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Brasil, ante una elección polarizada y de fuerte impacto regional: Lula y Bolsonaro parten como favoritos

Brasil celebra el domingo la primera vuelta presidencial en medio de un clima polarizado. Las encuestas anticipan una pelea cabeza a cabeza entre Lula y Bolsonaro, que podría definirse en balotaje. Qué proponen los candidatos; el peso de EEUU y el impacto en la región.

Cecilia Becaría

Como en un déjà vu de 2022, las elecciones presidenciales de este domingo en Brasil anticipan un resultado peleado. Y, una vez más, los favoritos son Luiz Inácio Lula da Silva y Bolsonaro. Sin embargo, el que se enfrenta en esta oportunidad al líder del Partido de los Trabajadores (PT) es el senador Flávio Bolsonaro, el hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro, y el contexto geopolítico es diferente al de hace cuatro años.

A sus 80 años, Lula va por la reelección y por su cuarto mandato no consecutivo en Brasil. Bolsonaro, de 45 años, aspira por primera vez a la presidencia y fue el elegido por su padre para continuar con el legado del líder de ultraderecha, inhabilitado para ocupar cargos públicos y condenado a 27 años de prisión por un presunto intento de golpe de Estado contra el gobierno del líder del PT en 2023.

El senador por el estado de Río de Janeiro se presenta como una figura moderada en comparación con su padre. Flávio es percibido como alguien más enfocado en las negociaciones institucionales dentro del Congreso.

    El ejemplo más concreto y citado por el propio Flávio para marcar esta distancia es su posición frente a la vacuna contra el covid-19. Mientras que Jair mantuvo una postura férreamente antivacuna durante su presidencia, Flávio ha utilizado el hecho de haberse vacunado como una prueba de su "centrismo". LLegó a declarar públicamente: "Él (Jair) no quiso tomar la vacuna, yo me puse dos dosis".

    Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro.

    Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro.

    El candidato del Partido Liberal (PL) es, a su vez, la esperanza de la derecha local y regional para poner un freno al izquierdista Lula. Estos comicios son seguidos "muy de cerca" por Donald Trump, que este jueves los definió como "muy importantes". Aunque el presidente estadounidense no respaldó oficialmente a ningún candidato, escenificó su vínculo con los Bolsonaro al recibir a Flávio en la Casa Blanca en mayo e implementar una serie de sanciones contra funcionarios brasileños por considerar que llevaban adelante una "caza de brujas" contra su aliado Jair Bolsonaro.

    Lula desplegó en campaña la bandera de la soberanía, le viene reclamando a Trump que no se entrometa en los asuntos internos de Brasil y acusó a su rival de someterse a Washington.

    Si logra la reelección, Brasil se mantendría como uno de los pocos gobiernos progresistas en la región, junto a México y Uruguay, en medio de la llamada "ola naranja". El término, que hace referencia al color de piel de Trump, fue acuñado por The Economist y describe cómo varios países de América Latina giraron a la derecha en el último tiempo y conformaron gobiernos alineados con el del presidente estadounidense.

    El actual mandatario brasileño buscará además sostener una tradición política de su país. Desde las elecciones de 1998, las primeras que se celebraron después de una reforma constitucional que permitió la reelección, todos los presidentes en funciones que aspiraron a un nuevo mandato tuvieron éxito. La única excepción: Jair Bolsonaro en 2022.

    Una elección cabeza a cabeza

    De todos modos, lo más probable es que el nuevo presidente de Brasil no se defina este domingo 4 de octubre. Los 158 millones de votantes habilitados votarán para presidente entre 13 candidatos registrados, además de elegir gobernadores, y renovar la Cámara de Diputados y dos tercios del Senado. En un país polarizado, las encuestas dan como favoritos a Lula y Bolsonaro, con una ventaja considerable frente a sus rivales, pero sin llegar a superar el 50% necesario para ganar en primera vuelta.

    El último sondeo de Datafolha, publicado el jueves, ubica a Lula primero con 42% de intención de voto, frente al 38% de Bolsonaro. Les siguen el popular psiquiatra, escritor y empresario Augusto Cury, que buscó erigirse en la propuesta moderada, con 4%; el gobernador del estado de Goiás, el derechista Ronaldo Caiado, con el 3%, el mismo porcentaje que Renan Santos, el candidato outsider que propone mano dura y es el favorito entre los jóvenes, impulsado por su campaña en las redes sociales.

    La encuesta de Atlas Intel de esta semana reveló un escenario similar, con un 46,2% para el líder del PT y 43,1% para el candidato del PL, mientras que la de Quaest muestra un apoyo al actual presidente del 39% y de un 34% para Bolsonaro.

    La esperanza del oficialismo es lograr la victoria en primera vuelta, aunque los analistas estiman que las probabilidades son bajas. Los dos candidatos favoritos, además, generan un fuerte rechazo en la población, con cifras de alrededor del 50% cada uno. La expectativa está entonces en ver qué hacen los indecisos, que están en torno al 3%, y en qué tan alta será la abstención. En Brasil el voto es obligatorio, pero en los últimos años ha ido creciendo la cantidad de gente que no acude a las urnas.

    "Hay cansancio del electorado, que piensa que todo el mundo es corrupto", dijo el profesor Joscimar Silva, del Instituto de Ciencia Política de la Universidad Nacional de Brasilia, a la agencia AFP.

    Lo que muestras los sondeos es que la definición sería en un cabeza a cabeza en el balotaje del 25 de octubre, en el que se anticipa un empate técnico entre los dos candidatos. A diferencia de lo que pasó en 2022, esta vez la mayoría de los aspirantes que quedarían afuera son de derecha, lo que favorecería al candidato del PL.

    Datafolha prevé un 48% para Lula y 45% para Bolsonaro, mientras que Atlas Intel muestra 47,7% a favor del senador y 47,6% para el líder del PT. En ambos casos, la diferencia está dentro del margen de error.

    Promesas y escándalos

    "Lo que está en juego en las próximas elecciones es la democracia o la barbarie", repitió Lula varias veces durante la campaña, una disyuntiva que ya había planteado en 2022. "Si no fuera porque me enfrento a estos fascistas, ellos ganarían la elección fácilmente; así que soy un obstáculo para ellos", dijo este jueves en una entrevista con el podcast Flow, después de decidir no participar en el debate, que finalmente fue suspendido. "Mientras esté vivo, trabajaré para asegurarme de que el fascismo no regrese a este país", aseguró.

    Lula cierra su tercer mandato con un desempleo en mínimos y una inflación contenida, pero con una economía que muestra serios indicios de desaceleración y una inseguridad que alarma a los brasileños. A la vez, el Banco Central mantiene una tasa de interés alta, lo que encarece el crédito, mientras crece el endeudamiento de las familias.

    A pocos días de las elecciones el mandatario hizo dos anuncios fuertes: por un lado, otorgó un aumento del 15% al Bolsa Familia, el emblemático programa del líder del PT de ayuda a la población de menos recursos, para compensar "las pérdidas inflacionarias desde 2023 y garantizar el poder de compra de las familias más necesitadas". Y, por otro, prohibió las apuestas deportivas online y los casinos virtuales, que comparó con "un cáncer". El gobierno consideró que el crecimiento de las llamadas bets impulsó el endeudamiento de las familias, sobre todo de los más necesitados.

    Sobre este último punto Lula conversó en Nueva York con el presidente uruguayo Yamandú Orsi. Fue durante la Asamblea General de la ONU. El brasileño le consultó a Orsi por la legislación de Uruguay, pocos días antes de inclinarse por la prohibición.

    Flávio Bolsonaro salió inmediatamente al cruce y dijo que la prohibición representaba una "estafa electoral". El senador, que durante la campaña habló de prohibir los casinos online, aunque no se opone a las apuestas deportivas, la calificó de "solución de pacotilla".

    El candidato del PL tiene una propuesta de gobierno radicalmente diferente a la de Lula: al igual que otros candidatos de la derecha en la región, quiere reducir el tamaño del Estado y facilitar la actividad privada. Además, promete una política de "mano dura" contra la criminalidad y declarar organizaciones terroristas a las bandas criminarles Primeiro Comando da Capital (PCC) y al Comando Vermelho (CV), tal como hizo EEUU. Y aseguró que, si gana, sumará a Brasil al Escudo de las Américas, la iniciativa de seguridad lanzada por Trump junto a líderes aliados de la región.

    En la previa de la elección, Bolsonaro se vio salpicado por el escándalo en torno al megafraude financiero del Banco Master, que generó también una crisis en el Tribunal Supremo. El senador admitió haber pedido dinero al exdueño de la institución, Daniel Vorcaro, que se encuentra detenido, para financiar una película sobre su padre. Sin embargo, la Corte Suprema inició recientemente una investigación en contra del candidato presidencial por corrupción y lavado de dinero en relación a esos fondos.

    Y en la recta final de la campaña se dio además una batalla de noticias falsas: por un lado, en redes sociales se acusó a Bolsonaro, que es evangélico, de querer quitarle el título de santa patrona de Brasil a la Virgen de Aparecida, muy reverenciada por los católicos. El candidato del PL desmintió la acusación y pidió a los tribunales que ordenen la retirada de las publicaciones, pero Lula aprovechó el rumor para presentarse como el defensor de la virgen.

    Lula con la Virgen de Aparecida durante un acto de campaña

    Lula con la Virgen de Aparecida durante un acto de campaña

    Por otra parte, el hijo del expresidente Jair Bolsonaro sacó de contexto unas declaraciones del actual mandatario para acusarlo de fomentar el abuso de menores en varias publicaciones en redes sociales.

    EEUU se cuela en la campaña electoral

    "Trump fue elegido presidente de Estados Unidos. Tiene derecho a gobernar Estados Unidos, pero no tiene derecho a gobernar otros países. No tiene derecho a imponer su voluntad", señaló Lula la semana pasada en una entrevista con CNN. "No queremos intromisión, queremos asociación", manifestó el brasileño, que pese a la tensión tuvo varios encuentros y llamadas telefónicas cordiales con el republicano, que puso a Brasil en la mira en medio de su guerra comercial.

    Los aranceles y la avanzada en contra del popular sistema de pagos Pix le facilitó a Lula la posibilidad de abrazarse a la bandera del nacionalismo "anti-imperialista".

    El fiscal general de Brasil, Jorge Messias, dijo este jueves que "no se puede admitir que intereses políticos extranjeros pretendan interferir en el funcionamiento de las instituciones brasileñas o influir, directa o indirectamente, en las elecciones". El funcionario reaccionó así a una publicación de The Guardian que aseguraba que el Departamento de Estado de EEUU desvió un millón de dólares de fondos dedicados a la lucha por los derechos humanos a financiar campañas contra la Corte Suprema de Brasil.

    El artículo del diario británico es "una importante alerta para la soberanía brasileña", escribió en X Messias, que pidió investigar las acusaciones.

    En Estados Unidos, un grupo de unos 30 congresistas demócratas, entre ellos el senador Bernie Sanders o la representante Alexandria Ocasio-Cortez, ambos del ala izquierdista de los llamados socialistas democráticos, enviaron una carta al secretario de Estado, Marco Rubio, en la que pidieron que Trump no interfiera en las elecciones de Brasil y reconozca su resultado, más allá de quién gane.

    Cuando Lula resultó elegido en 2022, varios países de Latinoamérica eran gobernados por líderes progresistas, de izquierda soft y también dura: desde Alberto Fernández en Argentina, a José Manuel López Obrador en México, Gustavo Petro en Colombia, Luis Arce en Bolivia o Gabriel Boric en Chile. Y en la Casa Blanca estaba el demócrata Joe Biden, que se había impuesto a Trump en las últimas elecciones.

    Donald Trump junto a Luiz Inácio Lula da Silva en Malasia.

    Donald Trump junto a Luiz Inácio Lula da Silva en Malasia.

    En los años siguientes hubo un importante giro a la derecha, con mandatarios como Javier Milei en Argentina, José Antonio Kast en Chile, Keiko Fujimori en Perú o Abelardo de la Espriella en Colombia. "Estos vaivenes entre la izquierda y la derecha tienen menos que ver con cambios profundos en las preferencias ideológicas y más con una dinámica de rechazo contra el que gobierna, que ha mostrado un castigo a quien está en el poder en la mayoría de las elecciones de la última década", apuntó el politólogo brasileño Oliver Stuenkel.

    El especialista señaló los paralelismos que se dieron entre Bolsonaro y Trump, con posturas de resistencia a las derrotas electorales de ambos ante Lula y Biden y acusaciones de fraude. Tal como pasó con los seguidores del estadounidense en Washington, que atacaron el Capitolio el 6 de enero de 2021 para impedir la certificación de la victoria del demócrata, los bolsonaristas asaltaron la sede de los tres poderes en Brasilia el 8 de enero de 2023.

    La analista brasileña Fernanda Simas, a su vez, apuntó que existe nuevamente el riesgo de que el bolsonarismo y su núcleo de votantes no reconozca una posible derrota. Lo dijo en el programa Todo Un Tema (TUT) de El Observador.

    La periodista y politóloga profundizó sobre las elecciones: "Es una campaña muy ajustada, en la que se habló mucho del papel de la justicia brasileña, del debate fallido, del escándalo del Banco Master y hasta de la injerencia de EEUU".

    Para Simas, Lula capitalizó el papel de Trump en Brasil y la campaña contra Pix, pero después Bolsonaro se benefició por la resistencia del presidente del PT a declarar organizaciones terroristas a Primeiro Comando da Capital y al Comando Vermelho.

    Simas concluyó: "Temas como endeudamiento y la inseguridad pueden volverse relevantes para los votantes independientes. Ahora llega el momento de la verdad y de ver el peso de los distintos temas".

    Un vuelo entre Dubái y Tel Aviv aterriza de emergencia tras un violento ataque entre los pilotos

    un vuelo entre dubai y tel aviv aterriza de emergencia tras un violento ataque entre los pilotos
    • Flydubai. El vuelo comercial que cubría la ruta entre Dubái y Tel Aviv fue obligado a desviarse y realizar un aterrizaje de emergencia en el aeropuerto de Tabuk, en Arabia Saudita.
    • Apuñalamiento. El copiloto es sospechoso de haber apuñalado al piloto y la investigación indica de que no se trató de una pelea espontánea, sino de un intento deliberado por tomar el control del avión.
    • Alertas. Durante la pelea que tuvo lugar en la cabina se transmitieron las señales de socorro 7700 y 7500, utilizadas para indicar una toma de control hostil e intervención ilegal.
    • En picada. Se registró un descenso repentino y vertical del avión, a una velocidad de picado de unos 30.976 pies por minuto (más de 560 km/h).
    • Intervención. Tres pasajeros redujeron al agresor y protegieron al piloto atacado. La aeronave habría sido conducida y aterrizada por pilotos civiles que viajaban como pasajeros a bordo.

    El Gobierno lanzó el programa de Ciudadanía por inversión en Argentina

    El Gobierno lanzó el programa de Ciudadanía por inversión en Argentina
    • Cómo aplicar. Los interesados deben realizar un aporte directo y no reembolsable al Tesoro Nacional por U$S 350.000; o suscribir un título público de U$S 800.000 creado específicamente para este programa.
    • Obligaciones. Todos los fondos deberán canalizarse a través del sistema financiero formal y cumplir con los estándares aplicables en materia de prevención de lavado de activos, financiamiento del terrorismo y transparencia financiera.
    • Evaluación. Se verificará la identidad, trazabilidad y licitud del origen de los fondos, sumado a un análisis patrimonial y financiero, la evaluación del riesgo jurisdiccional, una revisión de antecedentes penales y reputacionales, así como el historial migratorio.
    • Puesta en marcha. El programa estará operativo para recibir solicitudes en el transcurso del cuarto trimestre de 2026.