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Economía

Argentina busca entrar a la nueva economía global del carbono regulado

El país intenta insertarse en los mercados globales de carbono regulado para transformar su capital natural en un activo financiero y comercial.

Lucía Scorzelli

Argentina ya no busca participar únicamente del mercado voluntario de carbono. El objetivo comienza a desplazarse hacia los mercados regulados globales, donde el carbono funciona como un activo estratégico dentro de la nueva arquitectura financiera y comercial internacional.

La transición implica un cambio estructural en la política económica y exterior del país: pasar de un modelo de conservación pasiva hacia uno de valorización económica de los servicios ecosistémicos. El foco ya no es exclusivamente ambiental. La apuesta consiste en convertir el capital natural argentino en un activo financiero capaz de mejorar la competitividad exportadora, atraer financiamiento climático y posicionar al país dentro de los mecanismos globales de descarbonización.

El salto hacia los mercados regulados

La arquitectura institucional para avanzar en esa dirección comenzó a discutirse recientemente en el Senado de la Nación durante la conferencia “Hacia un marco para el desarrollo de los mercados de carbono y su integración al mercado de capitales”, impulsada por las senadoras Sonia Rojas Decut y Flavia Royon.

El eje central es la construcción de un marco jurídico federal que otorgue previsibilidad y seguridad jurídica a las inversiones internacionales vinculadas al carbono.

El objetivo argentino es superar la limitación de los mercados voluntarios, donde históricamente los créditos cotizan entre USD 5 y USD 10 por tonelada de CO2 equivalente, para insertarse en mercados regulados y mecanismos internacionales como CORSIA, el esquema global de compensación de emisiones de la aviación internacional impulsado por la OACI.

En estos mercados, los créditos ambientales de alta integridad pueden superar los USD 25 por tonelada.

La diferencia entre ambos sistemas es estructural.

En el mercado voluntario, empresas u organizaciones compran créditos de carbono por iniciativa propia para compensar emisiones vinculadas a objetivos corporativos de sostenibilidad o reputación. En cambio, los mercados regulados funcionan bajo marcos legales nacionales o internacionales que obligan a determinados sectores a limitar emisiones mediante sistemas de cumplimiento.

En el caso internacional, el marco surge del Artículo 6 del Acuerdo de París, que habilita transferencias de reducción de emisiones entre países bajo supervisión de Naciones Unidas.

Si bien Argentina cuenta desde 2023 con una Estrategia Nacional de Mercados de Carbono (ENUMeC), el ecosistema financiero actual demanda una arquitectura institucional con mayor jerarquía normativa. En este sentido, el Senado de la Nación se encuentra debatiendo proyectos de ley federales, como el proyecto MerCO2AR y las iniciativas de las provincias de Misiones y Salta, que buscan institucionalizar el comercio de emisiones con un enfoque soberano. El objetivo es pasar de una resolución administrativa a un Marco Jurídico Federal que garantice la titularidad de los activos y elimine las ambigüedades legales que hoy frenan la llegada de capitales de gran escala

Un mercado global que ya empezó a consolidarse

La implementación del Artículo 6 del Acuerdo de París dejó de ser una discusión teórica y comenzó a consolidarse como un nuevo mercado internacional de carbono regulado.

Actualmente existen más de 108 acuerdos bilaterales y memorandos de entendimiento firmados entre más de 60 países para habilitar transferencias internacionales de reducción de emisiones.

Japón lidera el esquema con 31 acuerdos firmados a través de su Mecanismo de Acreditación Conjunta (JCM), seguido por Singapur con 28 y Suiza con 20. Del lado de la oferta, países como Chile, Paraguay, Perú, Ghana, Indonesia y Tailandia ya comenzaron a posicionarse como proveedores de activos ambientales dentro de esta nueva arquitectura global.

Uno de los primeros acuerdos plenamente operativos fue firmado entre Perú y Suiza, permitiendo que reducciones de emisiones realizadas en territorio peruano sean contabilizadas por Suiza a cambio de financiamiento para proyectos de desarrollo sostenible.

El avance acelerado de estos acuerdos refleja cómo el carbono comienza a integrarse al comercio internacional, la política industrial y los mecanismos de financiamiento global bajo reglas cada vez más institucionalizadas.

La oportunidad detrás de la escasez global

La relevancia económica del cambio aparece en las proyecciones de demanda internacional.

Para la primera fase de CORSIA (el Carbon Offsetting and Reduction Scheme for International Aviation, el esquema global de la OACI para compensar las emisiones de la aviación internacional por encima de los niveles de 2019) se estima una necesidad de 236 millones de toneladas de créditos elegibles, mientras que la oferta actual apenas alcanza 36 millones.

La diferencia responde a los estrictos criterios de elegibilidad:

  • solo se aceptan créditos generados a partir de 2021;
  • los países deben emitir Cartas de Autorización (LoA);
  • y las reducciones exportadas requieren “ajustes correspondientes” para evitar doble contabilidad.

Ese mecanismo obliga al país vendedor a descontar oficialmente esas reducciones de su propio inventario nacional de emisiones.

Sin esa validación estatal, los créditos no pueden ingresar a mercados de alto valor.

La consecuencia es una fuerte brecha de precios entre créditos comunes y activos elegibles para mercados regulados. Mientras los créditos voluntarios suelen cotizar entre USD 5 y USD 10, los activos compatibles con CORSIA operan con primas adicionales y proyecciones cercanas a USD 25 por tonelada o incluso superiores en mercados europeos.

Argentina como proveedor estratégico de carbono

Argentina busca posicionarse dentro de ese escenario como proveedor estratégico de activos ambientales de alta integridad.

El país reivindica una ventaja competitiva basada en su condición de sumidero neto de carbono, apoyada en grandes extensiones de bosques, ecosistemas naturales y capacidad de absorción vinculada a sectores forestales y agropecuarios.

Las proyecciones elaboradas por el Centro Argentino de Ingenieros (CAI) y la Academia Nacional de Ingeniería (ANI) indican que Argentina podría generar hasta 131,4 millones de créditos de carbono anuales a través de la producción forestal, la agroindustria regenerativa y la conservación de bosques nativos.

Según estos estudios, bajo mecanismos de precio asociados al Artículo 6, los ingresos por exportación de activos ambientales podrían ubicarse entre USD 1.400 y USD 3.900 millones anuales, triplicando el rendimiento proyectado si el país permaneciera limitado al mercado voluntario.

Uno de los casos más avanzados es Misiones, que validó 10,9 millones de créditos de carbono mediante el estándar internacional Verra para el período 2017-2022.

Según estimaciones presentadas durante el debate legislativo, si el Gobierno nacional autorizara la transferencia de apenas 2,9 millones de créditos misioneros bajo el esquema CORSIA, la provincia podría obtener USD 42 millones adicionales solo por la diferencia de precio respecto del mercado voluntario.

La lógica detrás de este enfoque es geopolítica y económica: transformar un servicio ambiental que hoy el país provee gratuitamente al mundo en una fuente de divisas y financiamiento federal.

Del crédito ambiental al activo financiero

El segundo eje del proyecto apunta a integrar los créditos de carbono al mercado de capitales.

Bajo este esquema, los créditos dejan de funcionar únicamente como certificados de compensación y pasan a ser considerados activos financieros transables capaces de respaldar bonos verdes, fideicomisos financieros, fondos de inversión o instrumentos de garantía.

El modelo impulsado por Misiones se estructura sobre un fideicomiso financiero administrado por banca privada, con mecanismos de trazabilidad digital orientados a garantizar transparencia sobre el destino de los fondos y la distribución de recursos hacia propietarios privados, sociedad civil y controles ambientales.

La tokenización de activos ambientales aparece además como una herramienta para mejorar liquidez, trazabilidad y acceso al financiamiento climático internacional.

El objetivo es reducir el costo de capital para proyectos de descarbonización en sectores industriales y energéticos de difícil abatimiento.

Según especialistas del sector, el potencial económico de proyectos de descarbonización podría alcanzar USD 20.000 millones anuales, equivalentes a aproximadamente el 40% de las exportaciones agropecuarias argentinas.

Carbono, comercio internacional y competitividad

La estrategia también tiene una dimensión comercial.

La Unión Europea comenzará a implementar plenamente desde 2026 el CBAM (Carbon Border Adjustment Mechanism), un mecanismo que impondrá cargas sobre importaciones intensivas en emisiones, como acero, aluminio, cemento y fertilizantes.

En ese escenario, la capacidad de certificar compensaciones locales mediante activos ambientales podría convertirse en una herramienta de competitividad para exportadores argentinos.

La monetización de servicios ecosistémicos permitiría reducir costos asociados a regulaciones climáticas externas y mejorar el perfil ambiental de las compañías frente a mercados e inversores internacionales.

La disputa ya no pasa únicamente por exportar commodities. Empieza a extenderse hacia la capacidad de monetizar servicios ambientales dentro de una economía global donde carbono, financiamiento y comercio comienzan a integrarse bajo nuevas reglas regulatorias.

Un nuevo activo estratégico

Argentina busca construir una narrativa geopolítica basada en su condición de emisor neto negativo y en la capacidad de sus ecosistemas para absorber carbono a escala global.

La estrategia apunta a transformar la conservación ambiental en una actividad económicamente rentable, vinculando bosques, agroindustria y servicios ecosistémicos con el sistema financiero internacional.

En ese contexto, provincias como Misiones, Salta, Jujuy, Chaco y Corrientes ya comenzaron a coordinar posiciones técnicas y regulatorias a través de una Mesa Interjurisdiccional orientada a unificar criterios sobre mercados de carbono.

El éxito del esquema dependerá ahora de la capacidad del Gobierno Nacional para avanzar en los mecanismos regulatorios necesarios, como las Cartas de Autorización y la actualización de la NDC 3.0, que permitan integrar el potencial provincial con los mercados globales de cumplimiento.

La transición hacia una economía de carbono regulado empieza así a consolidarse como una nueva plataforma de competitividad, financiamiento y generación de divisas dentro de la economía global de la descarbonización

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Con USD 40.000 millones proyectados en cobre y litio hacia 2035, la minería argentina empieza a discutir cómo transformar el boom de inversiones en una plataforma de desarrollo industrial. En el Senado, gobernadores, cámaras empresariales, sindicatos y funcionarios coincidieron en la necesidad de fortalecer proveedores locales, infraestructura y competitividad para capturar más valor dentro del país.

Malvinas: el Gobierno evalúa sumar la pesca al régimen de sanciones

Presidencia
  • Ampliación del proyecto de sanciones. En el marco de la Ley de Defensa de la Soberanía Nacional que se enviará al Congreso, la Casa Rosada analiza extender el esquema de sanciones —hoy centrado en las petroleras— a la actividad pesquera vinculada a licencias británicas en Malvinas.
  • Un reclamo que viene del sector. La Fundación Latinoamericana de Sostenibilidad Pesquera y el peronismo piden aplicar a la pesca el mismo criterio que se usa contra las empresas que operan en la exploración de hidrocarburos sin autorización argentina.
  • Una herramienta legal que ya existe. Desde 2008, el artículo 27 bis de la Ley Federal de Pesca exige a quienes tienen cuotas o licencias en el país declarar que no tienen vínculos con buques que pesquen sin permiso argentino en Malvinas, bajo pena de perder esos permisos.
  • El antecedente con las petroleras. Tras la cadena nacional del 3 de septiembre, Cancillería denunció a 60 empresas y personas vinculadas a proyectos petroleros como Sea Lion, alcanzando también a accionistas, directores y proveedores.
  • Presentación en Diputados. El proyecto ingresará el próximo lunes por la Cámara baja, con Presti (Defensa) y Quirno (Cancillería) como posibles expositores; el oficialismo espera que el tratamiento comience entre fines de septiembre y principios de octubre.

Marc Jacobs, Michael Kors y otras marcas desembarcan en el nuevo shopping OH! Buenos Aires

  • Nuevo centro comercial en Recoleta. Prevé abrir sus puertas en los próximos meses en el predio del ex Buenos Aires Design, contando con 30.000 metros cuadrados, 110 locales y 30 propuestas gastronómicas.

  • Llegada de etiquetas inéditas al país. Firmas internacionales como Stella McCartney, Off-White, Golden Goose, Palm Angels, Scotch & Soda, Dsquared2 y Mandarina Duck tendrán por primera vez locales en la Argentina.

  • Moda automotriz y un esperado regreso. Maserati estrenará un espacio exclusivo destinado a su línea de indumentaria y accesorios, mientras que la firma francesa de trajes de baño Vilebrequin volverá a operar en el país.

  • Impulso importador y capitales nacionales. La llegada de estas grandes marcas globales se da en el marco de la reciente apertura de importaciones, dentro de un proyecto financiado por el grupo argentino Hatzlaja.