¿Argentina está por explotar?
Ni paraíso ni infierno: la economía no vuela, pero tampoco hay apocalipsis. Cuidado con quienes necesitan que todo estalle.
Ni paraíso ni infierno: la economía no vuela, pero tampoco hay apocalipsis. Cuidado con quienes necesitan que todo estalle.
Si uno viviera en el extranjero y prestara atención a los que hoy hacen análisis políticos apocalípticos sobre la Argentina, sentiría que el país, con vos y conmigo adentro, está a punto de explotar.
Se instaló la idea de que hay una crisis financiera que cambia toda la lógica electoral. Si se esperaba una lenta agonía de Javier Milei, con recesión, desempleo, morosidad y salarios que no alcanzan, ahora el proceso se habría acelerado. Un operador me dijo el viernes que, si Donald Trump perdía las dos cámaras en Estados Unidos, había que prepararse para un riesgo país por encima de los 1.000 puntos. Hoy, con el indicador en torno a los 640, me dijo que se había quedado corto y que se viene una supercrisis. El problema, según ellos, es Milei y su modelo, y si no se los cambia en las urnas, el país no tiene futuro.
Antes de seguir, una advertencia urgente: no te dejes psicopatear. Se lo digo a todos, a la izquierda, a la derecha, al centro y al radicalismo. Quienes repiten el relato del apocalipsis una y otra vez son psicópatas políticos de manual. No es casualidad que sean los mismos que dijeron poco y nada sobre la bomba neutrónica real que sí estalló sobre la Argentina, la que armaron Alberto Fernández, Cristina Kirchner y Sergio Massa, entre otros. En 2023, antes de que asumiera Milei, ese gobierno dejó casi 53% de pobreza, el Banco Central quebrado, una inflación de 1,2% diaria, la nafta sin precio y un dólar equivalente a 4.000 pesos de hoy.
Pero también tengo que decirles algo, en la cara, a mis colegas de "Corea del Centro" y a los que hoy aplauden todo. Nosotros no somos como ustedes. Tenemos los ojos bien abiertos y no nos comemos ninguna. Sabemos que la economía argentina no está creciendo como dice el Gobierno y que todavía no arrancaron los "mejores 18 meses de la historia". Los números de crecimiento que se pregonan son, a mi juicio, una gigantesca mentira. Que vamos a crecer 20% en cuatro años no se lo cree nadie. Tengan eso en la cabeza. Ciegos no somos, y lo decimos. Pero como ya soy grande y esta película la vi, tampoco me dejo psicopatear por los profetas del nuevo Apocalipsis.
Milei dijo el domingo que los indicadores "están arrojando cualquier cosa". El economista Fernando Marull respondió con un argumento muy interesante: si la actividad hubiera caído 3% mensual mientras mirábamos la final del Mundial, habría sido un terremoto, y ninguno de nosotros lo sintió. En diciembre pasó lo contrario. La actividad subió 3% mensual por una cosecha récord de trigo, y nadie sintió que estuviéramos volando.
Dicho de otro modo: ni en diciembre, con ese 3% hacia arriba, estábamos en el paraíso, aunque el dato existió y era real. Ni ahora, con una caída de 2,9% entre junio y julio, estamos en el infierno. Es el infierno que te quieren vender.
También están los que dicen que este modelo no es sustentable en el tiempo. Es lo que sostiene Martín Guzmán, ministro de Economía de Alberto Fernández hasta julio de 2022, una especie de autor del manual del bombero pirómano: primero te prende fuego y después te avisa que hay olor a humo. Lo sucedió el superministro Massa, el que dejó a la Argentina patas para arriba mientras gastaba tres PIB en la campaña electoral. Hasta Malena Galmarini le salió a pegar a Guzmán: dijo que es genial que un señor que se fue un fin de semana por Twitter ahora quiera explicar qué hay que hacer, y que vuelva a Estados Unidos con su novia. ¿Viste cómo son las internas del PJ? Mezclan todo.
Por suerte, no todos opinan como Guzmán. Mariano Rodríguez Giesso, presidente de Giesso, pertenece a la industria textil, uno de los sectores que más sufren. Aun así apoya el modelo: dice que el rumbo es el correcto, que primero había que tapar el agujero del casco del barco y que el gran beneficiario del plan debe ser el consumidor. Admite que en el camino habrá quienes sufran, pero que a mediano plazo nos beneficiaremos todos. Martín Migoya, CEO y cofundador de Globant, una de las multinacionales tecnológicas argentinas más importantes del mundo, aunque apenas 5% de sus operaciones están en el país, habla de un momento "muy único" y de que ordenar las cuentas fiscales y avanzar con la agenda de reformas es el camino correcto, y que otros países deberían seguirlo.
Gente que dice que no está todo espectacular, pero que tampoco está a punto de explotar.
En España le preguntaron a Ricardo Darín por la situación actual de la Argentina. Su respuesta, en una entrevista muy interesante, fue que la historia se está escribiendo ahora, en un momento bisagra. Hay esperanza en la economía, pero muchos otros aspectos están en una zona de controversia. Yo en algún momento cometí una injusticia con Darín, cuando puse en un lugar de mucha burla el tema de las empanadas. Generó una discusión nacional y la verdad es que él no era el problema. Es muy medido para opinar políticamente y no es ningún extremista.
Para pensar juntos, veamos cuáles son esos aspectos controversiales. Todos los conocen: jubilados, discapacitados, universidad pública y cultura. Y montados sobre esas banderas, los psicópatas emocionales te tiran preguntas para hacerte sentir culpable. ¿Acaso no ves cómo se mueren de hambre los jubilados con Milei? ¿Viste el desprecio de este gobierno por los discapacitados? ¿Te das cuenta de que el Presidente odia a la universidad pública? ¿Cómo podés callarte frente a un tipo que desprecia la cultura?
Yo, por supuesto, hablo siempre por mí:
Por eso, y para cerrar: no te dejes psicopatear. Los que hoy gritan "¡explota, explota, se está incendiando la Argentina!" son los que necesitan que el país explote y se incendie para volver a la inflación y a la locura, a los subsidios y al plan platita, a la fábrica de pobres que tanto les gusta alimentar y aumentar. Gente, o energúmenos, como Juan Grabois, nuestro Che Guevara de mentirita.
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