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El alma del trabajo no se programa

El papa Francisco y líderes mundiales han pedido un desarrollo ético de la IA.

Desire Cano

"¿Podría ocupar tus espacios? ¿Quedarme con tu trabajo? Técnicamente, quizás. Humanamente, no”, responde ChatGPT a quien le pregunta si puede reemplazar a una persona. Esa frase, entre provocadora y reflexiva, esconde un dilema profundo: ¿qué es lo humano que no puede ser automatizado?

En 2017, el papa Francisco lo anticipó con claridad: “El trabajo no es solo una función económica, sino una dimensión fundamental de la vida humana”. Y fue más allá: llamó a orientar el desarrollo de la inteligencia artificial hacia un enfoque centrado en la persona. No en la eficiencia. No en la rentabilidad. En la persona.

En 2020, el Vaticano lanzó junto a IBM un programa para el desarrollo ético de la IA. La preocupación no es nueva: ya durante la Segunda Revolución Industrial, León XIII —de quien Francisco hereda más que el nombre— escribió Rerum Novarum, un manifiesto a favor de la justicia social en tiempos de máquinas y fábricas.

Hoy, el salto tecnológico es digital, pero el dilema permanece. ¿Qué lugar le queda al quehacer humano? ¿Qué contrato laboral es posible en un mundo donde las máquinas escriben, diseñan, producen y hasta “piensan”? ¿Qué sentido tiene el trabajo cuando ya no necesita un alma?

Europa avanza con leyes que limitan el uso de IA en decisiones laborales. En EE. UU., los sindicatos luchan por que la inteligencia artificial no reemplace humanos sin revisión previa. En América Latina, países como Colombia y Brasil discuten legislaciones sobre transparencia algorítmica y responsabilidad social.

En Argentina, el panorama es otro. La CGT apenas inicia conversaciones, sin acción concreta. El gobierno de Javier Milei promueve un modelo de apertura sin regulación, donde las decisiones automáticas pueden dejar a las personas sin voz, sin protección, sin alternativas.

Pero no se trata solo de sindicatos o empresas: el Estado tiene un rol indelegable en esta transición. Debe preparar sus estructuras institucionales para un mundo atravesado por la inteligencia artificial. Eso implica adaptar sus marcos normativos, modernizar la educación pública, capacitar a sus funcionarios en ética tecnológica y anticipar escenarios de exclusión laboral. Sin políticas activas, el riesgo no es solo tecnológico: es social. Un Estado ausente frente al avance de la IA es un Estado que abdica de su deber de protección y justicia.

En este escenario, pensar un nuevo pacto social se vuelve urgente. Un pacto que no niegue la tecnología, pero que tampoco sacrifique la dignidad en su altar. Un contrato laboral que reconozca el cambio, pero también los derechos. Que combine eficiencia con humanidad. Cálculo con compasión.

Porque sí, la inteligencia artificial erosiona pilares conocidos: empleo estable, movilidad social, derechos laborales. Pero también abre la posibilidad de reimaginar el trabajo. De crear un modelo más justo, inclusivo, flexible y humano. Siempre que no se abandone la ética. Siempre que no se olvide que trabajar no es solo hacer: es ser.

Byung-Chul Han lo resumió con una frase: “La inteligencia artificial no siente. Solo calcula”. No ama, no duda, no se conmueve. Puede simular comprensión, pero no tener propósito. Puede responder, pero no sentir.

Por eso, el alma del trabajo no se programa. Y tal vez ahí esté nuestra última trinchera. O nuestra primera reconstrucción.

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Malvinas: el Gobierno evalúa sumar la pesca al régimen de sanciones

Presidencia
  • Ampliación del proyecto de sanciones. En el marco de la Ley de Defensa de la Soberanía Nacional que se enviará al Congreso, la Casa Rosada analiza extender el esquema de sanciones —hoy centrado en las petroleras— a la actividad pesquera vinculada a licencias británicas en Malvinas.
  • Un reclamo que viene del sector. La Fundación Latinoamericana de Sostenibilidad Pesquera y el peronismo piden aplicar a la pesca el mismo criterio que se usa contra las empresas que operan en la exploración de hidrocarburos sin autorización argentina.
  • Una herramienta legal que ya existe. Desde 2008, el artículo 27 bis de la Ley Federal de Pesca exige a quienes tienen cuotas o licencias en el país declarar que no tienen vínculos con buques que pesquen sin permiso argentino en Malvinas, bajo pena de perder esos permisos.
  • El antecedente con las petroleras. Tras la cadena nacional del 3 de septiembre, Cancillería denunció a 60 empresas y personas vinculadas a proyectos petroleros como Sea Lion, alcanzando también a accionistas, directores y proveedores.
  • Presentación en Diputados. El proyecto ingresará el próximo lunes por la Cámara baja, con Presti (Defensa) y Quirno (Cancillería) como posibles expositores; el oficialismo espera que el tratamiento comience entre fines de septiembre y principios de octubre.

Marc Jacobs, Michael Kors y otras marcas desembarcan en el nuevo shopping OH! Buenos Aires

  • Nuevo centro comercial en Recoleta. Prevé abrir sus puertas en los próximos meses en el predio del ex Buenos Aires Design, contando con 30.000 metros cuadrados, 110 locales y 30 propuestas gastronómicas.

  • Llegada de etiquetas inéditas al país. Firmas internacionales como Stella McCartney, Off-White, Golden Goose, Palm Angels, Scotch & Soda, Dsquared2 y Mandarina Duck tendrán por primera vez locales en la Argentina.

  • Moda automotriz y un esperado regreso. Maserati estrenará un espacio exclusivo destinado a su línea de indumentaria y accesorios, mientras que la firma francesa de trajes de baño Vilebrequin volverá a operar en el país.

  • Impulso importador y capitales nacionales. La llegada de estas grandes marcas globales se da en el marco de la reciente apertura de importaciones, dentro de un proyecto financiado por el grupo argentino Hatzlaja.