Política

¿Hay alguien más que Milei?

La oposición tiene dirigentes, gobernadores, partidos y hasta figuras que asoman como candidatos naturales. Sin embargo, lo que todavía no termina de aparecer es un proyecto capaz de discutir el futuro sin Milei.

Por  Romina Manguel

La respuesta parece obvia, pero no lo es. La oposición tiene dirigentes, gobernadores, partidos y hasta figuras que asoman como candidatos naturales. Sin embargo, lo que todavía no termina de aparecer es un proyecto capaz de discutir el futuro sin quedar atrapado en el presente que lleva la impronta de Javier Milei.

La reaparición de Sergio Massa, el último candidato a presidente por el Peronismo, dice algo más de lo que aparece como evidente. El ex ministro de Economía de Alberto Fernández anunció que la sociedad dará vuelta la página en 2027. Está claro que la predicción se basa en los datos que arroja la crisis, sin embargo nadie tiene claro, quizá ni el propio Massa, quién está escribiendo la siguiente.

“No sabemos por dónde entrarle”. La frase pertenece al exsecretario General de la CGT, Héctor Daer. Lo dijo en una entrevista que dio en Radio Con Vos y la referencia tenía que ver con la forma en que Javier Milei se desenvolvió en el poder. Nada parece haber cambiado.

En ese marco, hay algo que queda claro, Milei consiguió que toda la política argentina girara alrededor suyo. Se discute lo que dice, lo que hace, lo que promete y lo que no cumple. Se discute su economía, su estilo, como interpreta la cifra, hay debates sobre su empatía, sobre la relación con sus aliados. Todo habla de Milei, Incluso cuando no Milei no habla.

La oposición parece haber aceptado ese mecanismo. Su agenda consiste, demasiadas veces, en reaccionar a la del Presidente. La cantidad de leyes de emergencia presentadas en el Congreso dan cuenta de eso. Los bloque opositores aparecen impotentes a la hora de proponer leyes a futuro con marcos normativos ajenos a la lógica libertaria. Por ahora lo único que atinan es a agitar la emergencia como respuesta a las políticas públicas que diseña el Ejecutivo.

Milei, ¿y quién más?

La descripción basta para que la pregunta aparezca sola: ¿hay alguien más que Milei? Está claro que la pregunta no tiene que ver con la cantidad. Está claro que dirigentes sobran. Tampoco busca saber si existen políticos con aspiraciones presidenciales, que desde ya lo hay. La pregunta es si existe alguien capaz de ofrecer una idea de país que no empiece y termine con la necesidad de sacar a Milei del poder. Quizá la sociedad demande algo más que un frente antigobierno.

Nadie duda que es más sencillo construir una retórica en contra del Presidente que explicar qué se haría con la Argentina después de él. Ahí parece estar el principal desafío que la oposición no puede sortear.

Reapareció Sergio Massa

Esta semana Sergio Massa decidió volver a escena. Lo hizo en la Universidad Nacional de San Martín, frente a rectores universitarios, después de un largo período de exposición pública limitada. Casi tres años de ostracismo después de la campaña presidencial que lo tuvo como protagonista hasta el final. El hombre que se hizo cargo de una papa caliente durante el Gobierno de Alberto Fernández y evitó un final explosivo dejó un pronóstico: el año próximo la mayoría de la sociedad dará vuelta la página del Gobierno libertario.

Massa aclaró que hablaba del proceso democrático. También pidió recuperar a los docentes y científicos que emigraron y devolverle a la universidad un lugar central en el desarrollo argentino.

La intervención importa por dos razones. Primero, porque Massa reaparece en una concreta: el financiamiento universitario, los salarios y el papel del conocimiento en la economía. Segundo, porque introduce una promesa electoral sin anunciar todavía una candidatura.

Más allá de eso, lo que no dice Massa es como ni con quién. ¿Dar vuelta la página para escribir qué?

El pasado pesa. Massa fue ministro de Economía durante la última etapa del Gobierno de Alberto Fernández. Fue también el candidato presidencial que perdió frente a Milei en 2023. Esa trayectoria incluye una responsabilidad que no desaparece porque haya cambiado el Gobierno. Quizá eso haya sido lo que obligó a Massa a guardar silencio casi tres años. La inflación, la crisis cambiaria y el deterioro de los ingresos durante su gestión también forman parte de la memoria de los argentinos.

Si Massa pretende intervenir en la construcción de una alternativa, deberá explicar no solamente qué cuestiona del presente, sino qué haría diferente de su propio pasado.

¿Quién manda en el Peronismo?

Mientras tanto, el Peronismo sigue discutiendo quién manda. Axel Kicillof construye una proyección nacional desde la provincia de Buenos Aires. Un juego desde ya arriesgado pero casi sin alternativas. El principal dirigente opositor gobierna la provincia más caliente en medio de una crisis de ingresos y de consumo. Salir indemne de eso parece una utopía. Por ahora Kicillof, que está condicionado por su pasado lejano y por su presente intenso, está dispuesto a caminar.

En otro sector del escenario opositor está Cristina Kirchner. La expresidenta conserva influencia sobre una parte importante del movimiento. Los que saben del tema legal aseguran que más allá de los intentos ante la ONU no llegará a ser candidata. Los que entienden el juego electoral señalan que más allá de eso se va a quedar con “una cuota parte del armado electoral”.

En medio de ese contexto, Massa intenta sostener vínculos entre sectores que no siempre se hablan. Los intendentes cuidan sus territorios y los gobernadores hacen sus propios cálculos. Todos hablan con todos. Pero nadie muestra las cartas. Lo que prima es la desconfianza en un proceso electoral que se vuelve incierto y en el que el único actor consolidado por ahora es el propio Javier Milei.

Hay reuniones, comunicados, actos separados y negociaciones. Lo que todavía no aparece con suficiente claridad es un acuerdo programático que permita entender qué país ofrecería ese espacio en 2027.

Los equipos técnicos del peronismo, en sus distintas variantes, trabajan para matizar las diferencias. Algunos sueñan con un programa llave en mano más allá de quién sea el candidato.

En ese contexto la discusión por las PASO resulta reveladora. Kicillof, Massa y el kirchnerismo coinciden en defenderlas frente a la intención oficialista de eliminarlas o suspenderlas. Por primera vez, en los últimos meses, se escuchó decir a Axel Kicillof: “Si tienen uno que me pueda ganar, que se presente”. El hombre fuerte de la provincia de Buenos Aires endureció su posición y tensiona más allá de la lista de unidad.

No es un asunto menor. Las reglas electorales importan. La sociedad podría preguntarse por qué un movimiento que gobernó buena parte de las últimas décadas encuentra tantas dificultades para acordar quién lo representa y qué propone. La respuesta es sencilla, el peronismo no busca candidato, busca conducción.

Kicillof enfrenta, además, un dilema particular. Necesita ampliar su construcción sin desconocer su origen kirchnerista. Tiene una gestión provincial que mostrar, pero también debe explicar cómo traslada sus posiciones económicas a la administración nacional.

Está claro que Kicillof plantea un modelo de país distinto al de Milei. Lo que no queda claro es cuál y cómo se llevará adelante. ¿La propuesta sería una continuidad corregida del kirchnerismo o un modelo económico diferente? Por ahora nadie lo sabe, tampoco hay certezas sobre cuán grande es la porción de la sociedad dispuesta escuchar.

El PRO, debilitado

Pero el problema no es sólo del peronismo. En el PRO la cosa no está mejor. Mauricio Macri condujo una fuerza que llegó a la Presidencia y gobernó la Ciudad de Buenos Aires durante años. Hoy ese espacio debate cuánto acercarse a La Libertad Avanza y cuánto conservar su identidad. En el medio está la búsqueda irrenunciable de retener su bastión electoral, la Ciudad de Buenos Aires.

Patricia Bullrich eligió integrarse al proyecto libertario. Jorge Macri gobierna una ciudad donde los libertarios están dispuestos, o por lo menos así parece, a disputar el poder. Otros dirigentes negocian acuerdos nacionales o provinciales.

El PRO puede coincidir con Milei en cuestiones económicas y mantener diferencias sobre las instituciones, la gestión o las formas de ejercer el poder. Pero necesita definir qué representa políticamente esa combinación. Por ahora no está claro, y su accionar en el Congreso no ayuda a disipar las dudas.

Si comparte buena parte del rumbo del Gobierno, ¿cuál es su propuesta diferenciadora? Y si pretende construir una alternativa, ¿qué decisiones adoptaría de otra manera? En ese contexto aparece Hernán Lacunza. El hombre que quiere ser candidato por el PRO habla de un país que se diferencia del actual y que incluya a los sectores que Milei deja afuera. Por ahora no dice mucho más.

Los gobernadores también juegan

El mapa político se termina de amar con los gobernadores que tampoco escapan a esa contradicción. Martín Llaryora, Maximiliano Pullaro, Ignacio Torres y otros mandatarios tienen poder territorial, experiencia de gestión y capacidad de negociación. Reclaman federalismo, recursos e infraestructura. Algunos intentaron construir espacios comunes, como Provincias Unidas. Por ahora fracasaron.

Las bases para una coalición federal no están firmes. El diseño fiscal de la Argentina les juega en contra. La sobre representación de las provincias menos productivas en el Congreso también.

El Gobierno de Milei comprende la dinámica. Látigo y chequera. Por eso el oficialismo no duda en negociar con gobernadores mientras La Libertad Avanza prepara su expansión territorial.

En el marco de un firmamento político lleno de contradicciones e incertidumbre el presidente se hace fuerte. La Libertad Avanza nació alrededor de una figura antes de convertirse en una organización nacional consolidada. Ahora debe resolver cómo distribuir poder, incorporar aliados y administrar diferencias internas.

Pero más allá de eso cuenta con dos ventajas que parecen determinantes. Tiene candidato y tiene una idea de Gobierno. Por eso, cuando falta sólo un año para que los argentinos volvamos a las urnas para elegir presidente, la pregunta es lógica: ¿Hay alguien más que Milei?