un sistema integrado que abarque desde Cervantes hasta Campo Grande y sus conexiones con Neuquén.
La iniciativa contempla evaluar nuevas conexiones, posibles puentes, duplicaciones de calzada y alternativas de circulación que permitan responder al crecimiento productivo de ambas provincias.
El acuerdo con Oldelval también muestra otra dimensión de esta discusión: cómo las inversiones energéticas pueden contribuir al financiamiento de infraestructura que necesita la región. El proyecto Duplicar Norte contempla un oleoducto de aproximadamente 207 kilómetros, de los cuales 146 atravesarán territorio rionegrino. Parte de los recursos asociados a esa inversión se destinará a recuperar las rutas 22 y 151.
La competitividad también depende de las rutas
El crecimiento de la producción energética y minera requiere mucho más que inversiones en yacimientos, plantas de procesamiento y sistemas de transporte. También necesita caminos preparados para soportar cargas pesadas, conectar centros productivos y garantizar una circulación eficiente.
En el caso de la minería, la necesidad de infraestructura logística adquiere una dimensión similar: los proyectos requieren trasladar maquinaria de gran porte, insumos y materiales a regiones que muchas veces tienen una conectividad vial limitada.
Una estrategia de infraestructura vial debería, por lo tanto, formar parte de la planificación productiva y energética de largo plazo. Esto implica identificar los principales corredores, coordinar prioridades entre provincias, anticipar los flujos de carga y definir mecanismos de financiamiento que permitan sostener las obras y su mantenimiento.
La discusión sobre las rutas 22 y 151 deja planteado un desafío que trasciende a Río Negro y Neuquén: si la producción, las inversiones y los sistemas de transporte funcionan de manera integrada, la infraestructura que los conecta también debería planificarse bajo esa misma lógica.
La competitividad energética no se define únicamente en el pozo ni en el puerto. También depende de los kilómetros de ruta que conectan toda la cadena productiva.