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El nuevo antisemitismo: qué cambió después del 7 de octubre y qué se puede hacer para revertirlo

Las nuevas mutaciones del odio antijudío tras los ataques de Hamas y las estrategias para contenerlas sin caer en ilusiones.

Uriel Romano

En el Talmud (Yomá 9b) se afirma que el Segundo Templo de Jerusalén fue destruido no por falta de religiosidad, sino por "odio gratuito". La tradición rabínica comprendió, hace ya dos milenios, que el odio irracional se convierte en fuerza destructiva capaz de arrasar incluso lo más sagrado.

Ese odio, cuando se dirige contra los judíos, es un virus. Un virus que nunca desaparece del todo, que muta, que se esconde en los pliegues de la sociedad y reaparece cuando encuentra un huésped propicio. La humanidad solo logró erradicar un virus de manera absoluta: la viruela. Todos los demás —poliomielitis, sarampión, ébola— siguen allí, aislados, controlados, atenuados, pero nunca extintos. Así también ocurre con el antisemitismo: puede disminuirse su letalidad, puede contenerse, pero nunca dejará de existir.

Dos mil años de mutaciones

El antisemitismo comenzó ya en la época romana, cuando los judíos fueron tildados de "perezosos" por descansar en Shabat o de extraños por no comer cerdo. "He aquí un pueblo que habitará apartado y no será contado entre las naciones" (Números 23:9). La antigua profecía se volvió diagnóstico histórico: los judíos convertidos en el Otro por excelencia, minoría permanente y dispersa.

Más tarde, el cristianismo nos acusó de deicidio, el islam de ser "asesinos de profetas". En la Edad Media aparecieron los libelos de sangre y las acusaciones de usura. En el siglo XIX el virus mutó otra vez: del prejuicio religioso al pseudocientífico, proclamando la inferioridad de la "raza judía". Y simultáneamente se vistió de ideología política: se nos acusó tanto de inventar el capitalismo explotador como de fomentar el comunismo revolucionario.

El Midrash (Éxodo Rabá 27:4) ya advertía hace 1.500 años: "Más fuerte es el odio que los ignorantes sienten hacia los sabios que el que las naciones sienten hacia Israel". La tradición judía reconoció tempranamente que el antisemitismo no era circunstancial, sino estructural, un odio persistente, siempre disponible para encenderse.

Tras la Shoá, con la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el Concilio Vaticano II y la creación del Estado de Israel, muchos pensaron que el virus estaba neutralizado. Pero el 7 de octubre de 2023, con la masacre perpetrada por Hamas en Israel, vimos la reaparición simultánea de múltiples variantes: en sectores de izquierda radical con viejos mitos medievales sobre "asesinos de niños"; en la derecha conspirativa acusando a los judíos de estar detrás de todas las guerras; en mezquitas radicalizadas; e incluso en sectores eclesiales cristianos.

Lo más preocupante: los términos "judío", "sionista" e "israelí" se volvieron intercambiables, transformando la acción de un gobierno en una culpa colectiva, igual que en los pogroms de la Europa medieval.

Aprender a convivir con el virus

¿Cómo enfrentar un virus que no se cura?

Primero, aceptando que nunca se erradicará. Como escribió Emmanuel Levinas: "Hay un odio que no tiene causa". No sirve negarlo ni esperar ingenuamente que la razón o la integración lo disipen.

Segundo, conteniéndolo. Como con los virus biológicos, se lo combate aislándolo, vacunando, reduciendo su capacidad de contagio. Hoy contamos con leyes, instituciones y sociedades más conscientes: no es lo mismo un insulto en redes sociales que un pogrom o una hoguera medieval.

Tercero, diferenciando. No todos los virus se combaten igual: COVID no es influenza, hepatitis A no es B. Del mismo modo, no todo antisionismo es antisemitismo. Hay críticas exageradas al Estado de Israel que sí lo son, pero otras no. Confundirlo todo solo dificulta encontrar la vacuna correcta.

Cuarto, siendo selectivos. A algunos antisemitas se los enfrenta con argumentos, a otros se los ignora, y a los más peligrosos se los combate con firmeza legal y social. Pero no hay que desgastarse en convencer a los "infectados terminales": a esos hay que aislarlos.

Y finalmente, recordando una responsabilidad propia: como judíos, que hemos sufrido el virus del odio en carne propia durante siglos, debemos ser los primeros en rechazar cualquier forma de generalización, estigmatización o discriminación contra otros pueblos o minorías. El antisemitismo se enfrenta mejor dentro del marco más amplio de la lucha contra toda xenofobia y contra todo odio. Cuando alzamos la voz contra el racismo, la islamofobia, la homofobia o el desprecio a los migrantes, también fortalecemos la inmunidad de la sociedad frente al antisemitismo.

El antisemitismo es, lamentablemente, parte de la condición humana. Pero si lo reconocemos como el virus eterno que es, podemos reducir su mortalidad. Como soñó Isaías: "Forjarán sus espadas en arados… No alzará nación contra nación la espada ni se adiestrarán más para la guerra".

Ese ideal mesiánico quizás esté lejos. Pero mientras tanto, nuestra responsabilidad es mantener a raya al virus del antisemitismo, impedir que vuelva a ser mortal y proteger la dignidad humana en todas sus formas.

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Malvinas: el Gobierno evalúa sumar la pesca al régimen de sanciones

Presidencia
  • Ampliación del proyecto de sanciones. En el marco de la Ley de Defensa de la Soberanía Nacional que se enviará al Congreso, la Casa Rosada analiza extender el esquema de sanciones —hoy centrado en las petroleras— a la actividad pesquera vinculada a licencias británicas en Malvinas.
  • Un reclamo que viene del sector. La Fundación Latinoamericana de Sostenibilidad Pesquera y el peronismo piden aplicar a la pesca el mismo criterio que se usa contra las empresas que operan en la exploración de hidrocarburos sin autorización argentina.
  • Una herramienta legal que ya existe. Desde 2008, el artículo 27 bis de la Ley Federal de Pesca exige a quienes tienen cuotas o licencias en el país declarar que no tienen vínculos con buques que pesquen sin permiso argentino en Malvinas, bajo pena de perder esos permisos.
  • El antecedente con las petroleras. Tras la cadena nacional del 3 de septiembre, Cancillería denunció a 60 empresas y personas vinculadas a proyectos petroleros como Sea Lion, alcanzando también a accionistas, directores y proveedores.
  • Presentación en Diputados. El proyecto ingresará el próximo lunes por la Cámara baja, con Presti (Defensa) y Quirno (Cancillería) como posibles expositores; el oficialismo espera que el tratamiento comience entre fines de septiembre y principios de octubre.

Marc Jacobs, Michael Kors y otras marcas desembarcan en el nuevo shopping OH! Buenos Aires

  • Nuevo centro comercial en Recoleta. Prevé abrir sus puertas en los próximos meses en el predio del ex Buenos Aires Design, contando con 30.000 metros cuadrados, 110 locales y 30 propuestas gastronómicas.

  • Llegada de etiquetas inéditas al país. Firmas internacionales como Stella McCartney, Off-White, Golden Goose, Palm Angels, Scotch & Soda, Dsquared2 y Mandarina Duck tendrán por primera vez locales en la Argentina.

  • Moda automotriz y un esperado regreso. Maserati estrenará un espacio exclusivo destinado a su línea de indumentaria y accesorios, mientras que la firma francesa de trajes de baño Vilebrequin volverá a operar en el país.

  • Impulso importador y capitales nacionales. La llegada de estas grandes marcas globales se da en el marco de la reciente apertura de importaciones, dentro de un proyecto financiado por el grupo argentino Hatzlaja.