El oro inmóvil
El gobierno de Estados Unidos propone emitir un bono del Tesoro con vencimiento en 2076, con posibilidad de cobrarlo en oro. ¿A qué precio?
El gobierno de Estados Unidos propone emitir un bono del Tesoro con vencimiento en 2076, con posibilidad de cobrarlo en oro. ¿A qué precio?
Hay un número que Estados Unidos se niega a corregir desde 1973, en los libros del Tesoro cada onza de oro vale 42,22 dólares. En el mercado esa misma cantidad cuesta hoy más de U$S4.000. Entre tanto, el país posee 261 millones de onzas guardadas en Fort Knox y en otros depósitos. Según la ley valen unos U$S11.000 millones, pero para el mundo valen más de U$S1 billón, es decir un millón de millones. Entre ambas cifras hay medio siglo de historia monetaria y una decisión que nadie tomó.
El desfase es un fósil porque en 1971 el presidente Richard Nixon rompió el vínculo entre el dólar y el oro. Hasta ese momento cualquier gobierno extranjero podía entregar dólares y exigir metal a cambio. Desde entonces, el dólar vale lo que el mundo cree que vale. El precio de U$S42,22 quedó fijado por una ley de 1973 como quien clava un reloj en la hora del naufragio.
Ahora una idea circula por Washington y la propuso una economista que el presidente Donald Trump quiso sentar en la Reserva Federal y que el Senado rechazó. Consiste en emitir un bono del Tesoro, con vencimiento en 2076. La novedad de este bono está en la forma del pago, porque al vencer, el tenedor podría elegir entre cobrar en dólares o cobrar en oro físico. Por primera vez desde Nixon el gobierno prometería metal.
La intuición popular dice que semejante anuncio dispararía el precio del oro. Sin embargo, el cambio en un número en los libros del Tesoro no crea ni destruye una sola onza. El mercado ya sabe cuánto oro tiene Estados Unidos y ya lo valora a precio real. Es decir, una corrección en el asiento contable no altera la oferta ni la demanda del metal. Si el efecto terminara ahí todo sería teatro contable.
Pero el efecto no concluye allí, porque existe un mecanismo que casi nadie explica y que es el corazón del asunto. El oro del Tesoro está representado en certificados depositados en la Reserva Federal. Esos documentos están valuados al precio viejo, por lo tanto, si una ley actualiza el precio, el Tesoro emite certificados nuevos por la diferencia y la Reserva Federal le acredita esa diferencia en su cuenta corriente. La operación equivale a que un banco le deposite a usted la plusvalía de su casa por el solo hecho de corregir la escritura. El gobierno recibiría cerca de 1 billón de dólares de dinero fresco sin cobrar un impuesto y sin vender un solo bono. Eso es creación de dinero. Y el dinero creado sin respaldo productivo suele terminar donde siempre termina, en los precios. Ese canal favorece al oro mucho más que cualquier gesto simbólico.
Por otra parte, la deuda federal americana supera los 37 billones de dólares. Todo el oro de Fort Knox, valuado a precio de mercado, cubre menos del 3% de esa deuda. Quien imagine que este bono devuelve al dólar su antiguo respaldo metálico confunde un ancla con un llavero. El colateral existe pero es diminuto frente a la montaña que pretende sostener.
Hay además un obstáculo que el entusiasmo suele saltear. El precio de U$S42,22 está fijado por ley del Congreso y ningún presidente puede corregirlo por decreto. Un anuncio de este tipo sería el comienzo de un trámite legislativo y los mercados aprendieron a distinguir entre la promesa y la firma. La distancia entre ambas puede medirse en años.
Queda la pregunta decisiva, si el bono promete oro en 2076, ¿a qué precio lo promete? Ese número lo define todo. Un precio de conversión alto convierte al bono en una apuesta oficial a la devaluación del dólar. Un precio bajo lo convierte en papel decorativo, por lo tanto, el instrumento entero es ese número.
Entre tanto, el oro cayó más de 8% en el último mes y toca mínimos de ocho meses porque la Reserva Federal propone subas de tasas. Cuando los intereses suben, el dinero paga por estar depositado y el metal, que no rinde nada, pierde atractivo. En ese clima un anuncio dorado produciría el efecto contrario al esperado. Si el mercado interpreta que el gobierno estadounidense vuelve a tomarse en serio el valor de su moneda, la confianza regresa al dólar y el refugio pierde clientela. La paradoja es antigua y prometer oro fortalecería al papel.
El oro de Fort Knox no se movió en medio siglo, lo que cambia es lo que los hombres creen sobre él. Un país que discute el precio de su tesoro escondido no discute contabilidad, sino cuánta fe le queda a su propia moneda. La respuesta llegará con la letra chica de un bono que todavía no existe o con el silencio de un 4 de julio igual a todos los anteriores.
Las cosas como son.
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