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Política

El PRO se desmarcó: entre el daño y la negociación

Sin estridencias asumió una derrota inicial, pero lejos de desaparecer eligió esperar y contraatacar.

Gabriel Slavinsky

El PRO ya tomó una decisión silenciosa pero determinante: se desmarcó. Sin estridencias, sin grandes gestos públicos, asumió una derrota inicial. Perdió centralidad, perdió volumen, se quedó con lo puesto. Pero lejos de desaparecer, eligió otra posición: esperar y contraatacar.

No es un repliegue ingenuo. Es un movimiento estratégico. Porque en la Argentina de hoy, donde la velocidad política empuja a definiciones permanentes, también hay quienes entienden que el poder no siempre se ejerce desde el centro, sino desde los márgenes bien administrados.

Mauricio Macri parece haber optado por ese lugar. Ya no lidera el cambio, pero busca condicionar cómo ese cambio se construye. Y en ese punto aparece el corazón del problema: el escenario que enfrenta.

Hoy el expresidente pretende posicionarse como parte y garante del cambio de la Argentina, de algún modo comenzado por su gobierno, dejando de lado la crisis económica de su mandato y la subsiguiente derrota electoral.

La crisis de referentes del PRO

En estos momentos, atravesando una crisis, sin Bullrich, Santilli y Larreta el partido amarillo no puede permitirse estar a la deriva y sin objetivo a la vista.

El peor resultado posible para el PRO es claro. No es solo una nueva derrota electoral, sino la consolidación de un oficialismo fuerte, autosuficiente, que no necesite negociar. Un Javier Milei reelegido sin acuerdos implica, en términos políticos, la irrelevancia del macrismo. Un sistema donde ya no hace falta.

Por eso, el desmarque no es pasividad. Es preparación. Es tiempo ganado para decidir cómo jugar en un tablero que cambió.

Hoy se abren tres caminos posibles

El primero es resistir. Esperar. Sostener estructura, identidad, territorio. Apostar a que el desgaste del gobierno genere una nueva oportunidad. Es la opción más conservadora, pero también la más previsible: dejar que el tiempo haga su trabajo.

El segundo camino es negociar. Acercarse a La Libertad Avanza, aportar gobernabilidad, votos, experiencia. Convertirse en un socio necesario. No desde la afinidad total, sino desde la conveniencia mutua. Es una lógica conocida en la política argentina: cuando no se puede liderar, se influye.

El tercer camino es competir para dañar. No necesariamente para ganar, sino para condicionar. Quitar votos, erosionar, complicar una eventual reelección. Es la estrategia del poder negativo: si no puedo ser el eje, puedo impedir que el otro lo sea sin límites.

Estas tres opciones no son solo tácticas. Son definiciones sobre el lugar que el PRO quiere ocupar en el nuevo orden político. Y, sobre todo, sobre cómo entiende el poder en esta etapa.

Macri parece decidido y definido a no ser el manipulado de 2024. Esto supone un mensaje tácito: “Seré relevante y le complicaré la vida”.

Porque, en definitiva, la discusión no es si el PRO vuelve a ser lo que fue. La discusión es otra: si logra volver a ser necesario. Ahí está la clave. En la Argentina actual, el poder no es solo el que gobierna. También es el que puede garantizar gobernabilidad… o el que puede impedirla.

Entre la negociación y el daño, el PRO juega su futuro. Y en esa tensión, más que una retirada, lo que está en marcha es una redefinición. Una apuesta a seguir siendo parte del juego, aun cuando las reglas ya no sean las mismas.

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Malvinas: el Gobierno evalúa sumar la pesca al régimen de sanciones

Presidencia
  • Ampliación del proyecto de sanciones. En el marco de la Ley de Defensa de la Soberanía Nacional que se enviará al Congreso, la Casa Rosada analiza extender el esquema de sanciones —hoy centrado en las petroleras— a la actividad pesquera vinculada a licencias británicas en Malvinas.
  • Un reclamo que viene del sector. La Fundación Latinoamericana de Sostenibilidad Pesquera y el peronismo piden aplicar a la pesca el mismo criterio que se usa contra las empresas que operan en la exploración de hidrocarburos sin autorización argentina.
  • Una herramienta legal que ya existe. Desde 2008, el artículo 27 bis de la Ley Federal de Pesca exige a quienes tienen cuotas o licencias en el país declarar que no tienen vínculos con buques que pesquen sin permiso argentino en Malvinas, bajo pena de perder esos permisos.
  • El antecedente con las petroleras. Tras la cadena nacional del 3 de septiembre, Cancillería denunció a 60 empresas y personas vinculadas a proyectos petroleros como Sea Lion, alcanzando también a accionistas, directores y proveedores.
  • Presentación en Diputados. El proyecto ingresará el próximo lunes por la Cámara baja, con Presti (Defensa) y Quirno (Cancillería) como posibles expositores; el oficialismo espera que el tratamiento comience entre fines de septiembre y principios de octubre.

Marc Jacobs, Michael Kors y otras marcas desembarcan en el nuevo shopping OH! Buenos Aires

  • Nuevo centro comercial en Recoleta. Prevé abrir sus puertas en los próximos meses en el predio del ex Buenos Aires Design, contando con 30.000 metros cuadrados, 110 locales y 30 propuestas gastronómicas.

  • Llegada de etiquetas inéditas al país. Firmas internacionales como Stella McCartney, Off-White, Golden Goose, Palm Angels, Scotch & Soda, Dsquared2 y Mandarina Duck tendrán por primera vez locales en la Argentina.

  • Moda automotriz y un esperado regreso. Maserati estrenará un espacio exclusivo destinado a su línea de indumentaria y accesorios, mientras que la firma francesa de trajes de baño Vilebrequin volverá a operar en el país.

  • Impulso importador y capitales nacionales. La llegada de estas grandes marcas globales se da en el marco de la reciente apertura de importaciones, dentro de un proyecto financiado por el grupo argentino Hatzlaja.