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"Rastacueros": cuando los argentinos fueron los nuevos ricos que fascinaron y espantaron a Europa

Entre 1880 y 1914, la riqueza argentina fue tan notoria que París acuñó dos términos contradictorios para definir a sus élites.

Eugenio Palopoli

Los franceses inventaron dos expresiones para hablar de los argentinos ricos que desembarcaron en París durante la Belle Époque. Una los elogiaba: "rico como un argentino". La otra los despreciaba: "rastaquouère", que derivó en nuestro "rastacuero". Esta contradicción lingüística reveló la ambivalencia europea hacia un fenómeno que duró apenas tres décadas pero marcó para siempre la imagen internacional del país.

Entre 1880 y 1914, Argentina se transformó en una de las economías más prósperas del planeta. El modelo agroexportador generó fortunas descomunales que convirtieron a Buenos Aires en una ciudad cosmopolita y a su élite en protagonista de los salones parisinos. Los estancieros argentinos no solo exportaban carne y trigo: exportaban su riqueza hacia Europa, donde la gastaban con una ostentación que llamaba la atención de propios y extraños.

El término "rastaquouère" nació en Francia para designar específicamente a los sudamericanos ricos, principalmente argentinos y chilenos, que llegaban al Viejo Continente en los mismos barcos que transportaban cueros de vaca en sus bodegas. La etimología popular sugiere que estos nuevos ricos venían "arrastrando" (traînant) sus cueros (cuirs), aunque la explicación más probable vincula la palabra con el español "arrastrar" y una deformación de "cuero". Los franceses usaban el término con una mezcla de fascinación y desdén hacia estos millonarios de origen exótico que competían con la aristocracia europea en sus propios territorios.

"Rico como un argentino"

París se convirtió en el escenario privilegiado del rastacuerismo. Las familias patricias argentinas establecieron residencias en los barrios más elegantes, enviaron a sus hijos a estudiar a las mejores universidades francesas y compraron palacetes que rivalizaban con los de la nobleza local. El Jockey Club de Buenos Aires tenía su correlato en los clubes parisinos, donde los estancieros argentinos se codeaban con banqueros europeos y aristócratas en decadencia.

La prensa francesa de la época documentó este fenómeno con una mezcla de admiración y burla. Los periódicos relataban las fiestas fastuosas organizadas por los argentinos, sus compras millonarias en las casas de moda más exclusivas y su afición por los automóviles de lujo y los caballos de carrera. Sin embargo, bajo la fascinación se escondía cierto desprecio de clase: estos millonarios sudamericanos eran ricos, pero no tenían el refinamiento de siglos que caracterizaba a la aristocracia europea.

La expresión "rico como un argentino" surgió en este contexto y se popularizó hasta convertirse en un lugar común del francés coloquial. La frase reconocía una realidad económica innegable: Argentina tenía una riqueza per cápita comparable a la de Estados Unidos y superior a la de muchos países europeos. El país exportaba el 40% de la carne vacuna mundial y era el granero del planeta, lo que generaba un flujo de divisas que se traducía en un poder adquisitivo extraordinario para sus élites.

Sin embargo, el rastacuerismo también generó tensiones culturales profundas. Los argentinos adinerados que se instalaban en París vivían una paradoja constante: buscaban el reconocimiento de la alta sociedad europea, pero al mismo tiempo eran percibidos como advenedizos sin pedigrí. Esta tensión se manifestaba en comportamientos compensatorios: el exceso en el lujo, la ostentación desmedida y la adopción exagerada de los códigos europeos.

La literatura de la época capturó estas contradicciones. Escritores como Paul Bourget incluyeron personajes inspirados en los rastacueros sudamericanos en sus novelas, retratándolos como figuras pintorescas que oscilaban entre lo cómico y lo patético. El fenómeno fue tan significativo que décadas después motivó estudios académicos como La figura del rastaquouère: Viaje y literaturas periféricas (1880-1915), que analiza cómo diversos autores franceses procesaron literariamente este encuentro cultural. En Argentina, el escándalo llegó temprano: en 1890, Alberto Del Solar publicó en Buenos Aires la novela Rastaquouère; ilusiones y desengaños sudamericanos en París, que generó un verdadero revuelo y más de un duelo. Roberto Payró también abordó el tema en Divertidas aventuras del nieto de Juan Moreira, una sátira sobre el arribismo criollo que buscaba respetabilidad europea.

Familias y fortunas

Los nombres propios del rastacuerismo revelan el alcance del fenómeno. Las familias Anchorena, Alvear, Unzué, Ortiz Basualdo y Errázuriz fueron protagonistas centrales de esta época. Quizás el matrimonio transoceánico que provocó mayor revuelo fue el de Juanita Díaz de Unzué (una humilde huérfana, hija adoptiva de Saturnino Unzué) con el duque de Luynes. La boda de esta joven argentina con Phillippe d'Albert de Luynes, integrante de una de las familias francesas más ilustres, con una sucesión de títulos nobiliarios, ejemplificó la estrategia matrimonial de las élites criollas para insertarse en la aristocracia europea.

Las residencias que estas familias construyeron tanto en Buenos Aires como en París fueron monumentos al rastacuerismo. Entre los años 1914 y 1916 la familia formada por Inés Dorrego, Saturnino J. Unzué y María Juana Díaz Unzué construyó su residencia en la ciudad de Buenos Aires sobre la calle Cerrito frente a la Plaza Libertad. Fue diseñada por el arquitecto francés René Sergent, el mismo que proyectó varios palacetes para la élite argentina y que también fue el arquitecto de los Palacio Bosch, Sans Souci, y de la mansión Álzaga Unzué.

El fenómeno del rastacuerismo también tuvo una dimensión de género particular. Las mujeres de la élite argentina se convirtieron en figuras centrales de este proceso, ya que eran ellas quienes principalmente se encargaban de la representación social en Europa. Organizaban salones, patroneaban artistas y establecían alianzas matrimoniales que buscaban legitimar la posición de sus familias en la sociedad internacional.

La Primera Guerra Mundial marcó el principio del fin de esta época dorada. El conflicto europeo alteró los mercados internacionales, modificó las rutas comerciales y puso en crisis el modelo agroexportador argentino. Paradójicamente, mientras Europa se desangraba en las trincheras, Argentina siguió prosperando como proveedora de alimentos para los ejércitos en guerra, pero el mundo que había dado origen al rastacuerismo comenzó a desmoronarse.

El crack de Wall Street de 1929 y la subsiguiente crisis económica mundial sepultaron definitivamente este período. Los términos "rastaquouère" y "rico como un argentino" perdieron su vigencia cuando las economías centrales colapsaron y arrastraron al modelo primario exportador argentino. El golpe militar del 6 de septiembre de 1930 inauguró una era política más oscura, pero los cambios profundos ya venían gestándose en la economía internacional desde la década anterior.

El rastacuerismo dejó huellas profundas en la cultura argentina. Instaló la idea de que el reconocimiento internacional era fundamental para la legitimación social interna, un patrón que se repetiría en diferentes contextos históricos. También consolidó cierta ambivalencia hacia Europa: el deseo de ser aceptados por el Viejo Continente convivía con el resentimiento hacia su condescendencia.

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  • Discontinuo. El documento registró discontinuidades abruptas e inconsistencias acústicas incompatibles con una grabación continua.
  • Dudas. Esas particularidades podrían corresponder a intervenciones, cortes o procesos de edición realizados con posterioridad al registro original.
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YPF ganó U$S 2.503 millones en el tercer trimestre, un 84% más que un año atrás

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