De rivales a socias: Apple y Meta llevan una inteligencia artificial potente a las Mac de escritorio
El modelo es gratis y corre sin nube en las Mac Studio: protege la privacidad, pero deja a Meta sin poder vigilar el uso.
El modelo es gratis y corre sin nube en las Mac Studio: protege la privacidad, pero deja a Meta sin poder vigilar el uso.
Apple y Meta, que durante años se disputaron en público el manejo de los datos de sus usuarios, anunciaron el jueves una colaboración inesperada: trabajaron juntas para que una inteligencia artificial (IA) de enorme tamaño funcione en computadoras de escritorio, sin pasar por los servidores de ninguna empresa. Meta publicó el modelo, llamado Muse Spark Open, que cualquiera puede descargar gratis, y Apple colaboró para que corra en dos de sus equipos más potentes, de la línea Mac Studio. Como la IA queda en la máquina del usuario, Meta no ve qué se hace con ella.
La ausencia de la nube resuelve una parte del viejo conflicto por la privacidad y deja planteada otra cuestión: quién puede supervisar una herramienta cuyo uso queda fuera de la vista de su creadora.
Casi cualquiera que tenga un iPhone vio alguna vez el aviso que pregunta si una aplicación puede seguir su actividad en otras apps y sitios. Apple lo introdujo en 2021 y le quitó a Facebook, como se llamaba entonces la empresa de Mark Zuckerberg, parte de la información con la que arma la publicidad dirigida, el centro de su negocio. Según The Wall Street Journal, Zuckerberg dijo a sus empleados que Facebook debía “infligir dolor” a Apple.
Detrás hay dos modelos de negocio opuestos. Apple vende dispositivos y hace de la privacidad un argumento de venta; Meta ofrece servicios gratuitos y cobra a los anunciantes que quieren llegar a sus usuarios. En 2018, durante el escándalo por el uso indebido de datos de Facebook por parte de la consultora Cambridge Analytica, le preguntaron a Tim Cook, que dirigía Apple, qué haría en el lugar de Zuckerberg. Cook respondió que él no estaría en esa situación, y Zuckerberg calificó la frase de simplista.
Hoy ambas tienen motivos para dejar eso atrás. Meta necesita desarrolladores: en abril presentó Muse Spark como un modelo cerrado, después de años de distribuir de forma abierta su familia Llama, y en agosto anunció que volvería a liberar sus modelos. Alexandr Wang, director de inteligencia artificial de la empresa, reconoció que Muse Spark Open no es lo más avanzado que tiene, y dijo que espera que muchas compañías y programadores lo prueben a pequeña escala y luego amplíen su uso. Lo más potente queda reservado: Muse Wonder, un modelo cerrado que la empresa presentó esta misma semana. Apple, por su parte, exhibe su computadora más potente, la Mac Studio, lanzada en agosto con la IA como argumento central.
Según Wang, el acercamiento tuvo un intermediario: Daniel Gross, que pasó por Apple y hoy trabaja en Meta. Wang agregó que buena parte de la animosidad entre las empresas era anterior a la llegada de Gross, y lo celebró con una broma que recogió Axios: dijo estar contento de que “mamá y papá” volvieran a llevarse bien. Ni Apple ni Meta quisieron precisar si la colaboración es el comienzo de una relación más amplia. Un paso mayor sería que Apple incorporara modelos de Meta a Apple Intelligence, su sistema de funciones de IA, algo que ninguna de las dos anunció.
Hoy, cuando alguien le escribe a un chatbot, el mensaje viaja por internet hasta los servidores de la empresa que lo ofrece, que procesa la consulta y devuelve la respuesta: es como mandar una carta para que otro la lea y la conteste. Con Muse Spark Open, el modelo, es decir, el programa que genera las respuestas, se descarga y funciona en la propia computadora, y la conversación no sale de ahí. Meta publicó en Hugging Face, una plataforma donde se comparten modelos de IA, los archivos con todo lo aprendido durante el entrenamiento, conocidos como pesos, para que cualquiera pueda bajarlos, modificarlos y usarlos.
El obstáculo es el tamaño. El modelo tiene 816.000 millones de parámetros, los valores numéricos que ajustó durante su entrenamiento y que concentran todo lo que aprendió. Guardarlos exige una memoria que casi ninguna computadora tiene. Meta lo optimizó para dos Mac Studio con la mayor memoria disponible, aunque algunos medios mencionan configuraciones de hasta cuatro equipos. Según CNBC, cada equipo con 256 GB de memoria cuesta desde 10.799 dólares, y la versión de mayor capacidad llega a las tiendas a fines de este mes. Dos equipos de 256 GB suman entonces más de 21.000 dólares. Es, en la práctica, una herramienta para empresas, universidades y desarrolladores, no para el usuario común.
Hasta ahora, la IA más avanzada se alquila en buena medida a unas pocas compañías: se paga por uso y los datos viajan a sus servidores. Un equipo propio implica un gasto inicial alto que después no depende de cuánto se use, con la información dentro de la organización. Para un banco, un estudio de abogados o una oficina pública, ese es el atractivo. Axios señala que esto podría ofrecer una alternativa a los chips de Nvidia, con los que se entrenan y ejecutan casi todos los modelos, y a los sistemas cerrados de los grandes laboratorios, con efectos posibles sobre la economía del sector.
La alternativa tiene condiciones. Los desarrolladores quedan atados al software propio de Apple, en lugar del de Nvidia, donde se construyó buena parte de las herramientas existentes. La licencia permite el uso comercial con requisitos: los productos que incorporen el modelo deben exhibir la leyenda “Built with Muse Spark Open”, y las grandes empresas que lo revendan como servicio deben negociar antes un acuerdo con Meta.
Muse Spark Open tampoco es lo mejor que ofrece el mercado. En el ranking que publicó la propia Meta, queda por detrás de modelos chinos como Kimi K3 y GLM 5.3 en un índice general de inteligencia, y por delante en algunas pruebas puntuales. La empresa lo describe como el modelo abierto más potente desarrollado en Estados Unidos, una afirmación propia que por ahora no tiene verificación independiente.
Wang aseguró a Axios que Meta no tiene control ni visibilidad sobre el uso que los desarrolladores hagan del modelo. Tampoco puede retirar las copias ya descargadas: como en un libro impreso, el editor no recupera los ejemplares que ya circulan. Además, las barreras de seguridad del modelo, las que le impiden responder a pedidos peligrosos, pueden quitarse, y Axios menciona el riesgo de que usuarios malintencionados lo hagan para organizar ciberataques o amenazas biológicas. Meta afirma que esta versión recibió entrenamiento adicional en seguridad, advierte que las modificaciones posteriores pueden degradar esas protecciones y recomienda usarla dentro de sistemas con resguardos propios.
El debate excede a las dos empresas. Desde el 16 de julio, cuando la china Moonshot AI lanzó Kimi K3, un modelo abierto que rivaliza con los de Anthropic y OpenAI, el gobierno y el Congreso de Estados Unidos discuten cómo responder. El 24 de julio, 25 empresas, entre ellas Nvidia, Meta y Microsoft, publicaron una carta para pedir que no se restrinja a los modelos abiertos. Dario Amodei, director de Anthropic, escribió que su empresa nunca propuso prohibirlos, aunque sostuvo que son más difíciles de proteger y de monitorear, y planteó que todos los modelos, abiertos o cerrados, pasen por pruebas de seguridad obligatorias antes de salir al público.
En Washington, el gobierno de Donald Trump prepara un marco para revisar la seguridad de los sistemas de IA más avanzados. Según el análisis del especialista Mark MacCarthy, de la Universidad de Georgetown, el programa voluntario de revisión actual al parecer no incluye a los modelos abiertos.