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Economía

Mercosur como salvavidas: Europa se aferra al sur para no hundirse

Bruselas necesita aliados estables que garanticen suministros y oportunidades para sus exportaciones industriales

Mookie Tenembaum

Desde hace más de veinte años se anuncia el acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur como un símbolo de cooperación entre regiones que comparten valores democráticos y vínculos históricos. Esa es la versión oficial, sin embargo la realidad es distinta: no se trata de afinidades culturales ni de una visión común del mundo, sino de pura necesidad geopolítica. Europa, debilitada, busca abastecerse de alimentos, energía y minerales estratégicos, mientras América del Sur ofrece recursos y mercados en un momento donde las grandes potencias reconfiguran el tablero global.

La Unión Europea enfrenta una pérdida de poder sin disimulo. La guerra en Ucrania dejó al descubierto su dependencia energética y militar. Su relación comercial con China está bajo tensión, y Estados Unidos, dominado por la lógica del "America First", es un socio imprevisible. En ese contexto, Bruselas necesita aliados estables que garanticen suministros y oportunidades para sus exportaciones industriales. El Mercosur aparece como una opción práctica, es un proveedor confiable de granos, carne, litio y hierro, con gobiernos dispuestos a negociar. El lenguaje diplomático habla de "diversificación" y "sostenibilidad", pero lo que realmente impulsa el acuerdo es la urgencia europea de reducir vulnerabilidades y mantener influencia en una región donde China ya avanzó demasiado.

El bloque sudamericano llega al acuerdo desde posiciones muy dispares. Brasil, bajo el liderazgo de Lula da Silva, busca el centro del escenario global con una agenda ideológica que lo ha alejado del mundo occidental. Lula defendió posiciones favorables a regímenes autoritarios, evitó condenar a Rusia por la invasión de Ucrania y mantuvo una postura ambigua frente a los ataques terroristas de Hamás. Su acercamiento al eje China-Rusia le resta credibilidad ante Estados Unidos y Europa, y el acuerdo con la Unión Europea funciona para él como un modo de mantener una puerta abierta hacia Occidente, sin alterar su rumbo político.

Argentina, en cambio, atraviesa un momento diferente. El gobierno de Javier Milei no necesita validación externa ni reconocimiento simbólico, cuenta con legitimidad interna por resultados económicos concretos, como reducir la inflación y el ordenamiento fiscal. Desde su perspectiva, el acuerdo con la Unión Europea es una herramienta económica más, una vía para ampliar exportaciones, atraer inversiones y acelerar la apertura comercial; no es un gesto político.

El relato oficial de Bruselas sobre cooperación verde, digitalización y estándares sostenibles es una máscara. Europa conservará el control sobre las normas y restringirá las importaciones cuando le convenga. El Mercosur abrirá sus mercados y Europa venderá tecnología, autos y farmacéuticos. No es un acuerdo entre iguales, sino un intercambio entre la necesidad europea y la oportunidad sudamericana. Lo que se presenta como integración económica es, en realidad, una operación de supervivencia estratégica: Europa debe garantizar su acceso a los recursos del hemisferio sur antes de que sea demasiado tarde.

Las cosas como son

Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.

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Malvinas: el Gobierno evalúa sumar la pesca al régimen de sanciones

Presidencia
  • Ampliación del proyecto de sanciones. En el marco de la Ley de Defensa de la Soberanía Nacional que se enviará al Congreso, la Casa Rosada analiza extender el esquema de sanciones —hoy centrado en las petroleras— a la actividad pesquera vinculada a licencias británicas en Malvinas.
  • Un reclamo que viene del sector. La Fundación Latinoamericana de Sostenibilidad Pesquera y el peronismo piden aplicar a la pesca el mismo criterio que se usa contra las empresas que operan en la exploración de hidrocarburos sin autorización argentina.
  • Una herramienta legal que ya existe. Desde 2008, el artículo 27 bis de la Ley Federal de Pesca exige a quienes tienen cuotas o licencias en el país declarar que no tienen vínculos con buques que pesquen sin permiso argentino en Malvinas, bajo pena de perder esos permisos.
  • El antecedente con las petroleras. Tras la cadena nacional del 3 de septiembre, Cancillería denunció a 60 empresas y personas vinculadas a proyectos petroleros como Sea Lion, alcanzando también a accionistas, directores y proveedores.
  • Presentación en Diputados. El proyecto ingresará el próximo lunes por la Cámara baja, con Presti (Defensa) y Quirno (Cancillería) como posibles expositores; el oficialismo espera que el tratamiento comience entre fines de septiembre y principios de octubre.

Marc Jacobs, Michael Kors y otras marcas desembarcan en el nuevo shopping OH! Buenos Aires

  • Nuevo centro comercial en Recoleta. Prevé abrir sus puertas en los próximos meses en el predio del ex Buenos Aires Design, contando con 30.000 metros cuadrados, 110 locales y 30 propuestas gastronómicas.

  • Llegada de etiquetas inéditas al país. Firmas internacionales como Stella McCartney, Off-White, Golden Goose, Palm Angels, Scotch & Soda, Dsquared2 y Mandarina Duck tendrán por primera vez locales en la Argentina.

  • Moda automotriz y un esperado regreso. Maserati estrenará un espacio exclusivo destinado a su línea de indumentaria y accesorios, mientras que la firma francesa de trajes de baño Vilebrequin volverá a operar en el país.

  • Impulso importador y capitales nacionales. La llegada de estas grandes marcas globales se da en el marco de la reciente apertura de importaciones, dentro de un proyecto financiado por el grupo argentino Hatzlaja.