El director de la Fundación Capital señala la necesidad de avanzar en medidas que incrementen la demanda de pesos y dinamicen el ingreso de divisas para generar un "puente" hasta que ingresen divisas por el blanqueo, el RIGI o por un acuerdo con organismos internacionales
El equipo económico avanzó hacia la segunda fase de su programa económico, continuando con el sesgo financiero que caracterizó la primera etapa. Más aún, se trata de un enfoque que solo trabaja sobre una parte de la política monetaria, esto es la demanda de pesos. El esquema, aun dentro de lo financiero, adolece de un enfoque que incremente la oferta, en este caso de divisas. De hecho, el Banco Central casi no realizó compras de divisas en el bimestre junio-julio y ha mostrado ventas netas en los últimos días. Tanto la reciente flexibilización en el esquema de pago de importaciones como la esterilización de pesos a través de la venta de reservas en los mercados financieros operan en sentido contrario. Esta situación sin dólares en el corto plazo encontrará a la economía con crecientes dificultades. Para superar esta encerrona, Argentina debe generar una agenda de reformas pro competitividad, trabajando sobre la baja de la presión impositiva, el aumento de la productividad, una modernización laboral y una agresiva expansión de mercados internacionales mediante negociaciones económicas que reduzcan barreras arancelarias y paraarancelarias para la producción nacional. Además, se debe avanzar en medidas que maximicen las posibles fuentes de divisas, como el superávit comercial, el RIGI, el blanqueo, la reducción del riesgo país y la generación de nuevos acuerdos con organismos internacionales.
Para completar este escenario debe evaluarse que las medidas anunciadas la semana pasada debilitan la posición de reservas internacionales, que ya había presentado una importante baja tras los pagos a tenedores de bonos y al FMI y casi sin compras netas de divisas del BCRA en el bimestre junio-julio. La reciente flexibilización en los plazos de pago de casi dos tercios de las importaciones desde el mes de agosto implica una erogación extra por esta vía de unos USD 2.000 millones en lo que resta del año. Aún más, se buscarían esterilizar unos $2,3 billones (aquellos emitidos para la compra de dólares del BCRA al sector privado desde el mes de mayo), lo que implicaría volcar unos USD 1.700 millones en los mercados financieros. Además, el Tesoro compró USD 1.538 millones y los depósito en el Banco de Nueva York, para el pago de intereses de los bonares y globales que vencen en enero. De esta forma, si a las reservas netas actuales se le restan ambos montos, éstas alcanzarían los –USD 8.000 millones y las reservas versión caja (que suma los pasivos no exigibles en el corto plazo) se ubicarían en terreno negativo.
Argentina necesita pues, trabajar sobre una política de acumulación de reservas que admita una relación razonable con los pasivos remunerados. En efecto, la dificultad hacia delante es clara, con un dólar blend de exportación que impide que el superávit comercial (USD 7.700 millones entre agosto y diciembre según estimamos desde Fundación Capital) se traduzca en superávit cambiario (USD 6.400 millones de las exportaciones se liquidarán en los mercados financieros en ese período), los pagos de Bopreal pendientes (USD 1.457 millones hasta diciembre) sumado a las medidas antes señaladas. Además, la dinámica de liquidación del agro resulta moderada, especialmente en un año donde las exportaciones agrícolas alcanzarían los USD 28.000 millones. Si el ritmo de comercialización del agro fuera el de otros años, podría aportar unos USD 2.000 millones extra. Así, deben revisarse alternativas que dinamicen el ingreso de divisas (suba de tasa de interés, reducción transitoria de derechos de exportación, etc.), trayendo calma cambiaria y generando un puente hasta que se evidencie un ingreso de relevancia, cualquiera sea la fuente del mismo (FMI, otros organismos multilaterales, blanqueo, RIGI, REPO, entre otros.).
Esto se da en un marco donde el tipo de cambio real multilateral se ubica sólo un 8,3% por encima del nivel previo a la devaluación de diciembre de 2023 y la evolución del Real brasilero exacerba esta dinámica, cuestión particularmente relevante para sectores como el automotriz, el de plásticos y el alimenticio. De hecho, la situación se complejiza teniendo en cuenta que es difícil cerrar la brecha entre la inflación que navega al 3% mensual y el tipo de cambio oficial que gatea al 2% mensual. La merma en la competitividad precio podría condicionar el rendimiento externo, en un marco donde es fundamental acumular dólares. Así, Argentina debe generar una agenda de reformas pro competitividad, apuntando también a la baja de la presión impositiva, el aumento de la productividad y una verdadera revolución exportadora, cambios que de todos modos llevan más tiempo.
En definitiva, Argentina debe trabajar sobre la débil posición de reservas como prioridad. Las últimas medidas operan reduciendo el stock de divisas, en un contexto de ya escaso margen en las reservas base caja. Así, se debe avanzar en medidas que incrementen la demanda de pesos y que dinamicen el ingreso de divisas, generando un puente hasta que se generen ingresos de relevancia.
Ampliación del proyecto de sanciones. En el marco de la Ley de Defensa de la Soberanía Nacional que se enviará al Congreso, la Casa Rosada analiza extender el esquema de sanciones —hoy centrado en las petroleras— a la actividad pesquera vinculada a licencias británicas en Malvinas.
Un reclamo que viene del sector. La Fundación Latinoamericana de Sostenibilidad Pesquera y el peronismo piden aplicar a la pesca el mismo criterio que se usa contra las empresas que operan en la exploración de hidrocarburos sin autorización argentina.
Una herramienta legal que ya existe. Desde 2008, el artículo 27 bis de la Ley Federal de Pesca exige a quienes tienen cuotas o licencias en el país declarar que no tienen vínculos con buques que pesquen sin permiso argentino en Malvinas, bajo pena de perder esos permisos.
El antecedente con las petroleras. Tras la cadena nacional del 3 de septiembre, Cancillería denunció a 60 empresas y personas vinculadas a proyectos petroleros como Sea Lion, alcanzando también a accionistas, directores y proveedores.
Presentación en Diputados. El proyecto ingresará el próximo lunes por la Cámara baja, con Presti (Defensa) y Quirno (Cancillería) como posibles expositores; el oficialismo espera que el tratamiento comience entre fines de septiembre y principios de octubre.
Nuevo centro comercial en Recoleta. Prevé abrir sus puertas en los próximos meses en el predio del ex Buenos Aires Design, contando con 30.000 metros cuadrados, 110 locales y 30 propuestas gastronómicas.
Llegada de etiquetas inéditas al país. Firmas internacionales como Stella McCartney, Off-White, Golden Goose, Palm Angels, Scotch & Soda, Dsquared2 y Mandarina Duck tendrán por primera vez locales en la Argentina.
Moda automotriz y un esperado regreso. Maserati estrenará un espacio exclusivo destinado a su línea de indumentaria y accesorios, mientras que la firma francesa de trajes de baño Vilebrequin volverá a operar en el país.
Impulso importador y capitales nacionales. La llegada de estas grandes marcas globales se da en el marco de la reciente apertura de importaciones, dentro de un proyecto financiado por el grupo argentino Hatzlaja.