Sabe cuál es el camino. Sin más margen para subir impuestos, Francia tiene el segundo gasto público más alto de la UE después de Finlandia (57,2%), según apunta Judith Arnal, investigadora principal en el Real Instituto Elcano y CEPS.
Pero ni siquiera es una cuestión electoral. No tiene la mayoría parlamentaria para hacer mucho sin que se convierta en una odisea política.
Mientras tanto, Francia paga 4,8% por endeudarse a 10 años, contra 4,5% de Italia y 4,3% de Grecia. Un simple indicador financiero de cómo centro y periferia pueden ser conceptos intercambiables.
Los tres datos duros que resumen la crisis económica y ayudan a entender qué está pasando en Francia.
1- Una economía que se frenó en seco
El PIB del primer trimestre de 2026 fue de -0,2%, mientras que el segundo trimestre mostró directamente un estancamiento total: 0,0%.
En los mismos trimestres, la UE creció un 0,1% y un 0,5%. Alemania avanzó un 0,4% y un 0,3%, Italia un 0,3% y un 0,2%, y España un 0,6% y un 0,7%.
La segunda economía de la zona euro esquiva así por poco la recesión técnica, que se produce con dos trimestres consecutivos de caída del PIB.
El deterioro del nivel de actividad es atribuido en gran parte a la situación de la producción agrícola, que padeció las extremas olas de calor de este verano, con un costo estimado en Francia de 15.000 millones de euros.
El país había logrado expandirse un 1,6% en 2023 tras la normalización post-pandemia y un 1,1% en 2024 pero se desaceleró hasta 0,8% al año siguiente.
Para 2026, la previsión oficial de 0,7% acaba de ser recortada a 0,5%, un tercio que la de sus pares europeos.
La inflación, en tanto, creció tres décimas, hasta el 2,4%, en agosto (proyección de 2,6% para este año). Y si bien está más contenida que en otros países, crece mientras la economía sigue estancada, lo que técnicamente se conoce como estanflación.
La debilidad de la demanda de los hogares es un problema. Las familias ven caer sus ingresos reales y mantienen altas tasas de ahorro en lugar de consumir (casi 18%).
2- Un déficit galopante que no se ataca
El presupuesto de 2026 fijaba un déficit del 5% del PIB pero el Gobierno ya prevé un 5,4%, de modo que va camino a incumplir su objetivo de este año. Ni hablar de la meta fiscal de la UE del 3%.
Para 2027 tampoco se propone grandes esfuerzos. Su ambición llega al 5%, una reducción de sólo 0,4%.
La media de la UE en materia de déficit es del 3,2% del PBI, mientras que las grandes economías del bloque vienen recortándolo en forma sostenida. En España es del 2,4%, en Alemania, del 1,5% y en Italia, del 3,1%.
Debido a sus recurrentes desvíos, la Comisión Europea le abrió a Francia lo que se denomina un “Procedimiento por Déficit Excesivo”.
Aunque implica un largo horizonte de siete años para corregirlo, la falta de mayorías políticas estables en la Asamblea Nacional genera dudas en los mercados sobre la posibilidad de aprobar los recortes necesarios.
Francia no tiene superávit primario desde 2001, son 24 años seguidos de déficit del saldo público sin contar los intereses de la deuda. No es un problema del ciclo. Es falta de disciplina fiscal, opina Arnal.
Aun así, con el Gobierno haciendo muy poco por corregir los desequilibrios galopantes de la economía, el pequeño ajuste está generando gran fricción.
Son 54.000 millones euros en congelación de salarios públicos y de algunas pensiones y recortes en educación, que han sacado a los estudiantes a la calle.
3- Cada vez más empapelados en deuda
A finales del segundo trimestre de 2026, el ratio oficial de deuda pública sobre el PBI de Francia se ubicó en el 119%, alcanzando un máximo histórico de 3,59 billones de euros.
El propio Ministerio de Economía y Finanzas francés proyecta que el indicador cerrará el año 2026 en el 119,3% del PBI. Esto es, sin mejora alguna.
No es la más alta de la UE, pero es la tercera. Encabeza Grecia, con 146,1% del PBI, pero va en rápido descenso y sigue Italia, con 138,9%, con una reducción algo más lenta pero en la dirección correcta.
No se puede decir lo mismo de Francia. Con el actual nivel de déficit, la deuda seguirá subiendo. Pasaría del 119,3% al 121,7% del PIB el año que viene. Una bomba de tiempo.
En 2019, en la era pandemia, previa a los paquetes de estímulos que exigió esa crisis, el coeficiente era del 100%. Pero desde entonces se deterioró rápidamente.
Para 2023, alcanzaba el 109,5% y en 2024, cuando ya era clara la pérdida de dinamismo económico, tocaba 112,6%. En 2025, cerró en 115,6%.
Pero el problema se extiende mucho más allá de las finanzas públicas.
Las empresas deben el 155,2% del PIB. Con la medida más estrecha de la Banque de France baja al 75,5%, pero sigue por encima de las españolas (50,7%), las italianas (52,7%) y las alemanas (45,6%).
Así, el sector no financiero -que contabiliza tanto la deuda en manos del Estado como la privada (empresas y hogares)- adeuda el 331,8% del PBI frente al 233,1% de Italia, el 221% de España y el 198,2% de Alemania.
Esto convierte a Francia en la segunda gran economía avanzada más endeudada, sólo por detrás de Japón (367,3%).