Temas del día

Sociedad

Sociedades conectadas, ciudadanos distraídos

El problema para millones de personas ya no es tener demasiados planes, sino no tener ningun propio.

Arturo Flier

Toda temporada estival viene con una intención personal de tener tiempo para actividades postergadas por el trabajo o estudio durante el año. Sin embargo, mucha gente en lugar de relax encuentra fatiga al terminar la misma.

John Lennon decía que “la vida es eso que te pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes”. Medio siglo después, para millones de personas el problema ya no es tener demasiados planes, sino no tener ninguno propio. La vida transcurre mientras respondemos notificaciones, deslizamos pantallas y consumimos estímulos que no siempre elegimos. No es que el tiempo pase volando: es que se nos escapa distraídos.

Los datos confirman esta intuición. A nivel global, las personas pasan en promedio casi siete horas diarias frente a pantallas. En América Latina el tiempo es aún mayor donde Argentina se encuentra entre los tres países que encabezan el ranking: entre ocho y nueve horas por día, más que una jornada laboral completa y con un inicio temprano en la edad de exposición. No se trata solo de ocio o comunicación: es tiempo vital capturado.

Podríamos atribuir este fenómeno al carácter sociable de nuestros pueblos latinoamericanos. Pero también podemos leerlo al revés: no es más sociabilidad, sino más dependencia. El crecimiento del tiempo de pantalla es mayor en los países periféricos que en los centrales. ¿Estamos más conectados o más subordinados a contenidos, agendas, deseos e interpretaciones de la realidad producidos lejos de nosotros? Mucho de ese flujo informativo entretiene, confunde bastante y fomenta muy poco el pensamiento crítico.

Problemas de las redes sociales

Diversos estudios advierten que la sobreexposición digital potencia síntomas de ansiedad por el temor a perder información (FOMO “fear of missing out”); genera fatiga mental y dificultades atencionales que complican la capacidad de espera que todo proceso implica; afecta la memoria de corto plazo por la sucesión interminable de estímulos; depresión y baja autoestima por la exposición constante a "vidas perfectas" en redes sociales; aislamiento social al reducirse las interacciones cara a cara, entre otros factores. Las plataformas no son neutrales: están diseñadas para capturar atención y liberar dopamina con cada notificación. No se trata de demonizar la tecnología, sino de asumir algo básico: jugar con el cerebro humano a escala masiva no es inocuo.

En este clima de distracción permanente, los procesos de concentración económica y de recorte de derechos avanzan casi sin resistencia. La paradoja es brutal: cuanto más conectados estamos, menos autonomía real tenemos para incidir en las decisiones que afectan nuestra vida cotidiana.

Mientras discutimos algoritmos, el hambre vuelve a crecer. En la Argentina, casi dos de cada diez hogares no acceden a una alimentación adecuada, la demanda de comida en centros de jubilados aumentó un 25% y casi un 8% de la población declara haber sufrido hambre durante el último año. A nivel global, más de 295 millones de personas enfrentan carencias alimentarias agudas. En este contexto, resurgen debates como el ingreso universal, impulsados tanto por la creciente desigualdad de ingresos como por la amenaza concreta de que la inteligencia artificial destruya empleos. La pregunta incómoda es si estas tecnologías amplían libertades o consolidan nuevas formas de dependencia.

Si Lennon viviera hoy, tal vez diría que la vida es eso que pasa mientras una pantalla decide qué miramos. Y la pregunta central para cualquier democracia no es si la tecnología es buena o mala, sino cuánta libertad estamos dispuestos a ceder a cambio de no sentirnos desconectados. El control ya no opera principalmente por prohibición sino por seducción. Cuando la atención se convierte en el nuevo campo de batalla democrático, recuperarla no es un gesto individual de bienestar: es un acto político.

Arturo Flier, Sociólogo-Psicólogo Social

Compartir

Malvinas: el Gobierno evalúa sumar la pesca al régimen de sanciones

Presidencia
  • Ampliación del proyecto de sanciones. En el marco de la Ley de Defensa de la Soberanía Nacional que se enviará al Congreso, la Casa Rosada analiza extender el esquema de sanciones —hoy centrado en las petroleras— a la actividad pesquera vinculada a licencias británicas en Malvinas.
  • Un reclamo que viene del sector. La Fundación Latinoamericana de Sostenibilidad Pesquera y el peronismo piden aplicar a la pesca el mismo criterio que se usa contra las empresas que operan en la exploración de hidrocarburos sin autorización argentina.
  • Una herramienta legal que ya existe. Desde 2008, el artículo 27 bis de la Ley Federal de Pesca exige a quienes tienen cuotas o licencias en el país declarar que no tienen vínculos con buques que pesquen sin permiso argentino en Malvinas, bajo pena de perder esos permisos.
  • El antecedente con las petroleras. Tras la cadena nacional del 3 de septiembre, Cancillería denunció a 60 empresas y personas vinculadas a proyectos petroleros como Sea Lion, alcanzando también a accionistas, directores y proveedores.
  • Presentación en Diputados. El proyecto ingresará el próximo lunes por la Cámara baja, con Presti (Defensa) y Quirno (Cancillería) como posibles expositores; el oficialismo espera que el tratamiento comience entre fines de septiembre y principios de octubre.

Marc Jacobs, Michael Kors y otras marcas desembarcan en el nuevo shopping OH! Buenos Aires

  • Nuevo centro comercial en Recoleta. Prevé abrir sus puertas en los próximos meses en el predio del ex Buenos Aires Design, contando con 30.000 metros cuadrados, 110 locales y 30 propuestas gastronómicas.

  • Llegada de etiquetas inéditas al país. Firmas internacionales como Stella McCartney, Off-White, Golden Goose, Palm Angels, Scotch & Soda, Dsquared2 y Mandarina Duck tendrán por primera vez locales en la Argentina.

  • Moda automotriz y un esperado regreso. Maserati estrenará un espacio exclusivo destinado a su línea de indumentaria y accesorios, mientras que la firma francesa de trajes de baño Vilebrequin volverá a operar en el país.

  • Impulso importador y capitales nacionales. La llegada de estas grandes marcas globales se da en el marco de la reciente apertura de importaciones, dentro de un proyecto financiado por el grupo argentino Hatzlaja.