El Gobierno inaugura una nueva fase del control de daños en torno a Manuel Adorni
En la Casa Rosada admiten que no hay margen para echarlo y buscarán mostrarlo vigente. Hay dudas sobre si será posible esa estrategia pedida por Javier Milei.
En la Casa Rosada admiten que no hay margen para echarlo y buscarán mostrarlo vigente. Hay dudas sobre si será posible esa estrategia pedida por Javier Milei.
El Gobierno no logra salir del control de daño por el escándalo del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y ya activó una nueva fase de blindaje político con un objetivo claro: sostenerlo en el cargo mientras gana tiempo. Con Javier Milei otra vez al frente de la defensa, en la Casa Rosada admiten que la crisis está lejos de cerrarse.
El triángulo de hierro, integrado por el presidente Javier Milei, la secretaria General, Karina Milei y el asesor presidencial Santiago Caputo, pasó el fin de semana definiendo el nuevo esquema. La orden fue explícita: exposición controlada, pero constante. La conferencia del miércoles, en la que Manuel Adorni volverá a responder preguntas, es la pieza central de esa estrategia. Ya no alcanza con esconderlo, pero tampoco con soltarlo.
“Se están creando instancias de conferencias y anuncios para intentar retomar agenda y mostrarlo vivo, en funciones”, explicó a El Observador una fuente con acceso al despacho presidencial. La lógica interna es defensiva pero pragmática: si el Gobierno retrocede, valida la crisis; si avanza, al menos disputa la agenda.
En ese esquema, Adorni encabezará la reunión de la mesa política de La Libertad Avanza (LLA), un gesto que en Balcarce 50 consideran clave. No sólo para mostrarlo activo sino para intentar recuperar la iniciativa parlamentaria tras un marzo atravesado por la parálisis. La apuesta es clara: superponer gestión sobre escándalo.
El fallo favorable por la estatización de YPF le dio al Gobierno un respiro inesperado. En la Casa Rosada lo capitalizaron para ordenar el discurso y salir del repliegue. Pero puertas adentro nadie se engaña. El caso Adorni sigue abierto y volverá al centro de la escena. El alivio judicial fue, en el mejor de los casos, una pausa.
“No le conviene a nadie dentro del Gobierno que entreguen a Manuel. Demostrás que te perforaron y le das una victoria a todos”, sintetizó un ministro que habla a diario con los hermanos Milei. La preocupación no es sólo política: también es financiera. En el oficialismo temen que una caída del jefe de Gabinete sea leída por los mercados como un signo de fragilidad en la conducción.
Sin embargo, el respaldo no es homogéneo. La interna existe y crece. Hay funcionarios que creen que el costo de sostener a Adorni puede terminar siendo más alto que el de desplazarlo. “Esto recién empieza, no creo que se pueda sostener en el tiempo”, advirtió un integrante del Gobierno que mira con desconfianza la estrategia actual.
En paralelo, la Casa Rosada activó una segunda línea de defensa: ganar tiempo. La administración de los plazos se volvió tan importante como la construcción del relato. Las respuestas a los pedidos de acceso a la información pública sobre la comitiva de la Argentina Week recién se conocerán a fines de abril. Esa fecha no es casual: coincide con el momento en el que Manuel Adorni deberá presentar su informe de gestión en Diputados.
El cronograma suma otro hito: a fines de mayo se hará pública su declaración jurada de 2025. En el Gobierno admiten que ese será otro punto crítico. Hasta entonces, el objetivo es llegar con la menor presión posible.
La estrategia combina, así, dos planos. Por un lado, hiperactividad política y exposición controlada. Por el otro, dilatación administrativa. Un equilibrio inestable que depende de un factor central: que no aparezcan nuevos elementos que profundicen la crisis.
En la cima del poder libertario lo saben. El problema ya no es sólo Manuel Adorni. Es lo que su situación empieza a proyectar sobre Javier Milei. Por eso el Presidente decidió involucrarse otra vez en primera persona. Porque si el blindaje falla, lo que se pone en discusión no es únicamente la continuidad del jefe de Gabinete, sino la capacidad del Gobierno para sostener el control político en medio de una crisis propia.
El presidente Javier Milei, junto a Karina Milei y Santiago Caputo, se encargó de volver a apoyar al jefe de Gabinete. Horas de hiperactividad.
El jefe de Gabinete esquivó las preguntas y maltrató a la prensa. El problema no es cómo gasta: es si ese dinero es suyo.
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