De Minecraft a los primeros negocios
La curiosidad por los videojuegos pronto se convirtió en una inquietud emprendedora. Cuando todavía era menor de edad, Rinaldi creó un pequeño comercio electrónico dedicado a la reventa de placas de video y otros componentes informáticos. Su objetivo era reunir el dinero necesario para construir su primera computadora gamer.
El negocio funcionó durante un tiempo, pero terminó cerrando cuando las restricciones a las importaciones complicaron el abastecimiento de productos. Como todavía no tenía edad suficiente para operar comercialmente por su cuenta, realizaba las ventas a nombre de su padre.
Después llegó una etapa inesperada: la política. Durante su adolescencia participó en la organización estudiantil de Punilla, en Córdoba, donde descubrió una nueva aplicación para sus conocimientos tecnológicos: el análisis de datos. Comenzó a estudiar ciencia de datos y aprendizaje automático con la intención de aplicarlos al análisis electoral, pero pronto abandonaría la actividad política para conseguir su primer trabajo como científico de datos.
Su formación fue principalmente autodidacta. Aunque cursó un año de Economía en la Universidad Nacional de Córdoba, asegura que nunca terminó de adaptarse a los esquemas educativos tradicionales. La experiencia laboral le permitió conocer de cerca el funcionamiento del machine learning, pero también lo llevó a preguntarse qué tecnologías podrían transformar el sector en los próximos años.
Fue entonces cuando descubrió los modelos de lenguaje basados en la arquitectura Transformer y comenzó a experimentar con las primeras versiones de ChatGPT en 2022.
La propuesta de ChatGPT de generar respuestas y contenido a partir de instrucciones escritas logró impactarlo. Mientras los sistemas tradicionales de aprendizaje automático requerían grandes cantidades de datos para resolver determinadas tareas, los nuevos modelos podían producir resultados a partir de indicaciones relativamente simples.
Rinaldi decidió que quería dedicarse a explorar sus aplicaciones comerciales.
Antes de encontrar un modelo de negocio viable, sin embargo, atravesó otro fracaso: fundó una empresa de desarrollo de software que llegó a tener un equipo de diez personas, pero terminó cerrando después de una serie de dificultades comerciales y diferencias con su socio.
Lejos de abandonar el sector, volvió a empezar.
Más de veinte intentos antes de encontrar el negocio
El camino hacia Laburen.com estuvo lejos de ser inmediato.
Rinaldi comenzó a construir pequeños prototipos de software basados en inteligencia artificial y a probarlos directamente con potenciales clientes. Desarrolló asistentes, herramientas de automatización y aplicaciones que buscaban incorporar modelos de lenguaje a servicios existentes.
Según recuerda, probó 23 ideas de negocio sin conseguir los resultados que esperaba. La siguiente propuesta cambió su trayectoria.
Se trataba de un sistema de atención al cliente basado en inteligencia artificial, diseñado inicialmente para pequeñas y medianas empresas vinculadas con repuestos y actividades industriales. La herramienta buscaba reemplazar los chatbots tradicionales por agentes capaces de mantener conversaciones más naturales y responder consultas comerciales.
"En una semana conseguí lo que no había conseguido en tres meses con lo demás", recordó.
En apenas siete días consiguió cuatro clientes, suficientes para sostener económicamente el proyecto y demostrar que existía una oportunidad de mercado. Aquella primera herramienta fue el antecedente de Laburen, que adoptó su identidad actual en 2023 y comenzó a evolucionar hacia un modelo de negocio más complejo.
La aparición de ChatGPT aceleró el interés de las empresas por estas soluciones. De pronto, compañías que nunca habían considerado incorporar inteligencia artificial comenzaron a buscar aplicaciones para sus operaciones. Pero Rinaldi descubrió que había una diferencia enorme entre vender una herramienta y lograr que una organización la utilizara efectivamente.
Muchas empresas contrataban la plataforma, pero sus equipos no conseguían integrarla a los procesos existentes. Los problemas podían ser técnicos, organizacionales o simplemente culturales.
La solución fue modificar el modelo de negocio.
En lugar de limitarse a comercializar software, Laburen comenzó a incorporar especialistas que trabajan directamente con sus clientes para identificar oportunidades de automatización, desarrollar los agentes y acompañar su implementación.
El modelo está inspirado en los Forward Deployed Engineers (FDE), profesionales técnicos que se integran temporalmente a las operaciones de una compañía para resolver problemas específicos.
"Nosotros nos hacemos cargo de todo el quilombo técnico y hasta a veces hablamos del proceso, rediseñamos el proceso, optimizamos la compañía y lo gestionamos", explicó.
Qué hacen los agentes de IA de Laburen.com
Actualmente, la startup trabaja con compañías de diferentes sectores, entre ellos la industria automotriz con gigantes como Ford y Audi, el alquiler de vehículos, la logística, la industria manufacturera y el comercio electrónico.
Sus agentes pueden intervenir en tareas como responder consultas comerciales, realizar cotizaciones, gestionar reservas, consultar inventarios, actualizar sistemas internos o procesar documentación administrativa.
En el sector automotriz, uno de los mercados donde la empresa asegura haber desarrollado mayor experiencia, Laburen trabaja en soluciones para concesionarios y otras organizaciones vinculadas con la comercialización de vehículos.
Rinaldi comentó que la empresa está desarrollando un conjunto de agentes adaptables a distintas marcas, capaces de intervenir en procesos de venta, posventa y administración.
La idea es que una concesionaria pueda incorporar estas herramientas sin tener que desarrollar desde cero cada solución.
Sin embargo, el fundador insiste en que el éxito de la inteligencia artificial empresarial no debería medirse por la cantidad de agentes implementados.
Según cuenta, en la plataforma de Laburen.com se han creado alrededor de 5.000 agentes, incluyendo los desarrollados por clientes mediante herramientas de autoservicio. Pero reconoce que sólo una pequeña proporción produce un impacto económico verdaderamente significativo.
Para él, la clave está en identificar los procesos donde la automatización puede generar mayores beneficios.
Empresas híbridas, criterio e iniciativa
Aunque el debate internacional comienza a plantear la posibilidad de crear compañías completamente administradas por sistemas autónomos, Rinaldi considera que el futuro inmediato será diferente.
"Yo, en realidad, me defino como una empresa que construye compañías híbridas, híbridas entre empleados de AI y empleados humanos", defendió.
La diferencia es importante.
En lugar de incorporar la inteligencia artificial como una herramienta adicional que los trabajadores utilizan ocasionalmente, Laburen.com propone integrarla directamente a la estructura operativa de las organizaciones. En ese esquema, los agentes pueden asumir responsabilidades específicas, colaborar con diferentes áreas y solicitar intervención humana cuando encuentran situaciones que no pueden resolver.
Rinaldi ofrece un ejemplo: un agente encargado de procesar remitos podría resolver automáticamente el 95% de los documentos y derivar el 5% restante a un trabajador.
Para que el sistema funcione, sin embargo, no alcanza con que la tecnología sea eficiente. También es necesario que los empleados comprendan cómo colaborar con ella.
Según el emprendedor, la incorporación de agentes puede generar incertidumbre entre los trabajadores, especialmente cuando comienzan a ver que una parte importante de sus tareas habituales pasa a ser ejecutada por una máquina.
El problema se profundiza cuando las empresas no comunican claramente qué nuevas responsabilidades tendrán esas personas.
Por eso, además de ingenieros, Laburen.com incorpora especialistas en estrategia de implementación que acompañan a los equipos humanos, reorganizan procesos y ayudan a definir nuevas funciones.
La transformación, asegura, es tanto tecnológica como cultural.
Rinaldi comunicó que está incorporando nuevos perfiles profesionales, pero que ya no busca exclusivamente programadores capaces de escribir código.
El desarrollo de software continúa siendo importante, aunque el diferencial comienza a desplazarse hacia otras capacidades: comprender el funcionamiento de un negocio, identificar problemas, diseñar soluciones y gestionar relaciones humanas.
"Yo creo que vamos a necesitar muchísimos más humanos de lo que tenemos, con criterio, con capacidad analítica y con mucha iniciativa", sostuvo.