Más allá de la operación comercial, el proyecto se inscribe en un mercado internacional que busca reducir las emisiones de la aviación y que todavía enfrenta una oferta limitada de combustibles sostenibles.
Para la Argentina, la oportunidad está vinculada tanto con su disponibilidad de materias primas agroindustriales como con el potencial de desarrollar combustibles sintéticos a partir de energía renovable.
La demanda internacional impulsa el mercado del SAF
El combustible sostenible de aviación se produce a partir de materias primas renovables y residuos orgánicos, entre ellos aceites vegetales usados, grasas animales, biomasa y residuos agrícolas.
Está diseñado para ser compatible con el combustible aeronáutico convencional Jet A-1 y puede utilizarse en mezclas de hasta el 50% dentro de los estándares comerciales actuales.
Según las estimaciones, el SAF permite reducir entre un 50% y un 80-90% las emisiones netas de CO a lo largo de su ciclo de vida, en comparación con el combustible fósil tradicional, dependiendo de la materia prima y del proceso utilizado.
El crecimiento del mercado está impulsado por los compromisos de descarbonización del sector y por las regulaciones que establecen porcentajes mínimos de incorporación. En Europa, el régimen ReFuelEU Aviation fijó un objetivo del 6% de SAF para 2030, con un incremento progresivo hasta alcanzar el 70% en 2050.
Sin embargo, la oferta global continúa siendo limitada. Los datos de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) indican que la producción de SAF alcanza 1,9 millones de toneladas, equivalentes al 0,6% del consumo total de combustible para aviación.
A esa restricción se suma un precio superior al del combustible convencional: el SAF puede costar entre dos y cinco veces más, según el mercado y las condiciones regulatorias.
En este contexto, asegurar el abastecimiento a largo plazo se convierte en un componente relevante para las compañías que buscan ampliar su participación en el sector.
TotalEnergies proyecta producir más de 500.000 toneladas anuales de SAF para 2028 y tiene como objetivo suministrar más del 10% del combustible de aviación que comercializa en Europa con este tipo de productos antes de que termine la década.
El acuerdo con YPF vincula la futura producción argentina con la estrategia de abastecimiento de uno de los principales actores del mercado europeo. Para la petrolera local, representa un avance comercial en el desarrollo de una nueva línea de producción industrial.
La ventaja agroindustrial argentina
La disponibilidad de materias primas constituye uno de los principales recursos con los que cuenta la Argentina para desarrollar esta industria. El país posee un complejo de molienda de soja de gran escala en el polo agroindustrial del Gran Rosario, además de producción de maíz, bioetanol, grasas y residuos orgánicos que pueden utilizarse en distintas rutas tecnológicas para producir combustibles sostenibles.
La reconversión de San Lorenzo se inscribe en la ruta HEFA, que permite producir SAF a partir de aceites vegetales y grasas. Otra alternativa es la tecnología ATJ (Alcohol-to-Jet), que utiliza alcoholes como el bioetanol para obtener combustible de aviación.
Las estimaciones reunidas para este análisis plantean un potencial de producción significativo si se ampliara el procesamiento local de estas materias primas. La ruta HEFA, apoyada en aceites y grasas, y la ruta ATJ, vinculada con el maíz y la caña de azúcar, representan dos vías para aprovechar los recursos agrícolas del país.
Estas proyecciones corresponden a escenarios potenciales de producción y no deben confundirse con capacidad instalada. El proyecto de San Lorenzo constituye una iniciativa concreta para avanzar en el desarrollo de esta cadena industrial, mientras que las estimaciones de mayor escala reflejan las posibilidades asociadas a la disponibilidad de materias primas y a la expansión del procesamiento local.
La oportunidad, por lo tanto, no se limita a la producción de combustible: también está relacionada con la posibilidad de agregar valor industrial a los recursos agropecuarios y vincular esa producción con la demanda internacional.
Chubut apuesta a los combustibles sintéticos
La segunda vía de desarrollo se encuentra en la Patagonia. En 2025, Chubut fue elegida como sede del proyecto Eco-Refinerías del Sur, impulsado por la alemana GreenSinnergy GmbH y la francesa Axens, con el objetivo de producir combustible sostenible de aviación sintético o e-SAF.
La iniciativa prevé producir 100.000 toneladas anuales mediante una combinación de hidrógeno verde generado con energía eólica y CO capturado de origen industrial. El proyecto contempla una capacidad eólica de 750 MW y un acuerdo preliminar con Aluar para captar sus emisiones de dióxido de carbono. La producción se proyecta para su salida a través del puerto de Comodoro Rivadavia.
La propuesta se apoya en las condiciones eólicas de Chubut y en la posibilidad de transformar esa energía en un producto industrial de mayor valor agregado. Según las estimaciones incluidas en el proyecto, el aprovechamiento de entre el 5% y el 6% de la franja costera de la provincia permitiría instalar hasta 13.000 MW eólicos.
La región también cuenta con antecedentes en el desarrollo del hidrógeno verde. Desde 2009 funciona en Comodoro Rivadavia la planta Diadema, que produce hidrógeno mediante electrólisis con dos electrolizadores alcalinos de 350 kW.
Las dos iniciativas argentinas responden a rutas tecnológicas diferentes. Mientras que San Lorenzo apunta a producir combustibles renovables a partir de aceites y grasas mediante una tecnología comercialmente madura, el proyecto de Chubut busca desarrollar e-SAF mediante hidrógeno verde y carbono capturado.
Esta diferencia permite identificar dos líneas de desarrollo para la industria argentina: una apoyada en su estructura agroindustrial y otra vinculada con sus recursos renovables y la posibilidad de producir combustibles sintéticos.
Financiamiento, regulación y certificaciones: las condiciones pendientes
La disponibilidad de materias primas y recursos energéticos ofrece una base para desarrollar el sector, pero no resuelve por sí sola las condiciones necesarias para llevar los proyectos a escala industrial.
Entre los principales desafíos identificados se encuentran el financiamiento, la previsibilidad regulatoria y el cumplimiento de los estándares internacionales de sostenibilidad.
El costo de capital es un factor central para alcanzar la Decisión Final de Inversión (FID, por sus siglas en inglés), especialmente en proyectos que requieren grandes desembolsos iniciales y horizontes de recuperación prolongados. Para comprometer inversiones de esta escala, los bancos y fondos internacionales necesitan previsibilidad tributaria, cambiaria y jurídica a largo plazo.
En ese marco, el acuerdo de compraventa de YPF con TotalEnergies constituye un elemento relevante para la estructuración financiera de San Lorenzo, al aportar previsibilidad comercial sobre la futura producción. La presentación al RIGI y el esquema de financiamiento previsto forman parte de la estructura planteada para avanzar con el proyecto.
Para el desarrollo de combustibles sintéticos, el material relevado identifica como pendiente la aprobación de un marco normativo nacional específico para el hidrógeno verde. También señala la necesidad de actualizar la regulación de biocombustibles para brindar condiciones previsibles a las inversiones de largo plazo.
Otro aspecto central es la certificación. El acceso a mercados internacionales como el europeo requiere cumplir con estándares de sostenibilidad, entre ellos CORSIA, de la Organización de Aviación Civil Internacional, y ReFuelEU Aviation. La trazabilidad de las materias primas y de la huella de carbono resulta fundamental para acreditar el cumplimiento de esos requisitos.
A estas condiciones se suman las necesidades de infraestructura, logística y desarrollo industrial que exige cada ruta de producción. En el caso del e-SAF, la cadena incluye la generación de electricidad renovable, la producción de hidrógeno verde, la captura de CO y la síntesis química del combustible.
La Argentina cuenta con recursos agroindustriales y energéticos que pueden aprovecharse para desarrollar combustibles sostenibles de aviación. El acuerdo entre YPF y TotalEnergies aporta un avance comercial concreto, mientras que el proyecto de Chubut plantea una alternativa basada en la energía eólica y el hidrógeno verde.
La disponibilidad de materias primas y energía constituye el punto de partida; la previsibilidad regulatoria, el financiamiento y las certificaciones son condiciones necesarias para avanzar hacia una producción a mayor escala.