Javier Milei y otro enfático discurso, esta vez en la cena de la Fundación Libertad.
Javier Milei redobla la apuesta: asegura que no se moverá "un ápice de la ortodoxia" y se define como "el mejor Gobierno de la historia"
El presidente brindó un discurso confrontativo en el cual defendió el rumbo del Gobierno y adelantó que no se moverá de su línea.
En un discurso con tono combativo y fuertemente ideológico, el presidente Javier Milei aprovechó su exposición en la cena anual de la Fundación Libertad para reafirmar el rumbo económico de su gestión y blindarse frente a críticas políticas y económicas.
El mensaje tuvo dos ejes claros: la decisión de sostener sin concesiones el programa ortodoxo y la convicción -expresada sin matices- de que su Gobierno puede ser considerado como “el mejor de la historia argentina”.
Acompañado por los nombres fuertes de su círculo político chico, entre los cuales destacaron los ministros de Economía, Luis Caputo; del Interior, Diego Santilli; de Desregulación, Federico Sturzenegger; la senadora Patricia Bullrich; la secretaria General de la Presdiencia, Karina Milei; e incluso el cuestionado jefe de Gabinete, Manuel Adorni, el jefe de Estado aseguró que no se apartará "un ápice" de la ortodoxia y mostró números que defienden su gestión.
Ortodoxia sin negociación
“No nos vamos a apartar un ápice de nuestra ortodoxia ”, aseguró Milei, en lo que fue una de las definiciones más contundentes de la noche. El presidente defendió el ajuste fiscal, la política monetaria restrictiva y la negativa a emitir o endeudarse como pilares inamovibles del programa económico.
En ese marco, reivindicó el recorte del gasto público, la eliminación del déficit fiscal y la decisión de no subir impuestos ni tomar deuda. Según planteó, ese combo no solo permitió evitar una hiperinflación sino que sentó las bases para una recuperación económica sostenida.
El mandatario también apuntó contra quienes cuestionan el rumbo: acusó a sectores políticos, empresarios y analistas de haber intentado “destruir el programa económico” y atribuyó a esas tensiones episodios de volatilidad inflacionaria y financiera.
Aun así, insistió en que el camino no se modifica. Para Milei, cualquier desviación implicaría repetir errores históricos: “Nuestro compromiso es seguir haciendo lo que dice la teoría económica y la evidencia empírica”.
“El mejor gobierno de la historia”
Más allá de la defensa técnica del programa, el discurso escaló en tono político cuando Milei sostuvo que los resultados alcanzados justifican una definición tajante: “Los datos ameritan que nos jactemos de que somos el mejor Gobierno de la historia, le guste o no le guste a la izquierda”.
La afirmación se apoyó en una batería de indicadores que el presidente enumeró como logros:
Equilibrio fiscal tras años de déficit
Caída de la inflación desde niveles críticos
Crecimiento del PBI, incluso tras el ajuste
Recuperación del empleo en términos netos
Reducción de la pobreza, según su diagnóstico
Mejora en el balance del Banco Central
Para Milei, estos resultados no solo contradicen las advertencias iniciales sobre una recesión profunda, sino que validan el enfoque liberal “puro y duro” que impulsa su gestión.
Batalla política y relato
El presidente combinó los datos económicos con un discurso fuertemente confrontativo. Cuestionó al kirchnerismo, a economistas críticos y a medios de comunicación, a quienes acusó de instalar “mentiras” sobre inflación, consumo, tipo de cambio y empleo.
En ese contexto, planteó que existe un intento sistemático de “psicopatear” a la sociedad para erosionar la confianza en el programa económico.
Un rumbo sin matices
El discurso dejó una señal clara hacia adelante: el Gobierno no contempla giros ni moderaciones. La ortodoxia económica no aparece como una herramienta coyuntural, sino como un principio estructural.
Y en esa lógica, Milei no solo defendió lo hecho, sino que elevó la apuesta política al máximo: transformar los resultados en un argumento de superioridad histórica.
El mensaje, en definitiva, no buscó matices. Fue una reafirmación del rumbo y una declaración de ambición: sostener el programa sin concesiones y consolidar la narrativa de un gobierno que, según su propio diagnóstico, ya hizo historia.
Desde la invasión rusa a Ucrania, la geopolítica recupera protagonismo en el mundo. Es lo que no entendió Pedro Sánchez con la invasión de inmigrantes a Ceuta. Y lo que intenta aprovechar Javier Milei con el factor Malvinas. Ambos, enfrentarán elecciones decisivas el año próximo para quedarse en el poder.
El ministro, cuestionado por la totalidad del gabinete tras el traspié por la ley de tierras, recuperó la iniciativa. Proyectos en carpeta y sus próximos pasos.
Ampliación del proyecto de sanciones. En el marco de la Ley de Defensa de la Soberanía Nacional que se enviará al Congreso, la Casa Rosada analiza extender el esquema de sanciones —hoy centrado en las petroleras— a la actividad pesquera vinculada a licencias británicas en Malvinas.
Un reclamo que viene del sector. La Fundación Latinoamericana de Sostenibilidad Pesquera y el peronismo piden aplicar a la pesca el mismo criterio que se usa contra las empresas que operan en la exploración de hidrocarburos sin autorización argentina.
Una herramienta legal que ya existe. Desde 2008, el artículo 27 bis de la Ley Federal de Pesca exige a quienes tienen cuotas o licencias en el país declarar que no tienen vínculos con buques que pesquen sin permiso argentino en Malvinas, bajo pena de perder esos permisos.
El antecedente con las petroleras. Tras la cadena nacional del 3 de septiembre, Cancillería denunció a 60 empresas y personas vinculadas a proyectos petroleros como Sea Lion, alcanzando también a accionistas, directores y proveedores.
Presentación en Diputados. El proyecto ingresará el próximo lunes por la Cámara baja, con Presti (Defensa) y Quirno (Cancillería) como posibles expositores; el oficialismo espera que el tratamiento comience entre fines de septiembre y principios de octubre.
Nuevo centro comercial en Recoleta. Prevé abrir sus puertas en los próximos meses en el predio del ex Buenos Aires Design, contando con 30.000 metros cuadrados, 110 locales y 30 propuestas gastronómicas.
Llegada de etiquetas inéditas al país. Firmas internacionales como Stella McCartney, Off-White, Golden Goose, Palm Angels, Scotch & Soda, Dsquared2 y Mandarina Duck tendrán por primera vez locales en la Argentina.
Moda automotriz y un esperado regreso. Maserati estrenará un espacio exclusivo destinado a su línea de indumentaria y accesorios, mientras que la firma francesa de trajes de baño Vilebrequin volverá a operar en el país.
Impulso importador y capitales nacionales. La llegada de estas grandes marcas globales se da en el marco de la reciente apertura de importaciones, dentro de un proyecto financiado por el grupo argentino Hatzlaja.