Política

Pruebas PISA, el Sarmiento de IA y la baja de imputabilidad: la misma pregunta sin respuesta

Tres noticias de la misma semana muestran cuánto exigimos a los chicos y cuánto nos cuesta acompañarlos.

Por  Nicolás Bottini

Hay semanas en las que las noticias, sin proponérselo, parecen escribir una teoría del país. Esta fue una de esas semanas.

El 8 de septiembre se conocieron los resultados de PISA 2025. Los chicos argentinos de 15 años retrocedieron en matemática, lectura y ciencias. Apenas el 24% alcanzó el nivel mínimo esperado en matemática; el 40% en lectura y el 41% en ciencias. Hay otro dato no tan espectacular pero probablemente más revelador: el 58% dijo que el ruido y el desorden interrumpen la mayoría o todas sus clases de ciencias. (oecd.org) La Argentina quedó en el último puesto en clima de aula y el segundo peor en distracciones con dispositivos móviles.

Tres días después, para el Día del Maestro, Javier Milei publicó un video generado con inteligencia artificial en el que conversaba con Domingo Faustino Sarmiento. El prócer aparecía sentado en un despacho, hablaba, opinaba sobre el presente y encontraba ciertas semejanzas entre su personalidad y la del Presidente.

Prácticamente en simultáneo, entró en vigencia el nuevo régimen penal juvenil que establece responsabilidad penal desde los 14 años. En la provincia de Buenos Aires, una jueza suspendió su aplicación durante 60 días argumentando, entre otras cosas, que no estaban dadas las condiciones materiales para recibir a una mayor cantidad de adolescentes privados de su libertad.

Podrían ser tres noticias distintas. Educación. Tecnología. Seguridad. Pero tienen casi la misma edad.

Imaginemos por un segundo a un argentino de 15 años sentado en el medio de esas tres escenas. Alguien le acerca los resultados de las pruebas PISA y le dice "no estás comprendiendo suficientemente bien lo que leés, no resolvés problemas matemáticos como deberías". Después llega el Código Penal y le aclara "pero sí sos suficientemente grande como para responder por ciertos actos ante un juez". Finalmente prende el celular y aparece Sarmiento, reconstruido por inteligencia artificial, hablándole desde un pasado que ahora también se puede editar.

El mensaje es curioso, ¿no? No sabemos muy bien cómo educarte, pero sabemos cómo evaluarte. Tampoco sabemos muy bien cómo captar tu atención, pero parece que sí sabemos cómo te podemos castigar. Y para explicarte quién fue Sarmiento, podemos directamente revivirlo.

Por supuesto, PISA no condena a ningún adolescente. Evalúa sistemas educativos. Y el régimen penal juvenil no trata a un chico de 14 años como a un adulto. La propia ley habla de educación, resocialización e integración social. Pero exactamente por eso resulta interesante la coincidencia.

La pregunta clave acá es ¿qué esperamos hoy de un chico? Y no tanto si alguna de estas medidas es correcta o incorrecta.

La palabra adolescente viene de adolescere, crecer. El adolescente es, literalmente, alguien que está convirtiéndose en otra cosa. Buena parte de nuestras instituciones fueron construidas alrededor de esa idea de que la escuela nos prepara, la familia nos apoya y acompaña, la ley distingue quien sí y quien no y la sociedad espera de nosotros. Espera en todo sentido: pone expectativas y mide el resultado.

La era de revivir el pasado

Pero esperar se volvió difícil, últimamente. Vivimos en una cultura bastante impaciente con los procesos. Queremos que el chico comprenda un texto, que regule su atención, que sepa diferenciar la información verdadera de la información falsa, que administre sus emociones, que sepa matemática, que no se distraiga con TikTok, que descubra una vocación y que desarrolle pensamiento crítico. Y en lo posible todo esto sin pelotudear, haciendo vida sana y teniendo amigos.

Todo eso mientras los adultos hemos construido el ecosistema donde la atención es un tubo de imágenes coloridas y fragmentadas que cambian constantemente y que solo se pueden ver mirando con un solo ojo por un agujero chiquito: un caleidoscopio.

Hay algo contradictorio ahí, ¿no? Nos preocupa que los adolescentes no puedan sostener la atención, pero buena parte de la economía digital está diseñada por influencers, adultos que ganan plata capturando atención. Nos alarma que no lean textos largos mientras la conversación pública se organiza alrededor de clips de veinte segundos. Les pedimos pensamiento crítico y, al mismo tiempo, convertimos hasta a nuestros muertos en contenido audiovisual.

El Sarmiento creado con inteligencia artificial es alucinante precisamente por eso. Durante más de un siglo, para encontrarse con Sarmiento había que hacer algo bastante incómodo, agarrar un libro y leerlo.

Y leer a Sarmiento significaba además encontrarse con alguien contradictorio, excesivo, brillante, desagradable por momentos, imposible de domesticar y de digerir del todo. Había que interpretarlo. Discutirlo. Entender una época.

La inteligencia artificial ofrece una alternativa mucho más eficiente. Hoy podemos hacer que Sarmiento vuelva y diga exactamente lo que necesitamos que diga. Y eso no es solamente una novedad tecnológica, es una pequeña-gran transformación cultural. Pasamos de educar para interpretar el pasado a hacer que el pasado interprete el presente por nosotros.

El dato más interesante de PISA no es cuánto saben los chicos de matemática. Probablemente el dato sea ese 58% que dice que el aula está atravesada por ruido y desorden. Porque para educar se sigue necesitando una cosa bastante pasada de moda que es prestar atención.

Y la atención necesita tiempo, silencio, una autoridad —porque no— y la sospecha, o la intuición de que eso que está ocurriendo frente a nosotros merece demorar por unos minutos todo lo demás. Y para ser honestos, no parece ser un problema escolar. Es un problema adulto.

El problema no es de los chicos

Después aparece la otra cara de la moneda, la responsabilidad. Una sociedad tiene derecho a discutir desde qué edad una persona comprende la gravedad de sus actos y qué debe hacer el Estado cuando un adolescente comete un delito. Es una discusión necesaria y difícil. Pero hay algo inoportuno en nuestra facilidad para discutir cuándo empieza la responsabilidad del chico y nuestra enorme dificultad para acordar hasta dónde llega la responsabilidad de los adultos.

Quizás somos nosotros los que cambiamos el contrato. Quizás el problema no es si los chicos de hoy maduran antes o después. Los tratamos como niños cuando necesitan autonomía, como consumidores cuando tienen una pantalla delante y como adultos cuando llega la hora de pedir explicaciones.

Y mientras tanto les repetimos que son "el futuro". Otra expresión bastante cómoda. Porque llamar a alguien "el futuro" es una manera elegante de correrlo del presente.

Acaso PISA, el Sarmiento artificial y la baja de la edad penal estén hablando de lo mismo, ¿no? Una sociedad que exige cada vez más temprano algo que ya no está tan segura de saber transmitir.

Medimos a los chicos para saber si están preparados para el futuro. Les reconstruimos el pasado para que puedan entenderlo en veinte segundos. Discutimos desde qué edad pueden hacerse responsables de sus actos.

No sabemos exactamente qué esperamos de un chico. Pero empezamos a exigirle que lo sepa él.

Subió la venta de motos y cayó la de autos en octubre

Subió la venta de motos y cayó la de autos en octubre
  • Motos en alza. Se patentaron 79.497 unidades, con una suba interanual del 25,9%.

  • Caída en autos. El sector registró 45.965 vehículos, una baja del 12% frente a 2025 y del 8,4% mensual.

  • Acumulado dispar. Las motos crecieron 39,1% en el año (748.598 unidades) frente a un retroceso del 12,8% en autos (481.852).

  • Marcas líderes. Toyota encabezó el mercado automotor con 6.947 operaciones y Honda lideró en dos ruedas con 17.050.

  • Modelos elegidos. La Toyota Hilux (2.820 unidades) y la Honda Wave 110S (8.313) fueron los vehículos más vendidos.

Cruce entre las cancillerías de Argentina y Brasil por la huida de Flávio Bolsonaro

Cruce entre las cancillerías de Argentina y Brasil por la huida de Flávio Bolsonaro
  • Una convocatoria por la fuga. Según fuentes de la cancillería brasileña, Itamaraty convocó a María Emilia Cortés, a cargo de la embajada argentina en Brasilia, para pedirle explicaciones sobre el papel del Gobierno argentino en la salida del país del senador Flavio Bolsonaro. La reunión fue breve y, según esas fuentes, Cortés se comprometió a aportar información en “términos genéricos”.
  • Cómo fue la huida. Bolsonaro, derrotado por Lula en el balotaje, ingresó a la Argentina por el puente Tancredo Neves y despegó de Puerto Iguazú en un avión privado rumbo a Estados Unidos, pese a que el juez Alexandre de Moraes le había retirado el pasaporte y prohibido salir del país. Un control policial identificó al asesor presidencial Santiago Caputo en un convoy de Yacyretá que volvía de Puerto Iguazú esa madrugada.
  • Bajo perfil de Lula. El Planalto considera “un hecho grave” la participación de funcionarios argentinos, pero evita escalar el conflicto para no darle a Milei el contrapunto que, evalúan, busca. Entre las opciones que baraja figuran una nota ministerial y que el canciller Mauro Vieira plantee el tema a Pablo Quirno en la reunión del G20 en Atlanta.
  • La versión argentina. El canciller Pablo Quirno desmintió que Brasil haya pedido explicaciones: “Falso. No hubo ningún pedido de explicaciones”, escribió en X. Agregó que Brasil retiró unilateralmente a su embajador y solicitó el retiro del argentino, y cuestionó a quienes toman “dictado de una sola fuente (e interesada claramente)”.
  • Relación bilateral en su punto más bajo. Desde el 4 de agosto, cuando Brasil rebajó por primera vez en décadas el nivel de la relación tras los insultos de Milei a autoridades brasileñas, ambas embajadas funcionan con encargados de negocios. Brasilia no ve “ninguna condición política” para restablecer a su embajador en Buenos Aires. Trump admitió que aprobó el ingreso del senador a Estados Unidos.