Durante el primer fin de semana de la temporada 2026/27 de la NFL, coincidente con las definiciones del US Open de tenis, dos plataformas digitales operaron más de 5.657 millones de dólares en apenas 48 horas. No fueron casas de apuestas: se presentan como mercados financieros. Kalshi y Polymarket, las dos firmas que lideran esta industria, venden contratos que se compran y se venden como acciones, y cuyo precio —entre uno y noventa y nueve centavos— refleja la probabilidad que el mercado le asigna a un resultado deportivo, electoral o climático.
El fenómeno, que un informe reciente de la consultora Big Data Sports describe como "el nuevo dinero que revoluciona al deporte", tuvo en el Mundial 2026 su bautismo de fuego. Según datos recopilados por el sitio especializado Sportico y por la firma de análisis The Block, el volumen combinado de las dos plataformas pasó de menos de 5.000 millones de dólares mensuales en septiembre de 2025 a 44.800 millones en junio de 2026, apenas al arranque del torneo. Kalshi por sí sola declaró 27.000 millones de dólares asociados al Mundial y tres millones de usuarios nuevos, el doble de lo que había proyectado.
Las plataformas y sus dueños
Detrás de Kalshi está Tarek Mansour, un ingeniero libanés-estadounidense de 29 años con un perfil de manual de escuela de negocios: nació en California, se crió en Líbano, estudió matemática y ciencias de la computación en el MIT y trabajó como trader cuantitativo en Goldman Sachs y en Citadel. Fue ahí, según cuenta él mismo, donde notó que buena parte de la actividad bursátil institucional en realidad era apostar a eventos binarios —una elección, una decisión de tasas— disfrazados de productos financieros complejos. En 2018 fundó Kalshi junto a Luana Lopes Lara, compañera del MIT, y la empresa obtuvo en 2020 el registro de la Comisión de Comercio de Futuros de Materias Primas de Estados Unidos (CFTC), lo que la convirtió en el primer exchange de este tipo regulado a nivel federal. Hoy Mansour es multimillonario, con un patrimonio estimado en 2.600 millones de dólares.
Polymarket, en cambio, tiene detrás una historia bastante más accidentada. Su fundador, Shayne Coplan, abandonó sus estudios en Nueva York y a los 20 años lanzó la plataforma, en 2020, usando tecnología blockchain y la moneda estable USDC. En 2022 la empresa pagó una multa de 1,4 millones de dólares a la CFTC por operar mercados de eventos sin registrar, y se comprometió a bloquear el acceso a usuarios estadounidenses. Días después de la elección presidencial de 2024 —en la que Polymarket ganó una visibilidad inédita—, el FBI allanó el departamento de Coplan en Manhattan y secuestró sus dispositivos, en el marco de una investigación por presunto incumplimiento de ese compromiso. La causa se cerró sin cargos tras el recambio de administración en 2025, y Polymarket volvió a operar en Estados Unidos de forma regulada mediante la compra de una cámara de compensación con licencia. En poco más de un año, Coplan pasó de tener al FBI en la puerta de su casa a ser invitado a una cumbre de criptoactivos en la Casa Blanca. Su patrimonio ronda hoy los 1.000 millones de dólares.
Escala y poder de fuego
La magnitud del negocio no se mide solo en volumen operado, sino también en la capacidad de instalarse en la conversación pública. Kalshi gastó unos 32 millones de dólares en publicidad televisiva nacional en Estados Unidos durante 2026, sin contar lo que pagó a celebridades como Timothée Chalamet para sus campañas. Durante las transmisiones en vivo del Mundial, Polymarket emitió 45 comerciales y Kalshi 36; el resto de la industria de apuestas deportiva estadounidense, combinada, sumó apenas 22.
Ese despliegue coincidió con una ofensiva de validación institucional. La FIFA incorporó a la firma ADI Predictstreet como su primer socio oficial de "mercados de predicción" para el Mundial 2026, aunque el informe de Big Data Sports señala que el volumen operado por esa plataforma quedó muy por debajo del de Kalshi y Polymarket, y que el torneo dejó denuncias de usuarios por premios y problemas técnicos. Polymarket, por su parte, firmó acuerdos de comercialización con LaLiga, la Serie A, la MLS y la UFC, y Kalshi pasó a ser auspiciante regional de la Selección argentina y puso su nombre en el Madison Square Garden a través del "Kalshi Concourse".
El negocio también atrajo a los gigantes tradicionales de las apuestas, que en lugar de resistir el modelo optaron por absorberlo. Fanatics lanzó su propia unidad de mercados de predicción integrada a su moneda de fidelización, DraftKings desarrolló el producto Predictions dentro de su súper app, y Robinhood multiplicó por diez sus ingresos por contratos de eventos hasta los 156 millones de dólares, impulsada en parte por el Mundial. Según cifras de Pew Research Center, un centro de estudios sin fines de lucro, los deportes representaron el 80% del volumen total operado en Kalshi desde julio de 2024, muy por encima de otros rubros como política o criptomonedas.
Los argumentos a favor
Los fundadores de estas plataformas construyeron su discurso comercial sobre una crítica puntual a las casas de apuestas de siempre. "Los sportsbooks están diseñados para que los clientes pierdan. Cuando un cliente gana, lo bloquean", dijo Mansour, según recoge el informe de Big Data Sports. Coplan fue más filoso todavía: comparó a las casas de apuestas tradicionales con un "bucket shop", término que en las finanzas designa a un operador que nunca ejecuta la orden del cliente y gana cuando este pierde.
La lógica de venta es simple: en un exchange, comprador y vendedor negocian entre sí y la plataforma solo cobra una comisión por facilitar la operación, en lugar de fijar cuotas unilaterales y quedarse con el margen como hace una casa de apuestas clásica. Esa diferencia de diseño le permitió a Kalshi presentarse ante la CFTC y no ante los organismos de juego de cada estado, lo que le abrió la puerta a operar en territorios donde las apuestas deportivas siguen prohibidas.
Una apuesta con traje de trading
Ahí empieza la discusión de fondo, y es la que más preocupa a especialistas en salud pública, legisladores y a parte de la propia industria del juego: ¿alcanza con envolver una apuesta en el lenguaje de las finanzas para que deje de serlo? "Es exactamente lo mismo que apostar en deportes, solo que usan otras palabras", planteó el legislador estadounidense Pat Garofalo, citado por el medio Axios. En esa línea, Minnesota sancionó en mayo una ley que directamente prohíbe los mercados de predicción en su territorio; la CFTC salió de inmediato a impugnarla ante la Justicia federal, argumentando que la regulación de derivados es de competencia exclusivamente federal.
Un estudio publicado este año en la revista Science fue categórico al describir a estos productos como una amenaza para la salud pública, por el diseño gamificado y la falta de marcos regulatorios adecuados para prevenir una nueva forma de adicción conductual. El riesgo, según especialistas en adicciones, es que el vocabulario financiero —"comprar contratos", "operar posiciones", "probabilidades" en lugar de "cuotas"— hace que la actividad se perciba como más racional e intelectual que una apuesta convencional, y por lo tanto menos riesgosa, aunque el mecanismo de fondo —dinero real, resultado incierto, recompensa inmediata— sea idéntico.
El propio informe de Big Data Sports identifica un problema adicional, específico del deporte: la posibilidad de que información privilegiada —una lesión, un cambio táctico, una decisión arbitral— se filtre antes de hacerse pública y sea aprovechada por operadores con acceso privilegiado. Una investigación académica sobre Polymarket citada en ese informe calculó que mover artificialmente un mercado prominente para captar atención mediática cuesta apenas alrededor de un millón de dólares, una cifra baja si se la compara con el negocio en juego.
La reacción regulatoria fuera de Estados Unidos fue, en general, más restrictiva. Francia bloqueó el acceso a Polymarket, España e Italia tomaron medidas contra plataformas de predicción, y la Autoridad Europea de Valores y Mercados (ESMA) advirtió sobre riesgos de manipulación y de uso de información privilegiada. En América Latina, Brasil bloqueó tanto a Polymarket como a Kalshi, y la Argentina hizo lo propio con Polymarket, al considerarla una plataforma de apuestas sin licencia. India también bloqueó estas plataformas dentro de su nuevo marco de regulación del juego online.