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Aprender a no usar las pantallas: la resistencia que propone un teórico de los medios en tiempos de inteligencia artificial

Andrey Mir sostiene que lo digital y la IA revierten lo que la lectura nos dio: distancia crítica y verdad objetiva. Por qué propone la desconexión como método de resistencia contradigital.

Eugenio Palopoli

Según el teórico canadiense Andrey Mir, los medios digitales y la inteligencia artificial (IA) dejaron de ser herramientas para convertirse en un ambiente, y en ese pasaje producen el efecto contrario al que se esperaba de ellos. Es lo que llama reversión, un concepto que toma de Marshall McLuhan: todo medio llevado al extremo revierte sus efectos. La cultura letrada había cultivado la distancia crítica, el pensamiento ordenado y la idea de una verdad objetiva y común. Lo digital invierte ese recorrido hacia una oralidad digital, impulsiva, inmersiva y tribal, en la que la verdad se define por viralidad. La IA completa el giro: los medios dejan de extender a los humanos y los humanos pasan a extender a los medios.

Para Mir, el proceso responde a la lógica de la técnica, sin culpables ni conspiraciones, y de ahí su propuesta de una alfabetización mediática contradigital: sostener lo que formó la lectura (la lectura profunda, la vida en un cuerpo) y aprender a desconectarse. Discípulo de McLuhan, ve en la IA la etapa final de la expansión del medio digital y entiende que las estrategias de resistencia son posibles, pero esencialmente individuales.

Mir investiga en la York University, de Toronto, y trabajó veinte años como periodista antes de dedicarse al estudio de los medios. Escribe en su blog Media Determinism y es autor de The digital reversal (2025) y The technological imperative (2026), entre otros libros, en los que desarrolla una teoría general de lo que las plataformas y la IA les hacen a las personas, a las instituciones y a la verdad.

Un determinismo sin culpables

Mir se define como determinista mediático: entiende que los medios moldean a las sociedades más que las intenciones de quienes los usan. En el ámbito académico la etiqueta suena a reproche, y se la aplicaron muchas veces a McLuhan, aquel que acuñó la célebre frase "el medio es el mensaje", muchas veces incomprendida o malintepretada. Mir la asume y la lleva más lejos con el concepto de imperativo tecnológico, que nació en la Guerra Fría. En 1970, el físico Ralph Lapp, que había trabajado en el Proyecto Manhattan, lo resumió así: si un sistema de armas puede fabricarse, se fabricará. Para Mir la regla vale para toda técnica. Propone alinear las formas históricas del martillo, de la piedra tosca al diseño actual: sin importar quién las haya ideado, todas convergen en una misma forma óptima, como si las guiara un "diseñador invisible". Los humanos aportan la ingeniería y seleccionan lo que funciona, y la tendencia al máximo rendimiento viene de la técnica misma. Un martillo se maneja desde afuera; Internet es un entorno donde se trabaja, se conversa y se vive, y la influencia ya no va en un solo sentido.

Aplicada a lo digital, esa lógica desemboca en su teoría de las reversiones, que toma de una de las cuatro leyes de los medios de McLuhan: un medio llevado al extremo produce el efecto opuesto al buscado. El ejemplo clásico es el auto, pensado para ganar velocidad y que, cuando abunda, genera embotellamientos.

La primera reversión que describe es la de la cultura letrada a la oralidad digital. El término alude a un estado cognitivo inmersivo, impulsivo y conversacional, parecido al de las sociedades sin escritura, que aparece incluso cuando se escribe. La escritura y, desde 1440, la imprenta separaron la verdad de la experiencia de cada tribu y la volvieron uniforme y verificable. Fue un período de unos 500 años, el llamado paréntesis de Gutenberg, que según Mir se está cerrando: en las redes la verdad se verifica por viralidad, una especie de referéndum de likes y compartidos.

El periodismo sigue ese rumbo. Mir afirma que su etapa más prestigiosa dependió del negocio publicitario, que garantizaba la independencia de las redacciones. Con la migración de los anunciantes a las plataformas, los medios volvieron a modelos anteriores: el faccioso, el del mecenas y la suscripción. En su lectura, la suscripción se parece más a una donación que a una compra, y los medios ya no compiten por informar sino por validar las preocupaciones de sus audiencias. Es el posperiodismo, que describe el mundo como debería ser y no como es. La polarización, argumenta, es un efecto mediático más que político: los algoritmos carecen de sesgo ideológico y tienen uno estructural hacia la intensidad, y el centro no genera likes.

La inteligencia artificial como ambiente

Para Mir, la IA es la última etapa del proceso. Ocupó todo el espacio disponible, que es Internet, y funciona como un ambiente en sí misma. Los humanos le entregaron el conocimiento acumulado y ahora le suministran lenguaje para que aprenda estructuras cognitivas. En un artículo publicado en agosto en Big Think advierte que la IA no tiene más realidad que la nuestra: seguirá conversando con las personas, haya o no verificación de los hechos y, a medida que se alimente de sus propios contenidos, el lenguaje compartido perderá anclaje. En términos lingüísticos, la denotación colapsa en significación: las palabras conservan su relación con otras palabras y se despegan de las cosas.

Sobre la posibilidad de frenarla, es escéptico. Lo plantea como un problema de acción colectiva: si un laboratorio se detiene, otro sigue, en Estados Unidos o en China. Recuerda que con la bomba atómica la disuasión apareció recién cuando hubo dos, y se pregunta si existe un equivalente entre los modelos que compiten entre sí. Por ahora no lo ve.

Su escenario extremo es la fusión de usuario, medio y entorno. Si los medios extienden las capacidades humanas, la extensión última se alcanzaría cuando las personas se incorporen mediante la carga de sus mentes o cuando la IA se convierta en usuaria de sí misma al "despertar". Un tercer camino no requiere agencia de nadie: la técnica seguiría hacia su rendimiento ideal por sí sola. La alternativa, que Mir considera peor, es un colapso de la civilización por la incapacidad de la biología humana para manejar su tecnología. Son las predicciones más especulativas de su obra, y hasta las reseñas favorables las discuten.

Más inmediata es la que llama reversión del test de Turing. Si el examen original debía probar que una máquina podía pasar por humana, ahora hay que averiguar, dice, "cómo los humanos pueden demostrar que son distinguibles de las máquinas". Las vías que ve (mostrar la identidad, el esfuerzo o los defectos) tienen todas costos, y la más promisoria es el carisma, un rasgo no computable que, admite, no está al alcance de todos.

Una alfabetización al revés

Frente a ese panorama, Mir publicó en septiembre pasado en el sitio Default ocho tesis sobre la "alfabetización mediática contradigital". Ya que el uso instrumental de los dispositivos se aprende solo, porque los diseñadores se ocuparon de eso, para Mir la alfabetización tiene que enseñar lo que no hay que hacer. Lo compara con el yoga, que enseña a no respirar de la manera automática. Entre las prácticas que propone figura la "higiene de clics", la elección consciente de enlaces, contactos y marcadores, porque los filtros de las plataformas ya descartan casi todo el ruido y lo que falta es el criterio del usuario. Señala además que el consumo digital es hormonal: la curiosidad y la socialización se premian con dosis mínimas de dopamina que sostienen la conducta sin saciarla. Su recomendación es competir con actividades de excitación comparable. Y propone la lectura de libros, la herramienta que considera ideal, en sesiones de al menos una hora sin interrupciones.

En la práctica, plantea desarmar la oralidad digital en sus dos componentes: la oralidad física, es decir vivir una vida humana en un cuerpo humano, y la lectura profunda. Los oficios manuales figuran entre las vías más confiables. "No aprendas programación, aprendé las habilidades de un mecánico o un electricista", dijo en una entrevista reciente.

Sus críticos sostienen que subestima el peso de la política, la regulación y las decisiones de las personas en cómo se adoptan y se usan las tecnologías. Dentro del propio planteo de Mir hay una tensión: si la técnica avanza por imperativo, no queda claro qué alcance pueden tener las estrategias individuales. Él admite que es poco probable que cambien la dinámica global y que el imperativo no se revierte: "No podés deshacer el martillo". En su artículo de Big Think anticipa, además, un efecto social: la diferencia entre quienes sostengan la lectura profunda y la vida física y quienes no puede consolidarse en una fractura epistémica y generacional, es decir, en maneras distintas de definir qué es verdad.

El Gobierno pedirá medidas cautelares contra el Reino Unido en un tribunal internacional

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  • Ultimátum y demanda. El Gobierno argentino inició un procedimiento ante el Tribunal Internacional del Mar y exigirá medidas cautelares para frenar la explotación petrolera británica en las Islas Malvinas.
  • Estrategia y presión. La medida se basa en la CONVEMAR para frenar los actos unilaterales en la plataforma continental. Aunque no aborda la soberanía, busca suspender las extracciones de Navitas Petroleum y Rockhopper.
  • Precedente histórico. Es la primera vez que se somete un arbitraje internacional de este tipo sobre los recursos en disputa, recordando el antecedente de la liberación de la Fragata Libertad en 2012.