Horacio Marín no es un empresario cualquiera. Está hablando hace más de una hora ante doscientos hombres y mujeres de negocios. Algunos dirigentes políticos y una decena de periodistas. Pasan las gráficas en las pantallas gigantes con los buenos números de YPF bajo su gestión, con el rendimiento de los pozos petroleros, la suba de las acciones y el récord de litros de café que venden sus estaciones de servicio en todo el país.
Y de repente, poco antes del final de su presentación, aparece una placa que le hace bajar la guardia.
- Este es un dibujo de mi nieta Chiara -, dice y no le importa emocionarse un poco. Vuelve a señalar la ilustración.
- Aprendió a escribir mamá, a escribir papá y después a escribir YPF...
El auditorio del hotel Alvear, convocado por el Consejo Interamericano de Comercio y Produccion (CICyP) y por su presidenta, la empresaria Bettina Bulgheroni (foto), aplaude por enésima vez en el mediodía de una Buenos Aires lluviosa.
Horacio Marín, 63 años, ingeniero químico recibido en la Universidad de la Plata y tenista juvenil de la generación Martín Jaite que llegó a jugar tres Grand Slams, concluye su discurso para dedicarse a saludar y someterse a la costumbre de las selfies.
El comentario circula de mesa en mesa. “Este hombre podría ser presidente”.
Conduce con mano de hierro la principal empresa de la Argentina y busca sumarle sensibilidad a una disciplina tan rígida como la de perforar, extraer, refinar y transportar petróleo en un país que lleva un siglo sin crecer lo suficiente como para convertirse en una potencia.
Lionel Messi y los equipos fuertes
Quizás por eso, Marín acude al argentino más exitoso para insuflarle épica a las cifras de producción petrolera, que vaticina en 55.000 millones de dólares de exportación para el cercano 2031.
En las pantallas aparece Lionel Messi, a quien YPF esponsorea en la Selección Argentina como a Franco Colapinto, para aferrarse a una frase del campeón del mundo.
“Para lograr objetivos grandes se necesitan equipos fuertes”, repite Horacio Marín, señalando que esa máxima del mejor futbolista de todos los tiempos le sirve para fomentar el desarrollo de equipos de trabajo en la cultura interna de YPF.
La petrolera argentina ha vuelto a destacarse en el reciente Argentina Week de París, donde presentó junto a la compañía del estado italiano ENI y a XRG, de Emiratos Arabes, una inversión que en cinco años alcanzará los 50.000 millones de dólares. Hasta el propio Sultán Ahmed Al Jaber estuvo en aquella presentación, un hombre que casi nunca se deja ver en público, sorprendió al desparramar elogios para el presente argentino.
Horacio Marín es el timonel del fenómeno del oil & gas argentino, que tiene su bandera principal en el yacimiento neuquino de shale en Vaca Muerta.
Junto con el reclamo emocional de la soberanía de Malvinas, Vaca Muerta es la única política de estado que atraviesa a los gobiernos y los presidentes del país adolescente.
Como la soja en el comienzo del siglo, el petroleo y el gas podrían aportarle a las exportaciones argentinas otros 30.000 o 40.000 millones de dólares de ingresos al comienzo de la próxima década.
La gran pregunta de los empresarios argentinos y de los inversores en el resto del planeta es quién será el encargado de administrar o de malgastar ese fruto del esfuerzo.
Marín no tiene dudas sobre la reelección de Javier Milei (foto) y trata de contagiar a los empresarios que lo escuchan en el CICyP, de Javier Bolzico (Adeba) a Martín Rapallini (UIA), y de Alejandro Bulgheroni (PAE) a Adelmo Gabbi (BCBA), y de Mario Montoto a Guillermo Francos, y a Fabián Perechodnik.
“Javier Milei va a reelegir, pero este compromiso no tiene vuelta atrás”, insiste, dejando en claro que este tiempo del petroleo y el gas de la Patagonia no puede caer una vez más en el saco roto del laberinto argentino.
Si la magia sucede y la Argentina se convierte para 2031 en un país más previsible y desarrollado por cuenta de la energía de sus suelos, es posible que Horacio Marín se anote como un candidato a presidente con expectativas y con medallas más relucientes que las que suelen venir de la política.