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Donald Trump lleva cuarenta años pensando lo mismo

Y por qué eso nos dice algo útil pero no lo que creemos.

Mookie Tenembaum

Hay una trampa intelectual recurrente en el análisis político, y es detectar un comportamiento repetido y elevarlo a explicación. Se lo etiqueta como “patrón histórico” y se lo trata como si tuviera capacidad predictiva. Sin embargo, es sólo una descripción de regularidades pasadas. La diferencia entre describir y explicar marca el límite entre análisis y narrativa. Y con Donald Trump e Irán, esa confusión aparece con claridad.

En 1987, Trump pagó casi 100.000 dólares para publicar avisos de página completa en tres diarios estadounidenses. El eje era la presencia de Estados Unidos en el Golfo Pérsico durante la guerra Irán-Irak. Su planteo era que escoltar buques de terceros con petróleo innecesario para Estados Unidos no generaba un beneficio proporcional.

En 1988, en entrevistas, fue más explícito y señaló que ante un ataque a activos estadounidenses respondería sobre la Isla Kharg. Este territorio es el principal nodo de exportación de crudo iraní. Históricamente canalizó cerca del 90% de las exportaciones de petróleo del país. Interrumpir esa infraestructura implica afectar de manera directa el flujo de divisas de Irán.

Ese planteo aparece hoy, décadas después, en un contexto donde quien lo formula tiene capacidad de ejecución estatal.

La tentación del “ya lo sabíamos”

Cuando un actor en el poder actúa de acuerdo con posiciones sostenidas durante décadas, surge la lectura retrospectiva de inevitabilidad. Es una conclusión cómoda y técnicamente cierta en un sentido limitado. El problema es que confunde continuidad de intención con repetición de resultado.

La llamada “historia que se repite” funciona como atajo porque identifica similitudes entre momentos distintos y las trata como equivalencias. En la práctica, lo que existe es analogía bajo condiciones distintas. La historia describe lo que ocurrió bajo un conjunto específico de variables. No garantiza que esas variables sigan presentes, y el punto relevante es si el entorno en el que se aplica es comparable. En este caso, no lo es en dimensiones clave.

Lo que cambió y el análisis por patrón ignora

La Isla Kharg sigue siendo crítica, pero su centralidad operativa es menor que en los años ochenta. Irán desarrolló redundancias parciales con terminales alternativas como Jask en el Golfo de Omán, el uso de transferencias de barco a barco, y redes de intermediación que permiten exportaciones aun bajo presión. Kharg es el principal punto de salida, aunque ya no es un cuello de botella único.

El vínculo energético con China es hoy estructural porque absorbe una porción relevante del crudo iraní mediante esquemas directos e indirectos, con descuentos y mecanismos de pago adaptados a sanciones. Esto introduce un tercer actor con capacidad de respuesta económica y diplomática. Una disrupción del flujo desde el Golfo afecta de manera directa a la segunda economía del mundo y, por extensión, a cadenas de suministro globales.

La arquitectura interna iraní es más compleja. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) consolidó un rol económico y operativo que convive con el ejército regular y con instituciones civiles. La toma de decisiones no responde a una única cadena jerárquica simple. En escenarios de presión externa, esa estructura puede producir respuestas no lineales con coordinación, competencia o fragmentación, según incentivos internos.

El entorno energético global también es distinto porque Estados Unidos incrementó su producción y capacidad exportadora. Entre tanto, Europa, Japón, Corea del Sur, India y China mantienen alta dependencia de flujos del Golfo. El Estrecho de Ormuz concentra una proporción significativa del tránsito marítimo de petróleo. Cualquier interrupción relevante impacta precios, primas de riesgo y disponibilidad de transporte, con efectos en múltiples economías de forma simultánea.

La dimensión operativa también cambió. Irán desarrolló capacidades asimétricas que incluyen misiles balísticos de medio alcance, vehículos aéreos no tripulados y activos navales ligeros para operaciones de denegación de acceso. Aun con inferioridad convencional, puede elevar el costo de cualquier intervención directa y afectar rutas marítimas mediante acciones distribuidas.

¿Para qué sirve identificar un patrón?

La utilidad está en aislar variables que sí son transferibles. En este caso, la dimensión psicológica y de negociación de Trump muestra estabilidad en el tiempo.

Primero, la preferencia por ultimátums con plazos definidos y por la escalada frente a la resistencia. Esto permite anticipar la dinámica del proceso con anuncios públicos, secuencias de presión creciente y baja probabilidad de desescalada silenciosa.

Segundo, el tratamiento de aliados como actores que deben internalizar costos. Dado que varias economías aliadas dependen del flujo energético del Golfo más que Estados Unidos, una disrupción puede transformarse en instrumento de presión para reconfigurar contribuciones y alineamientos.

Tercero, la hipótesis de rendición bajo presión superior. Este supuesto tuvo resultados heterogéneos en la región. Actores estatales y no estatales sostuvieron una resistencia prolongada aun con pérdidas materiales, priorizando supervivencia política y cohesión interna.

Sin embargo, existen incertidumbres que el análisis por patrón no resuelve.

No hay certeza sobre el grado de cohesión interna del sistema iraní ante una campaña sostenida. La interacción entre CGRI, fuerzas regulares y esfera civil puede producir respuestas distintas según el tipo y la intensidad de la presión.

No es posible anticipar la reacción de China ante una pausa relevante de su abastecimiento. Las opciones van desde absorción de costos mediante reservas estratégicas y reconfiguración de compras, hasta presión diplomática o medidas económicas sobre terceros.

Tampoco es determinable la conducta de aliados con alta dependencia energética. La respuesta puede variar entre alineamiento con la presión, búsqueda de canales alternativos de suministro o intentos de mediación para estabilizar flujos.

No está definido el umbral de escalada máxima del propio decisor. La existencia o no de un punto de contención condiciona la trayectoria del conflicto.

El uso correcto de la historia

La historia funciona como un laboratorio. Permite la identificación de relaciones causales robustas y condiciones bajo las cuales ciertas estrategias funcionaron o fallaron, pero no es un oráculo.

Aplicado a este caso, el registro de consistencia ideológica permite anticipar formas de acción tales como escalada antes que retroceso, externalización de costos hacia aliados y preferencia por resultados presentados como victoria. No sirve para inferir el desenlace bajo un sistema internacional distinto, con actores adicionales, capacidades tecnológicas diferentes y dependencias cruzadas más complejas.

La pregunta relevante es qué variables actuales determinan si ese comportamiento producirá efectos equivalentes o divergentes respecto del pasado.

Las lecciones históricas tienen valor cuando delimitan qué observar. En este caso, obligan a seguir de cerca la resiliencia de las rutas de exportación iraníes, la respuesta económica de China, la elasticidad de la demanda energética de aliados y la capacidad de Irán para elevar costos operativos en el Golfo. Esas variables, no la repetición de una postura, son las que condicionan el resultado.

Las cosas como son.

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Malvinas: el Gobierno evalúa sumar la pesca al régimen de sanciones

Presidencia
  • Ampliación del proyecto de sanciones. En el marco de la Ley de Defensa de la Soberanía Nacional que se enviará al Congreso, la Casa Rosada analiza extender el esquema de sanciones —hoy centrado en las petroleras— a la actividad pesquera vinculada a licencias británicas en Malvinas.
  • Un reclamo que viene del sector. La Fundación Latinoamericana de Sostenibilidad Pesquera y el peronismo piden aplicar a la pesca el mismo criterio que se usa contra las empresas que operan en la exploración de hidrocarburos sin autorización argentina.
  • Una herramienta legal que ya existe. Desde 2008, el artículo 27 bis de la Ley Federal de Pesca exige a quienes tienen cuotas o licencias en el país declarar que no tienen vínculos con buques que pesquen sin permiso argentino en Malvinas, bajo pena de perder esos permisos.
  • El antecedente con las petroleras. Tras la cadena nacional del 3 de septiembre, Cancillería denunció a 60 empresas y personas vinculadas a proyectos petroleros como Sea Lion, alcanzando también a accionistas, directores y proveedores.
  • Presentación en Diputados. El proyecto ingresará el próximo lunes por la Cámara baja, con Presti (Defensa) y Quirno (Cancillería) como posibles expositores; el oficialismo espera que el tratamiento comience entre fines de septiembre y principios de octubre.

Marc Jacobs, Michael Kors y otras marcas desembarcan en el nuevo shopping OH! Buenos Aires

  • Nuevo centro comercial en Recoleta. Prevé abrir sus puertas en los próximos meses en el predio del ex Buenos Aires Design, contando con 30.000 metros cuadrados, 110 locales y 30 propuestas gastronómicas.

  • Llegada de etiquetas inéditas al país. Firmas internacionales como Stella McCartney, Off-White, Golden Goose, Palm Angels, Scotch & Soda, Dsquared2 y Mandarina Duck tendrán por primera vez locales en la Argentina.

  • Moda automotriz y un esperado regreso. Maserati estrenará un espacio exclusivo destinado a su línea de indumentaria y accesorios, mientras que la firma francesa de trajes de baño Vilebrequin volverá a operar en el país.

  • Impulso importador y capitales nacionales. La llegada de estas grandes marcas globales se da en el marco de la reciente apertura de importaciones, dentro de un proyecto financiado por el grupo argentino Hatzlaja.