En el mapa que empieza a dibujarse para la Argentina, Estados Unidos y China ocupan lugares diferentes, pero igualmente difíciles de ignorar. Mientras el Gobierno de Javier Milei acelera el acercamiento con Washington y busca atraer inversiones estadounidenses hacia sectores estratégicos, Beijing continúa siendo un socio comercial central y una pieza relevante para sus exportaciones e importaciones.
La discusión apareció, de distintas maneras, durante el 62° Coloquio de IDEA. Allí, la especialista estadounidense Margaret Myers, directora ejecutiva del Institute for America, China, and the Future of Global Affairs de Johns Hopkins SAIS, planteó a El Observador que el país albiceleste tiene margen para profundizar sus vínculos con ambas potencias. Pero advirtió que para hacerlo deberá contar con una estrategia específica hacia cada uno y, sobre todo, entender un escenario internacional que cambia con rapidez.
“Creo que hay capacidad de hacer los dos acuerdos”, señaló Myers al ser consultada sobre la posibilidad de que la Argentina mantenga sus relaciones con China mientras profundiza el vínculo con Estados Unidos. Para la especialista, el desafío no pasa necesariamente por elegir entre uno y otro, sino por comprender qué oportunidades ofrece cada relación y cuáles son sus costos.
La relación con el gigante asiático, de hecho, tiene una dimensión que excede lo diplomático. Según cifras del Ministerio de Relaciones Exteriores, en 2025, el panorama es el siguiente:
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China fue el segundo destino de las exportaciones argentinas, con el 11,3% del total, detrás de Brasil y por delante de Estados Unidos, que concentró el 9,6%.
- También fue el segundo origen de las importaciones, con el 23,7%, mientras que Estados Unidos representó el 8,8%.
- La tendencia se mantuvo durante el primer semestre de 2026: concentró el 9,9% de las exportaciones argentinas y el 22,5% de las importaciones, mientras que el territorio de Donald Trump representó el 9,8% y el 9,2%, respectivamente.
China: un vínculo que cambió de composición
Para Myers, la relación entre Argentina y China se fortaleció especialmente durante las últimas dos décadas, a través del comercio, las inversiones y el financiamiento de distintos proyectos. Sin embargo, la especialista señaló que la república gobernada por Xi Jinping atraviesa una etapa diferente, con una desaceleración de sus inversiones y préstamos en América Latina.
Eso implica, según su análisis, que Argentina deberá comprender mejor cuáles son hoy las prioridades de la economía china si pretende atraer nuevas inversiones. “Si China y Argentina quiere atraer ese tipo de inversión, va a tener que alinearse con los objetivos que China se ha identificado”, explicó Myers, quien consideró que eso requiere una estrategia específica hacia Beijing y “algunas conversaciones muy importantes”.
Milei y Xi Jinping tuvieron su primer mano a mano.
Pero existe otro fenómeno que puede tener consecuencias más directas sobre la economía argentina: el crecimiento de las exportaciones chinas hacia América Latina. La especialista advirtió que esa expansión puede afectar a determinadas industrias y empresas locales y que el país debería prepararse para ese escenario.
El dato comercial permite dimensionar esa preocupación: China fue el principal origen de las importaciones argentinas durante 2025 y mantuvo ese lugar en el primer semestre de este año. La presión no se limita a los bienes industriales. En 2026, además, las automotrices chinas aceleraron su desembarco al territorio de Milei y llegaron a representar el 10% de las ventas de vehículos hasta agosto, frente a alrededor del 2% durante el año anterior.
Estados Unidos: infraestructura, energía y minerales
En paralelo, la relación con Washington atraviesa una etapa de fuerte profundización. El último ejemplo es el Corredor Andes-Atlántico, anunciado a fines de septiembre entre ambos gobiernos, que contempla explorar financiamiento de hasta U$S7.000 millones hasta 2027 para proyectos de infraestructura, energía, transporte y conectividad. Dentro de ese esquema, EXIM analiza un paquete de hasta US$6.000 millones para el proyecto Argentina LNG.
Alejandro Díaz, director ejecutivo y CEO de AmCham Argentina, destacó en diálogo con El Observador -durante el Coloquio de IDEA- la importancia de ese acuerdo: “Es un paso importante porque apunta justamente al problema de la infraestructura”. El financiamiento estadounidense podría orientarse a proyectos vinculados con minerales, energía, rutas, trenes y vías navegables. El objetivo, según describió, es que Argentina pueda aprovechar sus recursos y mejorar la infraestructura necesaria para llevarlos hacia los mercados internacionales.
El canciller Pablo Quirno y el subsecretario de Estado, Chris Landau
El propio diseño del Corredor Andes-Atlántico muestra la dimensión estratégica que Washington le asigna al vínculo: la iniciativa busca conectar las zonas productivas de minerales, petróleo y gas con los puertos del Atlántico y contempla participación de organismos estadounidenses como EXIM y la DFC, además de capital privado.
El mapa que mira el Gobierno
Ese acercamiento con Estados Unidos forma parte de una estrategia comercial más amplia que el canciller Pablo Quirno presentó ante los empresarios reunidos en IDEA. En un mensaje enviado desde París para abrir la segunda jornada del Coloquio, planteó que el sector privado debe leer su estrategia de negocios a partir de un nuevo escenario internacional. “Hace falta leer juntos el mapa geopolítico y el tablero económico mundial”, sostuvo.
El funcionario ubicó al país albiceleste como un proveedor potencial de los recursos que las principales economías necesitan: energía, alimentos y minerales críticos. “El mundo necesita a la Argentina”, afirmó.
En ese marco, destacó el avance de los acuerdos comerciales impulsados por la Cancillería. Según explicó, los instrumentos que tenía el país al inicio de la gestión alcanzaban mercados equivalentes al 10% del PBI mundial, mientras que los acuerdos concluidos ya elevan esa cobertura a cerca del 30%. También señaló como objetivo llevarla al 50% en el mediano plazo y al 80% durante los próximos cuatro años.
El planteo contiene, en definitiva, una definición sobre cómo pretende posicionarse la Argentina en el nuevo tablero global: abrir mercados y atraer inversiones desde distintos polos de poder, al mismo tiempo que busca convertirse en proveedor de energía, alimentos y minerales críticos.
La difícil convivencia entre dos potencias
La estrategia enfrenta, sin embargo, una dificultad que excede a la política comercial argentina. Estados Unidos y China atraviesan una competencia económica y geopolítica que también impacta sobre América Latina.
Por eso, la advertencia de Myers adquiere particular relevancia: mantener los dos vínculos es posible, pero requiere una política deliberada. “Lo importante es tener una estrategia hacia los dos”, resumió la especialista de Johns Hopkins. Para la Argentina, el desafío consiste en aprovechar el capital, el financiamiento y los mercados que ofrece Estados Unidos sin desatender el peso que China ya tiene en su comercio exterior.
La ecuación no es simétrica. Washington aparece cada vez más asociado a inversiones, financiamiento, infraestructura y sectores estratégicos; Beijing conserva un peso comercial considerable y continúa siendo un mercado relevante para las exportaciones argentinas.