El Gobierno evalúa vetar el Presupuesto 2026 si el Senado no hace modificaciones y vuelve al proyecto original
Javier Milei analiza opciones tras el rechazo del capítulo 11 que, según Balcarce 50, va contra el superávit fiscal. Los gobernadores apuntados de "traidores".
Cerca de Milei interpretan la caída del capítulo 11 como algo más que una derrota legislativa. No lo lee como un traspié de negociación, ni como un problema de técnica parlamentaria, ni como una discusión de reglamento. Lo define como un choque de fondo: déficit versus superávit, “pasado versus un nuevo esquema de responsabilidad fiscal”, según sintetizan cerca del Presidente.
“Este presupuesto no nos sirve”, insistieron en el oficialismo, con la idea de que el capítulo rechazado era el candado para impedir que el Estado vuelva a gastarse lo que no tiene.
El Gobierno presiona al Senado por el Presupuesto 2026 y amenaza con vetarlo
En el Gobierno machacan con un argumento político que excede la letra fina del articulado: dicen que el kirchnerismo, la izquierda y sus aliados “no interpretaron el mensaje de las urnas”. Traducido al idioma libertario: la sociedad votó orden fiscal, equilibrio y fin del déficit permanente, y cualquier intento de reinstalar un esquema de gasto sin respaldo choca con el mandato electoral que Milei reivindica como propio. En ese encuadre, el capítulo caído aparece como la piedra angular para que el Presupuesto 2026 sea compatible con el plan económico.
El problema para el oficialismo es que a esa postura opositora clásica se le sumó un combo inesperado para la Casa Rosada: diputados que responden a gobernadores con los que el Gobierno venía administrando una convivencia pragmática. Según la lectura oficial, votaron contra el Capítulo 11 legisladores alineados con Osvaldo Jaldo (Tucumán), Raúl Jalil (Catamarca), Gustavo Sáenz (Salta) y Rolando Figueroa (Neuquén), además de un grupo reducido de radicales aliados identificados con las terminales provinciales de Alfredo Cornejo (Mendoza), Leandro Zdero (Chaco) y Gustavo Valdés (Corrientes). En Balcarce 50 no eligen palabras suaves: ya hablan de “traidores” y arman listas.
El Gobierno evalúa vetar el Presupuesto 2026 si el Senado no hace modificaciones y vuelve al proyecto original.
Prensa Diputados
Javier Milei no quiere un Presupuesto 2026 sin superávit fiscal
En el oficialismo sostienen que el rechazo al Capítulo 11 tuvo un objetivo concreto: forzar al Presidente a administrar un presupuesto con déficit. Esa hipótesis es la que alimenta la tensión con el Congreso y la que ordena la estrategia para lo que viene. “Quieren que Milei quede atrapado en el déficit”, repiten en la Casa Rosada. El argumento, además, se apoya en otra pieza del rompecabezas: dos leyes que continúan vigentes y que, según el Gobierno, generan obligaciones de gasto que ponen en riesgo el superávit fiscal y consolidan un Presupuesto que, tal como salió de Diputados, no sirve para cumplir el programa.
La decisión de escalar el conflicto —y hacerlo público— tiene una lógica interna: si el Senado repone el Capítulo 11, el Presupuesto vuelve a Diputados y se abre una segunda oportunidad para reconstruir el texto “a medida” del Ejecutivo. La presión no es solo para los senadores: también es para ordenar a los gobernadores, dejar expuestos a los que se corrieron del libreto y forzar a los aliados a que se mantengan en la línea del superávit. El mensaje que baja el Gobierno es binario: o acompañan el nuevo esquema fiscal o quedan del lado de un modelo que Milei quiere enterrar.
El Gobierno evalúa vetar el Presupuesto 2026 si el Senado no hace modificaciones y vuelve al proyecto original.
Los gobernadores peronistas tildados de traidores por el Gobierno
En ese escenario, el oficialismo se esfuerza por distinguir comportamientos y dejar claro quiénes, a su criterio, jugaron en el marco de los acuerdos. En la Casa Rosada remarcan especialmente el rol de los gobernadores que integran el universo de Provincias Unidas: habían pactado dar quórum, acompañar la votación en general y ausentarse -de manera acordada- en el capítulo conflictivo. Y cumplieron, señalan. La precisión no es menor: el Gobierno busca mostrar que, aun en la derrota, hay canales de coordinación que funcionaron y que no todo el mapa de mandatarios provinciales quedó del lado del “no”.
Esa lectura, sin embargo, convive con la necesidad de exhibir resultados. El Ejecutivo venía acumulando derrotas consecutivas en Diputados, pero en esta oportunidad logró aprobar el Presupuesto en general con 132 votos, un número que en Balcarce 50 muestran como prueba de que todavía existe una mayoría posible para sostener el programa. La aprobación general fue posible gracias al acompañamiento del PRO, radicales dialoguistas y espacios que responden a Marcelo Orrego, Rogelio Frigerio y Hugo Passalacqua, según reconstruyen desde el oficialismo. Fue una victoria parcial, de esas que no cierran el partido pero permiten seguir en cancha.
El Gobierno evalúa vetar el Presupuesto 2026 si el Senado no hace modificaciones y vuelve al proyecto original.
Provincias Unidas, los dialoguistas felicitados por el Gobierno
La pregunta ahora es qué hará el Senado con esa herida abierta. El Gobierno necesita que la Cámara alta no se limite a convalidar lo que llegó de Diputados. Necesita, por el contrario, que lo modifique. En la lógica libertaria, el cambio es el vehículo para volver a abrir la discusión y reponer el capítulo rechazado. Si el Senado decide evitar el ida y vuelta y aprueba sin tocar nada, el Ejecutivo se queda con una herramienta extrema: el veto. Y en ese caso, el Gobierno prepara la argumentación: no sería un capricho, dicen, sino la defensa del superávit como núcleo del plan.
En el oficialismo insisten en que el debate real no pasa por tecnicismos ni por interpretaciones reglamentarias. Pasa por un choque de modelos. “No hay vuelta atrás hacia el déficit, porque la Argentina ya eligió otro camino”, graficaron cerca del Presidente. La frase funciona como resumen de una línea política: Milei no quiere que el Presupuesto 2026 sea apenas una ley más; quiere que sea un certificado de rumbo.
Por eso la Casa Rosada también juega a la polarización interna: marcar a los responsables, separar a los que cumplieron de los que “se dieron vuelta” y dejar al Senado frente a un dilema que, de aprobarse sin cambios, desemboca en un choque institucional. El Gobierno lo sabe, y aún así empuja. Porque, en su propia narrativa, el Capítulo 11 no es un artículo: es la frontera que separa el orden fiscal del regreso a una Argentina que Milei promete no administrar.
El reclamo por la coparticipación ingresó a la negociación y reaviva la interna con el oficialismo. El enojo de Cristian Ritondo y los diálogos de Jorge Macri.
La Casa Rosada no llega con el tiempo con el proyecto que ingresó en el Senado. La prioridad es la ley de leyes. Javier Milei no logró conseguir su pleno.
Ampliación del proyecto de sanciones. En el marco de la Ley de Defensa de la Soberanía Nacional que se enviará al Congreso, la Casa Rosada analiza extender el esquema de sanciones —hoy centrado en las petroleras— a la actividad pesquera vinculada a licencias británicas en Malvinas.
Un reclamo que viene del sector. La Fundación Latinoamericana de Sostenibilidad Pesquera y el peronismo piden aplicar a la pesca el mismo criterio que se usa contra las empresas que operan en la exploración de hidrocarburos sin autorización argentina.
Una herramienta legal que ya existe. Desde 2008, el artículo 27 bis de la Ley Federal de Pesca exige a quienes tienen cuotas o licencias en el país declarar que no tienen vínculos con buques que pesquen sin permiso argentino en Malvinas, bajo pena de perder esos permisos.
El antecedente con las petroleras. Tras la cadena nacional del 3 de septiembre, Cancillería denunció a 60 empresas y personas vinculadas a proyectos petroleros como Sea Lion, alcanzando también a accionistas, directores y proveedores.
Presentación en Diputados. El proyecto ingresará el próximo lunes por la Cámara baja, con Presti (Defensa) y Quirno (Cancillería) como posibles expositores; el oficialismo espera que el tratamiento comience entre fines de septiembre y principios de octubre.
Nuevo centro comercial en Recoleta. Prevé abrir sus puertas en los próximos meses en el predio del ex Buenos Aires Design, contando con 30.000 metros cuadrados, 110 locales y 30 propuestas gastronómicas.
Llegada de etiquetas inéditas al país. Firmas internacionales como Stella McCartney, Off-White, Golden Goose, Palm Angels, Scotch & Soda, Dsquared2 y Mandarina Duck tendrán por primera vez locales en la Argentina.
Moda automotriz y un esperado regreso. Maserati estrenará un espacio exclusivo destinado a su línea de indumentaria y accesorios, mientras que la firma francesa de trajes de baño Vilebrequin volverá a operar en el país.
Impulso importador y capitales nacionales. La llegada de estas grandes marcas globales se da en el marco de la reciente apertura de importaciones, dentro de un proyecto financiado por el grupo argentino Hatzlaja.