Doble efecto: la IA diseñó un fármaco para el pulmón que podría demorar el envejecimiento
El rentosertib se diseñó desde el día uno como una llave maestra: abre la cerradura de la fibrosis y la de la longevidad. Ambas.
El rentosertib se diseñó desde el día uno como una llave maestra: abre la cerradura de la fibrosis y la de la longevidad. Ambas.
Remontémonos a enero de 2020. Casi nadie fuera del ambiente biotech sabía que Moderna era una empresa y no una marca de ropa. Un año después, era una palabra de uso diario, y todos sabían, o decían saber, qué era el ARNm, o ARN mensajero.
La vacuna produjo el salto, pero fue un salto con carrera previa. Stéphane Bancel venía construyendo la compañía desde 2011 y hasta 2020 no había llevado un solo producto al mercado. La pandemia cambió todo: frente a una emergencia global, surgió un camino regulatorio diseñado para priorizar velocidad y, en paralelo, un nivel de demanda que ninguna empresa podría generar por sus propios medios.
Mientras tanto, Insilico Medicine, que hoy tiene su sede en Cambridge a 20 cuadras de Moderna, entrenaba una plataforma de inteligencia artificial para encontrar blancos terapéuticos, es decir, las moléculas del cuerpo sobre las que un medicamento tiene que actuar. Después la misma plataforma diseñaba el fármaco capaz de hacerlo. Pensando en la analogía de la cerradura y la llave, primero encontraban la cerradura, después diseñaban la llave que la abre.
El 7 de septiembre, la revista científica Nature Biotechnology publicó un análisis del estudio fase 2a de rentosertib, el primer fármaco que llega a la clínica con el blanco descubierto por IA y la molécula diseñada por IA, desarrollado por Insilico Medicine. Lo interesante de esta publicación es que su foco no fue el impacto de rentosertib sobre la fibrosis pulmonar idiopática, una enfermedad rara y grave para la que fue diseñado, sino su efecto sobre la edad biológica de quienes lo tomaron. Seis relojes moleculares desarrollados de forma independiente en Harvard, Oxford, la Universidad de Pekín y la propia Insilico apuntaron todos en la misma dirección: los pacientes tratados envejecían más lento, en el orden de unos tres años menos.
Pero hagamos una pausa para poner el resultado en contexto: 42 pacientes, todos en China, y solo 12 semanas de seguimiento. Mas importante aún, los resultados son sobre biomarcadores, no sobre un resultado clínico. Un biomarcador es una señal indirecta: algo fácil de medir que se usa para estimar otra cosa que no se puede medir bien. Un cortisol elevado puede sugerir estrés, o un síndrome de Cushing, pero no mide ninguno de los dos. Acá los relojes leen proteínas en sangre y con eso estiman cuánto envejeció el paciente, algo que nadie sabe medir de forma directa. El resultado clínico, en cambio, es concreto: en una enfermedad pulmonar es cuánto aire pueden mover sus pulmones. En este punto los autores son explícitos: todavía no pueden separar el efecto del fármaco sobre el envejecimiento del efecto sobre la capacidad pulmonar.
Lo novedoso, entonces, no es el resultado, sino el diseño. TNIK, el blanco elegido, participa en seis de los mecanismos centrales del envejecimiento. Pero envejecer no es una condición que una agencia regulatoria apruebe, así que hacía falta una enfermedad concreta por donde entrar, y esa fue la fibrosis pulmonar. El rentosertib se diseñó desde el día uno como una llave maestra: abre la cerradura de la fibrosis y la de la longevidad. Ambas.
En ámbitos científicos, se destacó la velocidad: 18 meses desde el blanco al candidato preclínico, contra los tres a seis años habituales en farma. Es tiempo y dinero, está claro, pero más interesante aun, es lo que hizo la compañía con ese ahorro. Insilico se quedó con rentosertib y licenció la plataforma: el fármaco es la prueba de concepto, la plataforma es el negocio, y ambas avanzan en paralelo.
Su vecina, Moderna, hizo exactamente lo mismo con el ARNm, del cual salió Spikevax, su vacuna anti-COVID-19 que acá simplemente llamamos “la Moderna”. El mes pasado capitalizó sobre esa estrategia dual: junto a Merck presentó resultados positivos de fase 3 para intismeran autogene, una terapia construida a partir de las mutaciones del tumor de cada paciente, en 1.137 pacientes operados de melanoma. Es la primera terapia oncológica de ARNm que tiene éxito en un ensayo de ese tamaño.
Las dos protegen valor desde esquinas opuestas. Insilico licenció casi todo su portafolio, más de treinta activos, y se guardó rentosertib para desarrollarlo sola. Moderna se quedó con casi todo, incluidas sus vacunas y sus programas en enfermedades raras, y asoció justo su activo oncológico más avanzado. Merck es su socio estratégico para intismeran autogene desde 2016, con un esquema de co-desarrollo frecuente en la industria farma. En este caso, Moderna se comprometía a aportar la tecnología y hacerse cargo del desarrollo temprano. Merck se reservaba el derecho, no la obligación, de entrar más adelante si los primeros resultados valían la pena. Merck tuvo ese mismo derecho sobre otros proyectos de Moderna, pero eligió entrar en uno solo. En 2022 decidió ejercer ese derecho sobre intismeran, por el cual pagó 250 millones de dólares, y desde entonces ambas compañías comparten los costos del desarrollo, así como futuras ganancias. En esta apuesta mutua, Moderna consiguió fondear las etapas más tardías (y caras) del desarrollo del medicamento, y un socio que sabe vender oncología. Merck, como tantas farmas grandes con presión de accionistas para seguir creciendo, eligió avanzar con un producto creado fuera de sus laboratorios que ya había demostrado una gran probabilidad de funcionar.
El día del anuncio la acción de Moderna subió 177%, y no fue por el resultado en melanoma por sí solo. El mercado entendió que la fuente del valor no es un producto, sino la fábrica que lo produce. Al día siguiente cayó casi 24%, la corrección habitual después de una euforia, pero aun así sigue valiendo el doble que antes.
En enero de 2020, Moderna era casi desconocida. Seis años después corre nueve estudios de intismeran en cuatro tipos de cáncer, todos codesarrollados con Merck, y en varios continentes. Insilico, por ahora, avanza con un estudio de 320 pacientes en 47 centros, todos en China, solo en fibrosis pulmonar. Mismo modelo, esquinas opuestas, escalas distintas. Si ambos productos se aprueban, ahí empieza la otra carrera. Una carrera que no se gana con publicaciones científicas, sino con decisiones estratégicas: quién registra en cada país, quién define el precio, y cuánto se tarda en llegar a un consultorio que no esté en Boston ni en Shanghái.
NOTA: la imagen de esta columna fue generada con asistencia de inteligencia artificial. La investigación de fuentes y la verificación de datos contaron con el apoyo de herramientas de IA, bajo revisión y validación final de la autora.
