La definición de “clase media” se basa en criterios combinados de nivel de ingreso (generalmente entre 50% y 150% del ingreso medio per cápita o superior a cuatro veces la línea de pobreza, pero inferior al percentil 90-95 de distribución de ingresos) y acceso a bienes y servicios básicos (vivienda propia o adecuada, educación secundaria completa o superior, cobertura sanitaria formal, y capacidad para gastos no esenciales como transporte o recreación).
La clase media es fundamental para sostener el consumo, la inversión en educación y la cohesión social. Cuando se debilita, se resiente el tejido productivo y se profundizan las tensiones distributivas. Además, una clase media frustrada tiende a perder confianza en las instituciones y en la política económica, lo que genera un círculo vicioso de desconfianza y volatilidad.
La clase media argentina ha sido históricamente el motor social y económico del país, pero en los últimos cuarenta años ha sufrido un deterioro sostenido. Lo que antes era sinónimo de estabilidad, educación y movilidad social, hoy está atravesado por una sensación constante de fragilidad. Desde la década del 80, la inflación crónica, los vaivenes del tipo de cambio y las crisis recurrentes fueron erosionando el poder adquisitivo y la capacidad de ahorro de los hogares medios.
Dentro de los principales factores que generaron este retroceso hay causas estructurales y coyunturales. Por un lado, la economía argentina no logró consolidar un modelo de crecimiento estable: cada período de expansión estuvo seguido por crisis de endeudamiento o de inflación. Esto afectó directamente al ingreso real y al empleo formal.
Por otro lado, la pérdida de valor del peso y la dolarización parcial de los precios de bienes durables —como vivienda o autos— expulsaron a buena parte de la clase media del mercado de activos, limitando su posibilidad de acumular patrimonio.
Para revertir este ciclo lo importante es recuperar la estabilidad macroeconómica: sin inflación baja y previsible, no hay posibilidad de reconstruir la clase media. Pero también hace falta una agenda de crecimiento basada en productividad, empleo formal y educación de calidad. El desafío no es solo económico, sino también cultural: hay que devolverle a la clase media la expectativa de progreso que perdió hace décadas.
Ampliación del proyecto de sanciones. En el marco de la Ley de Defensa de la Soberanía Nacional que se enviará al Congreso, la Casa Rosada analiza extender el esquema de sanciones —hoy centrado en las petroleras— a la actividad pesquera vinculada a licencias británicas en Malvinas.
Un reclamo que viene del sector. La Fundación Latinoamericana de Sostenibilidad Pesquera y el peronismo piden aplicar a la pesca el mismo criterio que se usa contra las empresas que operan en la exploración de hidrocarburos sin autorización argentina.
Una herramienta legal que ya existe. Desde 2008, el artículo 27 bis de la Ley Federal de Pesca exige a quienes tienen cuotas o licencias en el país declarar que no tienen vínculos con buques que pesquen sin permiso argentino en Malvinas, bajo pena de perder esos permisos.
El antecedente con las petroleras. Tras la cadena nacional del 3 de septiembre, Cancillería denunció a 60 empresas y personas vinculadas a proyectos petroleros como Sea Lion, alcanzando también a accionistas, directores y proveedores.
Presentación en Diputados. El proyecto ingresará el próximo lunes por la Cámara baja, con Presti (Defensa) y Quirno (Cancillería) como posibles expositores; el oficialismo espera que el tratamiento comience entre fines de septiembre y principios de octubre.
Nuevo centro comercial en Recoleta. Prevé abrir sus puertas en los próximos meses en el predio del ex Buenos Aires Design, contando con 30.000 metros cuadrados, 110 locales y 30 propuestas gastronómicas.
Llegada de etiquetas inéditas al país. Firmas internacionales como Stella McCartney, Off-White, Golden Goose, Palm Angels, Scotch & Soda, Dsquared2 y Mandarina Duck tendrán por primera vez locales en la Argentina.
Moda automotriz y un esperado regreso. Maserati estrenará un espacio exclusivo destinado a su línea de indumentaria y accesorios, mientras que la firma francesa de trajes de baño Vilebrequin volverá a operar en el país.
Impulso importador y capitales nacionales. La llegada de estas grandes marcas globales se da en el marco de la reciente apertura de importaciones, dentro de un proyecto financiado por el grupo argentino Hatzlaja.