Las trampas para el inversor en inteligencia artificial, una fiesta para pocos
La clave no está en el entusiasmo generalizado, sino en entender con precisión dónde no hay que poner dinero
La clave no está en el entusiasmo generalizado, sino en entender con precisión dónde no hay que poner dinero
La inteligencia artificial (IA) será el eje de transformación de la economía mundial. No se trata ya de una apuesta a futuro, sino de una realidad que se acelera. Pero para el inversor que quiere participar, la clave no está en el entusiasmo generalizado, sino en entender con precisión dónde no hay que poner dinero. En IA, la exclusión estratégica es tan importante como la selección.
Primero, lo obvio: China está fuera, porque no tiene acceso al recurso más crítico: los chips. La IA de vanguardia se entrena con hardware sofisticado, y este lo fabrica exclusivamente TSMC en Taiwán, bajo la tutela tecnológica y geopolítica de Estados Unidos. Además, esas máquinas de fabricación —los sistemas litográficos extremos (EUV)— solo las produce una compañía: ASML, en los Países Bajos. Sin ellas, no se puede producir un solo semiconductor avanzado. ASML, a su vez, depende de proveedores estadounidenses como Cymer. En resumen: sin autorización estadounidense, nadie accede a la maquinaria ni al diseño.
Esto implica que Estados Unidos controla la existencia de la IA. Quien tiene el control del chip, tiene el control del desarrollo. Ese dato es esencial para cualquier decisión de mercado.
India también debe descartarse. Tiene volumen demográfico, pero no posee capacidad tecnológica en ningún paso esencial del proceso: no produce chips, no diseña a escala, no lidera centros de datos, ni participa del diseño de arquitecturas.
Tampoco conviene apostar por empresas grandes que “hacen de todo” y tienen una pata en IA pero no el control del núcleo. Samsung, por ejemplo, fabrica chips de memoria, tiene divisiones de IA, pero no domina ninguno de los segmentos donde se crea valor real en la IA fundacional. Y no es recomendable invertir en países sin control de infraestructura energética, cómputo o diseño de semiconductores, como ocurre en América Latina o la mayoría de África y el sudeste asiático. Pueden ser usuarios o consumidores de IA, pero no están en posición de capturar valor estructural.
La IA no es una industria como las demás. No es horizontal. Es vertical y cerrada. Saber quién no accede es lo que permite entender quién sí va a capturar el valor. Para el inversor, el mayor riesgo no es perder una oportunidad, es apostar en un lugar donde esa oportunidad jamás existió.
Las cosas como son
Mookie Tenembaum aborda temas de tecnología como este todas las semanas junto a Claudio Zuchovicki en su podcast La Inteligencia Artificial, Perspectivas Financieras, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.
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