La marcha universitaria no hunde al gobierno, pero sus peleas internas sí lo desgastan
El consultor Facundo Nejamkis analizó en El Observador 107.9 por qué el conflicto universitario es el más riesgoso para el Gobierno y advirtió que las peleas internas desgastan más que la oposición.
Facundo Nejamkis, consultor político y director de Opina Argentina, dialogó telefónicamente con Franco Mercuriali en El Observador 107.9 para analizar dos cuestiones que dominan la agenda política: el impacto de la marcha universitaria sobre la imagen del gobierno y el desgaste que generan las tensiones internas en la administración de Javier Milei.
Nejamkis fue claro desde el arranque: un hecho puntual como una marcha difícilmente alcanza para torcer la imagen de un gobierno. "Los procesos de deterioro o de crecimiento de la imagen de un gobierno tienen que ver con procesos más sostenidos, de crecimiento económico, de casos de corrupción, de recesión económica. Un hecho puntual no impacta sobre la imagen del Gobierno", señaló.
Pero aclaró que eso no significa que el tema universitario sea inocuo para la gestión. Al contrario: lo definió como "casi el tema más importante de conflictividad social que atraviesa este gobierno durante los dos años y medio de gestión". No porque no existan otros problemas, aclaró, sino porque es el único conflicto que tuvo "escala suficiente" como para sostenerse en el tiempo, generar movilización en las calles y mantenerse en el centro del debate público.
El problema de fondo, explicó, es que la educación universitaria unifica a actores políticos muy diversos —desde la Coalición Cívica y el Pro hasta el peronismo y el mundo sindical— en una misma causa y en las mismas calles. "Crea una especie de paraguas dentro del cual, en contra del gobierno, se pueden unificar actores que jamás imaginarías que pueden tener coincidencia", dijo. Y remarcó que esa unidad, aunque no se traduzca en una coalición electoral, tiene un peso simbólico y político considerable: "Se movilizan juntos en las calles".
Desde esa perspectiva, la elección del terreno le parece riesgosa para el oficialismo. "Cuando vos le preguntás a la sociedad, la mayoría se pone del otro lado. Entonces, ¿para qué elegir un tema para pelear, para disputar, para alimentar la batalla cultural en el que todos sospechamos que el gobierno pierde?". Y fue aún más directo: el gobierno, al insistir en este conflicto, termina construyendo casi sin querer "un movimiento mayoritario" en su contra.
Las peleas internas, el verdadero problema
La segunda parte de la charla giró en torno a las tensiones al interior del gobierno, y ahí Nejamkis fue más categórico. Su diagnóstico: los conflictos internos le hacen más daño a Milei que la propia oposición. "Por momentos parece que lo desgastan más las guerras internas que la oposición. Cuando Grabois lo insulta, parece que le hicieron un favor. En cambio, el problema lo tiene cuando no puede explicar qué pasa adentro", sintetizó Mercuriali, y el consultor coincidió plenamente.
Para Nejamkis, el núcleo del problema es que Milei llegó a la presidencia proyectando la imagen de un líder fuerte, comparable en ese aspecto a lo que fue Néstor Kirchner en 2003: la idea de una autoridad presidencial reconstituida tras el desgaste del gobierno anterior. "Rápidamente logró algo similar a lo que había pasado con Kirchner cuando llegó: la reconstitución de la autoridad presidencial, la aparición de un liderazgo fuerte que concentra toda la autoridad y que no tiene fisuras en su esquema de gobierno", describió.
Pero esa imagen está en tensión con lo que se percibe hoy. "Lo que vemos en los últimos meses, quizás en el postelecciones, es la idea de un líder que no puede saldar los conflictos internos en su propio gobierno", afirmó. Y señaló la consecuencia inevitable de esa situación: "Cuando eso pasa, terminás siendo el representante de una facción más dentro de tu propio gobierno", lo cual erosiona precisamente la autoridad que fue el principal activo político de Milei desde el inicio de su gestión.
Resolver en lugar de confrontar
Para dimensionar la diferencia, Nejamkis recurrió a dos comparaciones históricas. Por un lado, el primer kirchnerismo: "No había interna, no había fisura. Había posiciones diferentes, pero no había espacio para internas. Kirchner no lo permitía". Por el otro, el menemismo, que tenía una dinámica muy distinta pero igualmente efectiva: "Menem permitía internas, incluso las alimentaba a veces, pero nadie dudaba de que él gobernaba el proceso. Él era como una especie de rey que alimentaba las internas de palacio, pero en esa alimentación siempre terminaba acumulando y saldando la situación." Lo que ve ahora, en cambio, es algo cualitativamente diferente: "La acumulación de tensiones sin que las situaciones se salden".
Esa distinción le parece clave. Los conflictos internos son inherentes a cualquier gobierno, reconoció, y en sí mismos no son necesariamente graves. El problema es cuando escalan hasta paralizar la gestión. "Una cosa son las disputas internas, que siempre existen, y otra muy distinta es que se conviertan en una lucha encarnizada que paraliza la gestión", advirtió. Y lo ilustró con una metáfora simple: si el conductor de un programa tiene problemas con su equipo antes de salir al aire, el programa sale igual, pero no sale igual de bien.
Ante eso, planteó la pregunta que según él hoy se hace todo el mundo: "¿Es un líder fuerte como todos pensamos, o en realidad es un líder que tiene problemas para resolver las situaciones internas de su propio gobierno?" Y fue contundente sobre lo que se espera de alguien en esa posición: "Nadie espera de un presidente que intente. Él es el jefe máximo. No tiene que intentar, tiene que resolver." Recordó que tras las elecciones hubo un intento de ordenar el tablero interno, pero a la altura de mayo el ruido continúa. "El gobierno está en un desfiladero", concluyó, "entre mantener la imagen de liderazgo fuerte que lo trajo hasta acá y la realidad de tensiones que no logra resolver".
Tras casi tres décadas de operación, la mina extendió su vida útil mucho más allá de lo previsto, impulsó empleo, exportaciones y desarrollo local, y se convirtió en el eje económico de Puerto San Julián. Con un cierre progresivo ya aprobado y nuevas exploraciones en marcha, el foco empieza a correrse: cuánto del entramado productivo generado puede sostenerse cuando la actividad deje de ser el motor principal.
Ampliación del proyecto de sanciones. En el marco de la Ley de Defensa de la Soberanía Nacional que se enviará al Congreso, la Casa Rosada analiza extender el esquema de sanciones —hoy centrado en las petroleras— a la actividad pesquera vinculada a licencias británicas en Malvinas.
Un reclamo que viene del sector. La Fundación Latinoamericana de Sostenibilidad Pesquera y el peronismo piden aplicar a la pesca el mismo criterio que se usa contra las empresas que operan en la exploración de hidrocarburos sin autorización argentina.
Una herramienta legal que ya existe. Desde 2008, el artículo 27 bis de la Ley Federal de Pesca exige a quienes tienen cuotas o licencias en el país declarar que no tienen vínculos con buques que pesquen sin permiso argentino en Malvinas, bajo pena de perder esos permisos.
El antecedente con las petroleras. Tras la cadena nacional del 3 de septiembre, Cancillería denunció a 60 empresas y personas vinculadas a proyectos petroleros como Sea Lion, alcanzando también a accionistas, directores y proveedores.
Presentación en Diputados. El proyecto ingresará el próximo lunes por la Cámara baja, con Presti (Defensa) y Quirno (Cancillería) como posibles expositores; el oficialismo espera que el tratamiento comience entre fines de septiembre y principios de octubre.
Nuevo centro comercial en Recoleta. Prevé abrir sus puertas en los próximos meses en el predio del ex Buenos Aires Design, contando con 30.000 metros cuadrados, 110 locales y 30 propuestas gastronómicas.
Llegada de etiquetas inéditas al país. Firmas internacionales como Stella McCartney, Off-White, Golden Goose, Palm Angels, Scotch & Soda, Dsquared2 y Mandarina Duck tendrán por primera vez locales en la Argentina.
Moda automotriz y un esperado regreso. Maserati estrenará un espacio exclusivo destinado a su línea de indumentaria y accesorios, mientras que la firma francesa de trajes de baño Vilebrequin volverá a operar en el país.
Impulso importador y capitales nacionales. La llegada de estas grandes marcas globales se da en el marco de la reciente apertura de importaciones, dentro de un proyecto financiado por el grupo argentino Hatzlaja.