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Economía

"Subsidio Cruzado": ¿Cómo ahorrar hasta $ 334.000 por mes?

Cuando se paga menos por algo alguien lo está haciendo, en algún lugar de la cadena

Damián Di Pace

Cada vez que se paga menos por algo, un miércoles de cine, un pasaje sacado con meses de anticipación, una compra con la tarjeta correcta el día correcto, alguien más está pagando, en algún lugar de la cadena, la diferencia. No es magia ni generosidad de la empresa, es un mecanismo con nombre propio en economía: el subsidio cruzado.

“La lógica es simple, las empresas saben que no todos sus clientes son iguales. Algunos organizan sus compras según las promociones: van al cine un miércoles, sacan el pasaje con seis meses de anticipación, comparten la cuenta de streaming con la familia. A esos clientes, la empresa les baja el precio a cambio de asegurarse su compra. Pero para no perder plata, en algún punto necesita compensarlo, subiendo, o simplemente no bajando, el precio a quienes no entran en esa lógica: el que va al cine un sábado, el que saca el pasaje la semana anterior al viaje, el que paga su suscripción individual sin compartirla con nadie. El resultado, el que paga “de más” no lo nota, porque nunca ve el descuento del otro. Pero está ahí, financiándolo.”, detalló Damián Di Pace, director de la Consultora Focus Market.

Supermercado: el changuito que cambia de precio según el día

En una compra de 30.000 pesos en el supermercado, si se hace un miércoles, pagando con MODO y tarjeta del Banco Nación, devuelven el 30%, hasta $12.000 por semana. Esa misma compra, hecha un jueves cualquiera con otra tarjeta o en efectivo, sale $9.000 más cara. El producto es el mismo, el changuito es el mismo: lo único que cambió fue el día y el medio de pago. Alguien financia esa diferencia, y no es el supermercado, es el cliente que no organiza su semana en función de la promo.

Cine: la misma película, la mitad del precio

Una entrada de cine en sala 2D cuesta $18.800 cualquier día de la semana. Ese mismo asiento, para la misma película, en el mismo horario, sale $9.400 un miércoles: exactamente la mitad. No hay ningún cambio en el producto: la butaca, la pantalla, la sala son idénticas, lo único que se ajustó fue el precio, para captar al espectador que puede elegir cuándo ir. El que va un sábado paga el doble por lo mismo.

Aerolíneas: el mismo vuelo, casi tres veces el precio

Un pasaje Buenos Aires–Bariloche, en la tarifa más económica, cuesta $139.360 si se compra con seis meses de anticipación. Adquirido una semana antes del vuelo, el mismo asiento en el mismo avión sale $413.018, un 66% más. Las aerolíneas saben que el que planifica con meses de anticipación suele ser más sensible al precio, mientras que el que compra a último momento generalmente necesita viajar sí o sí y puede pagar lo que haga falta. Por eso arman el precio así: le cobran barato a uno para asegurarse el asiento ocupado, y caro al otro para sostener el negocio.

Spotify: pagar solo o en grupo

Si se paga la suscripción individual de Spotify, son $3.299 por mes, sin compartirla con nadie. Si en cambio se comparte en un plan Familiar (hasta 6 personas) por $5.499, cada integrante termina pagando apenas $916,50, un 72% menos que el que paga solo. Y todavía hay un escalón más: la versión gratuita, con anuncios, no paga nada. Ese usuario no financia nada de forma directa, pero tampoco es gratis para la empresa: Spotify lo sostiene con la publicidad y, en definitiva, con lo que pagan los que sí eligen un plan pago.

¿Cuánto se puede llegar a ahorrar, en un mes cualquiera?

Si se contabiliza todos estos rubros, un consumidor que planifica sus compras, elige el día del súper, va al cine un miércoles, comparte el streaming con su familia y directamente usa la versión gratuita de varias aplicaciones freemium, puede llegar a ahorrar más de $334.000 en un solo mes. Simplemente por organizar sus decisiones de consumo alrededor de las promociones y planes gratuitos disponibles. La siguiente tabla resume, caso por caso, cuánto paga ese consumidor “elástico” frente al precio de lista, y cuánto es, en pesos y en porcentaje, lo que se ahorra.

¿Por qué funciona esto? Una cuestión de elasticidad

Todo este mecanismo se apoya en una idea bien simple que la microeconomía llama elasticidad de la demanda: mide qué tan sensible es la gente al precio de algo. Si un producto tiene muchos sustitutos -otra marca, otro cine, otra aerolínea -alcanza con subirle un poco el precio para que el consumidor se vaya a comprar a otro lado: es una demanda elástica. Si en cambio no hay alternativas cercanas, la gente sigue comprando casi igual aunque el precio suba: es una demanda inelástica.

“En un momento donde la competencia es muy grande y la fidelidad de cliente es oro esto define directamente qué le conviene hacer a una empresa con sus precios. Cuando la demanda es elástica, bajar el precio puede aumentar el ingreso total, porque el mayor volumen de ventas compensa el menor margen por unidad. Cuando es inelástica, ocurre lo contrario: subir el precio aumenta el ingreso, porque casi nadie deja de comprar”, indicó Di Pace.

Y amplió: “Ahí está el porqué del subsidio cruzado: en vez de fijar un único precio para ‘el consumidor promedio’ —que en los hechos no existe—, la empresa separa a sus clientes según su elasticidad y le cobra a cada uno lo que ese segmento está dispuesto a pagar. Al cazador de ofertas (elástico) le baja el precio para no perderlo. Al cliente fiel o apurado (inelástico) le sostiene el precio pleno, porque sabe que de todos modos va a comprar”.

Como explica el economista Hal Varian, uno de los autores de referencia en microeconomía, esta distinción no es solo teórica: define directamente qué le conviene hacer a una empresa con sus precios. Cuando la demanda es elástica, bajar el precio puede aumentar el ingreso total, porque el mayor volumen de ventas compensa el menor margen por unidad. Cuando es inelástica, ocurre lo contrario: subir el precio aumenta el ingreso, porque casi nadie deja de comprar.

Ahí está el porqué del subsidio cruzado: en vez de fijar un único precio para “el consumidor promedio”, que en los hechos no existe, la empresa separa a sus clientes según su elasticidad y le cobra a cada uno lo que ese segmento está dispuesto a pagar. Al cazador de ofertas (elástico) le baja el precio para no perderlo. Al cliente fiel o apurado (inelástico) le sostiene el precio pleno, porque sabe que de todos modos va a comprar.

Durante años de alta inflación funcionó la estrategia de subir precios “porque el consumo lo permitía”, pero ese margen de maniobra desaparece cuando baja la inflación y el consumidor recupera capacidad de comparar y elegir. En ese escenario, tratar a todos los clientes igual —sin descuentos segmentados, sin marcas “de batalla”, sin precios diferenciados por día u horario— tiene un costo concreto: el cliente que la empresa daba por “cautivo” empieza a migrar hacia segundas marcas o hacia las marcas propias de las cadenas, que suelen ser más baratas.

Ese es, en definitiva, el riesgo central de todo el sistema: el subsidio cruzado no depende de que existan dos tipos de clientes, sino de que uno de ellos —el inelástico— siga comportándose como tal. Si la empresa da por sentado que un segmento va a pagar precio pleno sin chistar, y ese segmento en realidad tenía más alternativas de las que la empresa suponía, el cálculo se rompe: caen las ventas del segmento que se pensaba “seguro”, cae el margen que financiaba las promociones del segmento elástico, y la empresa termina resignando ingresos por los dos lados a la vez. Segmentar bien a los clientes, entonces, no es solo una táctica para vender más: es la condición para que el propio subsidio cruzado se sostenga en el tiempo.

En resumen, cada vez que alguien elige el día del súper, la anticipación del pasaje o el plan familiar del streaming, no solo está ahorrando: está participando, sin saberlo, de un sistema de precios pensado para que ese ahorro exista. Y ese sistema tiene un límite claro. Funciona mientras haya suficientes clientes dispuestos a pagar precio pleno para sostenerlo. El día en que ese equilibrio se rompe, no hay changuito, ni butaca, ni asiento de avión que alcance para cubrir la diferencia. La próxima vez que un precio te parezca sorprendentemente bajo, vale la pena preguntarse: ¿quién lo está pagando por mí?.

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Malvinas: el Gobierno evalúa sumar la pesca al régimen de sanciones

Presidencia
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  • Un reclamo que viene del sector. La Fundación Latinoamericana de Sostenibilidad Pesquera y el peronismo piden aplicar a la pesca el mismo criterio que se usa contra las empresas que operan en la exploración de hidrocarburos sin autorización argentina.
  • Una herramienta legal que ya existe. Desde 2008, el artículo 27 bis de la Ley Federal de Pesca exige a quienes tienen cuotas o licencias en el país declarar que no tienen vínculos con buques que pesquen sin permiso argentino en Malvinas, bajo pena de perder esos permisos.
  • El antecedente con las petroleras. Tras la cadena nacional del 3 de septiembre, Cancillería denunció a 60 empresas y personas vinculadas a proyectos petroleros como Sea Lion, alcanzando también a accionistas, directores y proveedores.
  • Presentación en Diputados. El proyecto ingresará el próximo lunes por la Cámara baja, con Presti (Defensa) y Quirno (Cancillería) como posibles expositores; el oficialismo espera que el tratamiento comience entre fines de septiembre y principios de octubre.

Marc Jacobs, Michael Kors y otras marcas desembarcan en el nuevo shopping OH! Buenos Aires

  • Nuevo centro comercial en Recoleta. Prevé abrir sus puertas en los próximos meses en el predio del ex Buenos Aires Design, contando con 30.000 metros cuadrados, 110 locales y 30 propuestas gastronómicas.

  • Llegada de etiquetas inéditas al país. Firmas internacionales como Stella McCartney, Off-White, Golden Goose, Palm Angels, Scotch & Soda, Dsquared2 y Mandarina Duck tendrán por primera vez locales en la Argentina.

  • Moda automotriz y un esperado regreso. Maserati estrenará un espacio exclusivo destinado a su línea de indumentaria y accesorios, mientras que la firma francesa de trajes de baño Vilebrequin volverá a operar en el país.

  • Impulso importador y capitales nacionales. La llegada de estas grandes marcas globales se da en el marco de la reciente apertura de importaciones, dentro de un proyecto financiado por el grupo argentino Hatzlaja.