El 62° Coloquio de IDEA, desarrollado en Mar del Plata, había elegido como lema “Invirtiendo la historia. 20 años: de promesa a potencia”. Pero cuando llegó el turno de que exponga Javier Milei, la conversación sobre los próximos veinte años quedó -por algunos momentos- desplazada ante una discusión mucho más inmediata: las elecciones de 2027.
El presidente apareció en las pantallas del salón principal del Sheraton desde París, donde participa de la Argentina Week. La distancia física no pareció traducirse en distancia política; su clásico estilo para expresarse convocó a un auditorio repleto, y generó reiteradas risas y aplausos. Durante la entrevista con José Del Río, habló de crecimiento, reformas, reducción del Estado y apertura económica, pero también volvió a colocarse en el centro de la escena electoral.
Su mensaje tuvo una idea recurrente: si consigue la reelección y un resultado electoral que le permita ampliar su margen de maniobra en el Congreso, el segundo mandato tendría otra velocidad. “La velocidad que van a tener las reformas va a ser única e irrepetible en el mundo”, aseguró el libertario. Y fue todavía más lejos: con ese escenario, la Argentina podría cambiar tanto que “en seis meses no la podrían reconocer”.
La promesa estuvo acompañada por un pedido de paciencia: “Los procesos de crecimiento no son instantáneos”. No sólo habían empresarios argentinos y del extranjero presentes, sino también miembros de emprendimientos, consultoras, PyMEs y diferentes políticos, como el expresidente de Uruguay, Luis Lacalle Pou, y varios legisladores nacionales.
La reacción al discurso de Milei
El tono del discurso no fue uniforme. En IDEA hubo lugar para la economía, pero también para el Milei más confrontativo, el de las respuestas filosas y las referencias a sus adversarios políticos. "Fue impecable, riguroso. Y todas las promesas que hizo las está cumpliendo, eso le da otro peso a sus palabras", mencionó un empresario que presenció y aclamó las palabras del libertario.
A la par, el presidente de Toyota Argentina, Gustavo Salinas, mencionó a El Observador Argentina: "El presidente siempre es muy concreto en sus mensajes. Creo que hubo mucha convicción respecto al camino que está tomando la economía argentina y la expectativa de crecimiento, a través de pilares que desde el día uno fue manifestando, como el equilibrio fiscal, las condiciones del cuidado en las cuentas del Banco Central. Como resultante de eso, la reducción de la inflación y el crecimiento”.
Muy por el contrario, a un segmento del arco político no oficialista que participó del Coloquio no le gustó el tono (un reproche constante). Leonel Chiarella, intendente de Venado Tuerto, Santa Fe, y también presidente de la UCR nacional, analizó: "Hoy vimos a un presidente preocupado por al próxima elección, enfocado en atacar a la oposición y no enfocado en consolidar el crecimiento".
En tanto, se le consultó al exdiputado de la Coalición Cívica, Juan Manuel López, sobre lo que destaca y repudia de la gestión económica actual: "Me gusta el equilibrio fiscal que plantea este Gobierno; fue subestimado siempre, pero es muy importante. Lo que no me gusta es el dogmatismo del presidente. Hay que tener posiciones muy duras en algunas cosas como el equilibrio fiscal, pero en otras ser suficientemente pragmático para que el plan tenga la tolerancia social para que se mantenga en el tiempo”.
Milei quitó a Bregman y Kicillof de la pelea: "Yo soy mi propio contrincante"
Cuando Del Río le planteó el escenario de sus posibles contrincantes y mencionó a la diputada Myriam Bregman y al gobernador Axel Kicillof, Milei respondió: “No me importa”. La frase provocó risas y fuertes aplausos entre los presentes. Entonces, profundizó: “Es casi insultante tener que discutir con un comunista”; otra vez, el auditorio reaccionó con carcajadas y ovación. La definición se inscribió en una intervención en la que él aseguró que su principal rival es él mismo y volvió a reivindicar el cumplimiento de las promesas de campaña.
"¿Cuánto más Estado queda por recortar?", le consultó el periodista de LA NACIÓN. La pregunta le vino como anillo al dedo al presidente: Milei se limitó a sonreír de costado antes de responder y el público lanzó carcajadas. La “motosierra”, lejos de aparecer como una imagen del pasado, volvió a formar parte de su repertorio.
Javier Milei contra los periodistas, otra vez
El otro blanco recurrente fue el diario La Nación. Cada vez que el libertario apuntó contra el medio, las risas inundaron el salón. El momento más tenso llegó durante el intercambio con Del Río, cuando Javier criticó a dos periodistas del diario por supuestas expresiones contra personas vinculadas a La Libertad Avanza.
El director de contenidos del medio en cuestión, encargado de moderar esta charla, intentó defender a ambas personas en dos oportunidades breves. Pero fue cauto, no quería cambiar el rumbo del panel. Aún así, el ambiente ya estaba cargado de un clima bipolar: tensión e hilaridad.
¿Y la Corte Suprema?
Hubo un aplauso notablemente largo cuando el presidente habló de la Corte Suprema tras el fallo que habilitó la compra de tierras rurales por parte de extranjeros, al reponer el artículo 154 de su DNU 70/2023. Milei defendió el respeto a las decisiones del máximo tribunal y remarcó la necesidad de preservar la independencia de poderes.
“No lloren republicanismo después, esta decisión se respeta, como presidente no puedo interferir”, afirmó. Su planteo fue acompañado por una reacción sostenida del auditorio. La defensa de la institucionalidad apareció así en medio de un discurso que, en otros pasajes, había tenido un marcado tono de confrontación política. Y hacia el final volvió la épica electoral: “Voy a seguir ganando”.
Dos presidentes, dos tonos
El contraste había comenzado incluso antes de la aparición del presidente. Luis Lacalle Pou, expresidente de Uruguay, había hablado previamente ante el mismo auditorio. En una de sus intervenciones dejó una frase que quedó flotando durante la jornada: “Cuando uno es presidente tiene que unir. Uno es presidente de todo el país”.
No obstante, después apareció Milei y el contraste no pasó inadvertido. “Primero escuchamos a Lacalle Pou hablando que el presidente en su función debe ser el promotor de la unión, y luego escuchamos al presidente Milei atacando a la oposición", señaló el radical Chiarella. Esta contradicción se notó dentro del Hotel Sheraton donde se desarrolla por estos días el Coloquio IDEA.
¿Javier Milei o el proyecto libertario? ¿O ambos?
La lectura no fue compartida por todos los dirigentes presentes. Patricia Vázquez, diputada nacional de La Libertad Avanza, reivindicó el rumbo del Gobierno y ubicó las elecciones de 2027 como una discusión sobre la continuidad del programa económico: “No me gusta hablar de candidaturas antes de tiempo lo importante son las ideas, no es el partido, no es el candidato. Para mí, lo importante del 2027 es: seguir por este rumbo, que creo que es el correcto y es el que nos lleva a crecer, o volvemos a la decadencia más absoluta, peor que antes; volver a lo anterior sería nefasto".
Entonces, la legisladora añadió: "Desde ya que quiero que reelija el presidente Javier Milei porque quiero este rumbo. No vas a lograr un plan de estabilidad si no tenés años esas estructuras firmes. Yo estoy con Patricia Bullrich desde hace muchos años y no es casual que Patricia esté acompañando este proyecto desde un principio. Son los cambios profundos siempre quisimos dar y que voy a seguir acompañando, obviamente”.
La jornada había comenzado con otro tono. Fabián Kon, presidente del Coloquio y CEO del Grupo Galicia, había llamado a pensar más allá de los ciclos políticos y a transformar la estabilidad en crecimiento sostenido. El lema del encuentro -“Invirtiendo la historia. 20 años: de promesa a potencia”- apuntaba justamente hacia ese horizonte.
Sin embargo, durante la tarde, el futuro volvió a comprimirse en el calendario electoral. Milei habló de los próximos 20 años, sí, pero también de 2027. Habló de estabilidad, pero también de sus adversarios. Habló de reformas, pero también de su eventual segundo mandato. Y el auditorio mayormente empresarial respondió como suele hacer ante el presidente: entre aplausos, risas y algunos silencios incómodos.