La inflación se disparó en marzo como consecuencia de la escalada de los precios de la energía. Fue apenas un anticipo de lo que vendrá si la guerra en Irán se extiende y se intensifica.
Inflación en pie de guerra: España es demasiado sensible al shock energético y los precios pueden saltar hasta el 6%
En el primer mes de la guerra en Irán, la inflación minorista se disparó en marzo a 3,3%. La crisis sorprendió a España sin haber domesticado por completo los precios. Qué puede ocurrir si el conflicto bélico se prolonga.
Hay que remontarse a tres meses de iniciada la invasión rusa a Ucrania para encontrar un salto equiparable en la inflación.
Claro que al menos ahora se corre con una ventaja. El punto de partida es una inflación mucho más baja. Que ronda el objetivo del Banco Central Europeo (2%), de hecho.
Pero eso no quita que el trauma reciente vuelva para reclamar sus derechos. Aquel máximo de casi 11% en 2022 acrecienta el temor a medida que la guerra en Irán sigue prolongándose.
España fue la primera de las grandes economías europeas en difundir sus cifras de inflación de marzo y reflejar cómo el conflicto pasa factura.
A un mes de que EE.UU. e Israel comenzaran la guerra, el Brent -el petróleo de referencia en Europa- escaló 55%, mientras que el gas natural se disparó 70%.
Ese shock energético hizo que los precios al consumidor en España pasaran de 2,3% en febrero a 3,3% en marzo, su máximo nivel desde junio de 2024.
El alza mensual e interanual fue de un punto porcentual (1%). Y esto que las medidas fiscales del Gobierno ayudaron a mitigar el golpe.
Justamente el sanchismo se encargó de apuntar al comunicarse el dato que hoy las energías renovables fijan el precio de la luz en el 84% de las horas.
De lo contrario, el precio del gas hubiera tenido una incidencia mucho mayor, devastando las finanzas de las familias españolas.
La inflación subyacente (sin alimentos no elaborados ni productos energéticos) se mantuvo en el 2,7%.
También hay que aclarar que una cuestión estadística ayudó a amplificar los temores a un rebrote inflacionario. Es el llamado efecto base.
Algo tan sencillo como que en marzo del año pasado la inflación había sido muy baja, lo que potencia la suba (lluvias abundantes posibilitaron una mayor generación hidroeléctrica, reduciendo los costos).
La brecha con el resto de Europa la deja más expuesta
A diferencia de otros países de la zona euro, España no tenía aún la inflación del todo domesticada.
Si bien es cierto que había caído mucho, los precios se venían moviendo por encima de lo previsto en los últimos meses, sobre todo en el sector servicios y en materia de alimentos.
Pero en especial, la inflación se mantenía en torno al 2,5% hacía ya un tiempo. No está tan mal, después de todo, si el target es de 2%, podría pensarse.
Pero el problema es que la inflación de la zona euro es de 1,9%, según el dato de febrero de Eurostat. Y eso, le quita competitividad a España, es decir, encarece sus exportaciones.
Si tomamos la inflación general armonizada, que permite comparar los distintos países, en Alemania es del 2%, en Francia, del 1,1% y en Italia, del 1,6%.
Sólo hubo cuatro meses en los últimos cinco años en los que la inflación española logró caer por debajo del 2%.
Esto es lo que vuelve a España más vulnerable al shock energético. Y es porque está más expuesta a que el encarecimiento de los combustibles se extienda a otros componentes del índice.
Es lo que los economistas denominan “efectos de segunda ronda”. Esta “filtración” dependerá en buena medida de la duración de la guerra y de la gravedad que alcance el enfrentamiento.
A febrero, la tasa española era además la séptima más alta del bloque, sólo superada por Eslovaquia (4%), Croacia (3,9%), Estonia y Lituania (ambas 3,2%), Grecia (3%) y Eslovenia (2,8%).
El plan anticrisis puede absorber toda la suba de la energía
El Banco de España acaba de dar a conocer sus proyecciones actualizadas en simultáneo con el dato de inflación de marzo. Un paisaje algo tenebroso.
Después del 2,7% de inflación con el que había cerrado 2025, la expectativa era que España lograra acercarse al 2% y alinearse con sus pares europeos.
De ahí que la entidad tenía en diciembre una previsión de inflación para 2026 de 2,1%. Pero todo eso voló por los aires.
Ahora, en lo que es su escenario central, el Banco de España estima que el IPC se instale en una media del 3% este año (en línea con las recientes proyecciones de la OCDE).
El regulador calculael impacto de los costos energéticos en cinco décimas de inflación pero quedan absorbidas por el paquete de ayudas oficial al centrarse en gran medida en rebajar los precios de los combustibles y la luz.
De todos modos, el banco central no se priva de criticar la iniciativa anticrisis y remarca que “no está bien focalizado en las familias vulnerables y podría ser mucho más redistributivo”.
Un punto interesante es la velocidad con que la suba de los commodities energéticos se vio reflejada en el IPC.
La entidad explica que es una particularidad española relacionada con la existencia de las tarifas flexibles y la presencia de contadores automáticos o inteligentes de consumo.
Ahora, si la guerra en Irán recrudece y se extiende y los precios de la energía continúan trepando, se plantean un escenario adverso y uno extremo.
En el primero, la inflación se dispararía a 3,9% y en el segundo, a 5,9%, casi el doble que en la proyección base.
Además, el escenario más nefasto para el resto de Europa supone una inflación de 4,4%.
Con la crisis, la brecha con España se convertiría en una grieta inflacionaria.
Por Ormuz circulaba un tercio de los fertilizantes nitrogenados. Abonan el 50% de la producción global de alimentos. Según la ONU, para mitad de año, 45 millones sufrirán hambre. El Golfo importa hasta el 98% de lo que consume.
El organismo alerta de un repunte de la inflación y de los riesgos derivados del encarecimiento energético en un contexto global de alta incertidumbre.
El grupo terrorista que controla Yemen lanzó su primer misil contra Israel. Y anunció su entrada al conflicto en apoyo de Irán. A un mes de la guerra, las expectativas están centradas en la negociación que anunció Donald Trump.