Negocios

La máquina que aprendió a fabricar llaves

El mundo entró en una carrera donde reparar rápido dejó de ser una virtud y pasó a ser la única forma de sobrevivir

Por  Mookie Tenembaum

Imagine el lector una ciudad hecha de casas, y cada programa que usa en su teléfono es una de esas unidades con sus puertas y una cerradura. Los programadores construyen esos cerrojos con el mayor cuidado posible. Pero los desarrolladores modernos tienen millones de líneas de código, que son sus ladrillos, y entre tanto material siempre queda algo flojo. A esa cerradura defectuosa, los técnicos la llaman vulnerabilidad. Significa que existe una puerta que puede abrirse sin permiso.

Ahora bien, hay dos oficios distintos alrededor de esa puerta. El primero es el del inspector, como quien recorre la casa, examina cada cerrojo y descubre cuál está fallado. El segundo es el del transgresor, una vez que alguien le señala la cerradura fallada, fabrica la llave exacta que la abre. Descubrir el defecto y fabricar la llave son habilidades separadas. Un ladrón necesita las dos para entrar.

Durante años, los ataques informáticos dependieron de personas. Inspectores humanos buscando defectos y cerrajeros creando llaves. Eran pocos, caros y lentos. Sin embargo, lo que cambió en 2026 es que una máquina aprendió los dos oficios.

En abril de 2026 la empresa Anthropic, una de las grandes compañías de inteligencia artificial (IA) del mundo, presentó un modelo llamado Claude Mythos Preview. Un algoritmo de IA es, para simplificar, un cerebro artificial entrenado con la lectura de cantidades inmensas de texto y código. La misma empresa explicó que estos sistemas alcanzaron un nivel donde superan a casi todos los humanos en encontrar y aprovechar fallas de programas. La decisión que tomó fue insólita porque no lo vendió al público, sino que lo reservó para un grupo selecto de compañías dentro de una iniciativa de ciberseguridad llamada Proyecto Glasswing. Se trata de un programa dotado con más de 100 millones de dólares en créditos para que empresas como Amazon, Mozilla o Cloudflare revisaran sus propias casas antes de que alguien más lo hiciera.

Después, el 9 de junio de 2026, la empresa dio el paso siguiente, y lanzó dos versiones del mismo cerebro, Claude Mythos 5, de acceso restringido para profesionales verificados, y Claude Fable 5, una versión para el público general que desvía las preguntas peligrosas hacia un modelo menos capaz. Sería como decir que es el mismo perro, pero la versión pública sale a la calle con bozal.

Aquí nació la polémica porque los escépticos dijeron que todo era propaganda. Argumentaron que otros modelos ya hacían cosas parecidas y el mundo no se incendió. Por lo tanto, ¿quién tenía razón?

Para responder se debe examinar una prueba estandarizada de IA, lo que en la jerga se llama benchmark. Es un examen en el que a cada modelo se le presentan los mismos problemas y se cuenta cuántos resuelve. Estos exámenes envejecen y cuando todos los alumnos sacan 10, el examen ya no distingue al bueno del genio. A eso se le llama saturación y buena parte de la confusión inicial vino de ahí porque se comparó a Mythos con sus rivales usando exámenes que casi todos aprobaban, y en un cotejo donde todos aprueban nadie parece especial. Cuando aparecieron evaluaciones nuevas y más difíciles, la diferencia se hizo visible.

Y, volviendo a la analogía de las casas y cerraduras, la diferencia fue contundente en el oficio del cerrajero. En la tarea de fabricar la llave, es decir, de convertir un defecto conocido en una intrusión real, Mythos resultó superior a todo lo conocido. Las pruebas independientes lo ubicaron alrededor de siete meses por delante de la tendencia que la industria venía siguiendo. Para un sector donde los avances se miden en semanas, este tiempo es una eternidad. En pruebas recientes, el modelo necesitó apenas 31 minutos para fabricar una llave contra una falla ya conocida del sistema Windows. Estas tareas antes exigían días de un especialista de élite, pero ahora están reducidas a la duración de un almuerzo.

En el otro oficio, el del inspector, el cuadro es más turbio. Es cierto que las empresas del Proyecto Glasswing reportaron una avalancha de defectos descubiertos porque los hallazgos graves superaron la base del año anterior en 142% en abril y en 262% en mayo. Pero estos números no son un indicador, ya que si una ciudad contrata de golpe a 1.000 inspectores nuevos, encontrará más cerraduras falladas aunque las revisiones no sean mejores que las anteriores. El programa inyectó dinero y atención como nunca antes, y resulta imposible separar cuánto del aumento se debe al talento de la máquina y cuánto al tamaño del despliegue.

Además, existe un pequeño programa llamado Curl que viaja dentro de casi todos los aparatos del planeta. Es una de las casas más inspeccionadas de la historia con décadas de revisiones tanto humanas como automáticas. Cuando Mythos la recorrió, encontró apenas un defecto menor y dio cuatro falsas alarmas. Su responsable declaró que no vio evidencia de que la nueva máquina encontrara nada que las herramientas previas no hubieran hallado. La lección establece que donde los inspectores ya pasaron muchas veces, un nuevo chequeo no hace milagros.

Donde sí hace algo nuevo es en la calidad del aviso. Los detectores automáticos anteriores eran como ese vecino que llama a los bomberos cada vez que alguien enciende una parrilla. Gritaban “falla” constantemente y obligaban a expertos humanos a verificar cada grito, casi siempre en vano. Mythos alarma poco y casi siempre con razón, porque sabe fabricar la llave y cuando sospecha de una cerradura, intenta abrirla, y si la abre, la falla es real. Esa baja tasa de alertas falsas vale oro, porque el recurso más escaso de la seguridad informática no son las máquinas sino las horas de los pocos humanos que saben mirar.

El balance, entonces, admite que la máquina no revolucionó el arte de encontrar puertas débiles, donde ya era buena y el dinero infló las cifras. Sin embargo, cambió la manera de fabricar llaves, donde el salto fue enorme y verificable.

¿Qué significa esto para el lector que no posee una empresa de tecnología? Expresa que el tiempo cambió de bando. Es decir, antes, cuando se descubría una cerradura fallada, los dueños de la casa disponían de semanas o meses para cambiarla, porque fabricar la llave era difícil. Ahora la clave puede generarse en menos de una hora, por lo tanto el mundo entró en una carrera donde reparar rápido dejó de ser una virtud y pasó a ser la única forma de sobrevivir. Las empresas que tarden meses en cambiar sus cerraduras vivirán, sin saberlo, con la puerta abierta.

Las cosas como son.

Mookie Tenembaum aborda temas de tecnología como este todas las semanas junto a Claudio Zuchovicki en su podcast La Inteligencia Artificial, Perspectivas Financieras, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.

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  • Qué se investiga en cada expediente. "Hotesur" indaga si fondos de la obra pública vial en Santa Cruz adjudicada al Grupo Báez fueron canalizados a través de los hoteles Alto Calafate y Las Dunas. "Los Sauces" apunta a pagos del Grupo Báez y el Grupo Indalo por más de $25,9 millones entre 2009 y 2016 en concepto de alquileres, con Lázaro Báez y Cristóbal López también acusados.
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