El gas representa aproximadamente el 60% o más de los costos de producción de urea. Por eso, el desarrollo de Vaca Muerta puede modificar la ecuación de competitividad de la industria local: contar con una fuente de abastecimiento cercana y de gran escala abre la posibilidad de producir fertilizantes a costos competitivos frente a otros proveedores internacionales.
Pero la oportunidad no se limita a sustituir importaciones. También permite pensar una cadena de valor integrada, en la que la energía abastezca a la industria química, la industria provea insumos al campo y la producción agropecuaria genere nuevas oportunidades comerciales.
El contexto internacional refuerza el atractivo de esta estrategia. En 2025, los países del Mercosur y Chile consumieron 21,4 millones de toneladas de fertilizantes nitrogenados, pero produjeron apenas 1,8 millones. El 92% de la demanda debió cubrirse con importaciones, por un valor de U$S 6.513 millones.
Esta dependencia expone a los productores agrícolas de la región a las variaciones de los precios internacionales, los costos de transporte y las interrupciones del comercio.
Las tensiones geopolíticas en Oriente Medio es un factor de vulnerabilidad. La región concentra importantes productores y exportadores de amoníaco y urea, mientras que rutas comerciales como el estrecho de Ormuz, el mar Rojo y el canal de Suez son fundamentales para el transporte internacional de estos productos.
Cuando los conflictos afectan el suministro de gas, la producción de fertilizantes o las rutas marítimas, las consecuencias llegan rápidamente al sector agrícola. El encarecimiento de los insumos puede llevar a los productores a reducir su utilización, modificar sus planes de siembra y afectar los rendimientos.
En ese escenario, ampliar la capacidad productiva regional también representa una oportunidad para mejorar la seguridad de abastecimiento de un insumo crítico para la producción de alimentos.
U$S 4.400 millones de inversión para transformar Bahía Blanca
La posibilidad de desarrollar esa industria ya tiene dos proyectos de gran escala en marcha. Las inversiones previstas por Pampa Energía y Profertil suman aproximadamente U$S 4.400 millones y podrían modificar el perfil productivo del polo industrial y portuario de Bahía Blanca.
Por un lado, Fértil Pampa, subsidiaria de Pampa Energía, impulsa un proyecto de U$S 2.700 millones para construir una nueva planta de urea granulada. La iniciativa contempla alcanzar una capacidad de producción de 2,1 millones de toneladas anuales hacia 2030.
La compañía solicitó su adhesión al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) en abril de 2026 y, tras su aprobación, el proyecto se posiciona como una de las apuestas industriales más relevantes vinculadas al aprovechamiento del gas de Vaca Muerta.
La planta se instalará en un predio de 80 hectáreas dentro del Polo Industrial de Bahía Blanca. Entre las obras previstas se encuentra un viaducto de 230 metros que permitirá conectar directamente las instalaciones con el muelle Comandante Luis Piedrabuena y facilitar la carga de buques de gran porte.
El proyecto estima generar alrededor de U$S 1.000 millones anuales en divisas, con aproximadamente el 60% de la producción destinado a los mercados externos, principalmente Brasil.
Por otro lado, Profertil proyecta una ampliación de su complejo industrial en Ingeniero White. La iniciativa contempla una inversión cercana a los U$S 2.000 millones para construir una segunda planta y más que duplicar su capacidad productiva.
La compañía quedó bajo el control de Adecoagro, que adquirió el 90% del capital, mientras que el 10% restante pertenece a la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA).
El objetivo es pasar de una producción actual de 1,32 millones de toneladas a aproximadamente 2,83 millones de toneladas anuales de fertilizantes nitrogenados. La empresa prevé presentar el proyecto al RIGI antes de finalizar el año.
En APLA 2026, Mariano Bosch, cofundador y CEO de Adecoagro, destacó el potencial de esta expansión y su relación con la disponibilidad de gas argentino.
"La nueva planta de Profertil nos permitirá más que duplicar la producción de urea", señaló. También sostuvo que el gas de Vaca Muerta representa una oportunidad para mejorar la competitividad de la producción de fertilizantes.
Bosch puso el foco en el mercado regional: Sudamérica importa alrededor de 10 millones de toneladas de urea por año para sostener su producción de alimentos. En ese contexto, consideró que la Argentina tiene condiciones para convertirse en un productor de bajo costo a partir de la combinación de recursos gasíferos, infraestructura y capacidades técnicas.
Si ambas iniciativas alcanzan los niveles de producción proyectados, Bahía Blanca podría superar los 3,7 millones de toneladas anuales de capacidad, de acuerdo con las estimaciones de Global Ports. Esto permitiría transformar al complejo portuario en un importante centro exportador de fertilizantes nitrogenados para Sudamérica.
Una estrategia que va más allá de la urea
La expansión de la industria de fertilizantes permite poner sobre la mesa una discusión más amplia: qué hacer con los recursos energéticos que está desarrollando la Argentina.
La exportación de gas y petróleo es una oportunidad para generar divisas, pero el potencial de Vaca Muerta también puede medirse por su capacidad para impulsar nuevas actividades industriales. La petroquímica, los fertilizantes y otros derivados del gas permiten extender las cadenas productivas y generar valor agregado dentro del país.
En el caso de la urea, esa integración tiene una ventaja adicional: conecta directamente a la industria energética con uno de los sectores que más demanda insumos para producir y exportar.
Una mayor disponibilidad local de fertilizantes podría reducir la exposición del agro a los precios internacionales y mejorar la previsibilidad del abastecimiento. Al mismo tiempo, la cercanía con grandes mercados agrícolas, especialmente Brasil, abre una oportunidad para desarrollar una nueva plataforma exportadora.
El impacto tampoco termina en las plantas de producción. Los proyectos de esta escala requieren ingeniería, construcción, tecnología, mantenimiento, servicios industriales, infraestructura y logística. Se trata de actividades que generan encadenamientos productivos y demanda de capacidades técnicas.
Un estudio del IIESS-CONICET y la Universidad Nacional del Sur sobre cinco empresas del polo petroquímico de Bahía Blanca estimó que, entre 2017 y 2023, generaron más de U$S 7.200 millones de valor agregado en el producto bruto local.
La integración entre energía y agro también puede extenderse a otros productos de la cadena petroquímica. Un ejemplo es el silo bolsa, una tecnología fundamental para el almacenamiento de granos en la Argentina. Su fabricación utiliza polietileno, un material derivado del gas natural que se obtiene a partir del procesamiento de etileno, como el que realiza el complejo de MEGA en Bahía Blanca.
Esto muestra que el vínculo entre Vaca Muerta y el campo no se limita a los fertilizantes: también puede abarcar los materiales, insumos y tecnologías que utiliza la producción agropecuaria.
El desafío, entonces, es pensar una estrategia de desarrollo que articule sectores que habitualmente se analizan por separado. La Argentina cuenta con recursos gasíferos, capacidad industrial, infraestructura portuaria y una producción agropecuaria de escala internacional. Integrar esas ventajas puede permitirle avanzar desde la exportación de materias primas hacia una economía con mayor transformación industrial.
La urea es uno de los ejemplos más concretos de esa oportunidad. El gas de Vaca Muerta puede convertirse en fertilizante, el fertilizante en productividad agrícola y esa productividad en alimentos y exportaciones. En esa cadena, Bahía Blanca puede ocupar un lugar central.