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Geopolítica y el daño colateral tecnológico

La guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán recrudece. La disputa geopolítica impacta en el oro, el petróleo y también en la conectividad global.

Gabriel Zurdo

El valor del barril de petróleo bate récords mientras el oro se desploma: son señales de cómo la economía y la geopolítica oscilan y se reconfiguran frente a los acontecimientos. En un contexto en el que Irán despliega misiles balísticos sobre la isla Diego García, a 4.000 kilómetros de distancia -exhibiendo capacidades que duplican los registros históricos conocidos- la evolución de esta tecnología bélica revela un salto cualitativo. Se trata de vectores que incursionan en trayectorias exoatmosféricas, con sistemas de propulsión por etapas y ojivas que reingresan desde el espacio a velocidades hipersónicas.

En paralelo, los ataques convencionales sobre la planta de Ras Laffan, en Qatar -responsable de aproximadamente el 33% de la producción mundial de helio- generan un efecto inmediato sobre la economía tecnológica global. Este gas resulta esencial para los procesos litográficos en la fabricación de microchips. Sin helio no hay semiconductores, y sin estos se vuelve inviable el desarrollo de la inteligencia artificial. No es casual que su precio haya registrado incrementos de entre el 70% y el 100%.

A ello se suma el daño sufrido por al menos tres centros de datos de Amazon en Emiratos Árabes Unidos y Bahréin, producto de ataques con drones. Las consecuencias no son menores: limitaciones en el acceso a datos en la nube, restricciones en la capacidad de procesamiento y una intencionalidad apenas disimulada de afectar el uso de inteligencia artificial en la planificación y ejecución de operaciones militares.

El acceso al conocimiento, la tecnología y la información se consolida así, como un activo estratégico. En este escenario, el estrecho de Ormuz adquiere una relevancia que excede largamente su rol energético. Por esa angosta franja -de apenas 54 kilómetros- no solo transita cerca del 20% del petróleo mundial: también circula una de las mayores concentraciones de cables submarinos del planeta, que conectan el Golfo Pérsico con Europa, Asia y África. Junto con el Mar Rojo, constituye una de las rutas más densas y críticas para la conectividad global de datos.

Internet, en riesgo

El riesgo es evidente. Ormuz no solo transporta crudo, sino que también funciona como una arteria clave del sistema nervioso digital global. Una eventual interrupción no implicaría necesariamente un apagón total de internet en tres continentes, pero sí generaría disrupciones de magnitud variable, dependiendo de la capacidad de cada país y operador para redirigir el tráfico a través de rutas alternativas.

Esto no atenúa la amenaza. Los cables submarinos soportan cerca del 99% del tráfico intercontinental de datos y comunicaciones de voz. Sobre ellos descansa el funcionamiento de transacciones financieras, comunicaciones gubernamentales sensibles y, en muchos casos, operaciones militares.

Estas infraestructuras constituyen, en los hechos, las venas y arterias de internet. Su operación y mantenimiento se realizan de forma remota, mediante sistemas ampliamente difundidos como Linux y Windows, lo que abre potenciales vectores de vulnerabilidad. En este contexto, tanto grupos hacktivistas como actores patrocinados por Estados -entre ellos Irán- incrementan sus capacidades y su propensión a ejecutar ciberataques o sabotajes físicos sobre estos sistemas críticos.

Las consecuencias de una interrupción de esta naturaleza serían profundas: afectación de servicios en la nube utilizados masivamente por individuos, empresas y gobiernos; aislamiento de centros de datos; y restricciones en actividades cotidianas que dependen de la conectividad global, desde enviar un correo electrónico hasta realizar una transferencia financiera o consumir contenido digital.

Los cables submarinos se consolidan así, como objetivos cada vez más atractivos en escenarios de conflicto, con el potencial de provocar disrupciones de escala global. Si bien Irán aparece hoy como un actor central en este frente, no se trata de un fenómeno aislado. Otros ejes de tensión -como Rusia-Ucrania, China-Taiwán o la creciente rivalidad entre Estados Unidos y China- configuran un entorno de riesgo en el que estas infraestructuras críticas serán, cada vez más, blanco de sabotaje, presión estratégica e inteligencia.

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Malvinas: el Gobierno evalúa sumar la pesca al régimen de sanciones

Presidencia
  • Ampliación del proyecto de sanciones. En el marco de la Ley de Defensa de la Soberanía Nacional que se enviará al Congreso, la Casa Rosada analiza extender el esquema de sanciones —hoy centrado en las petroleras— a la actividad pesquera vinculada a licencias británicas en Malvinas.
  • Un reclamo que viene del sector. La Fundación Latinoamericana de Sostenibilidad Pesquera y el peronismo piden aplicar a la pesca el mismo criterio que se usa contra las empresas que operan en la exploración de hidrocarburos sin autorización argentina.
  • Una herramienta legal que ya existe. Desde 2008, el artículo 27 bis de la Ley Federal de Pesca exige a quienes tienen cuotas o licencias en el país declarar que no tienen vínculos con buques que pesquen sin permiso argentino en Malvinas, bajo pena de perder esos permisos.
  • El antecedente con las petroleras. Tras la cadena nacional del 3 de septiembre, Cancillería denunció a 60 empresas y personas vinculadas a proyectos petroleros como Sea Lion, alcanzando también a accionistas, directores y proveedores.
  • Presentación en Diputados. El proyecto ingresará el próximo lunes por la Cámara baja, con Presti (Defensa) y Quirno (Cancillería) como posibles expositores; el oficialismo espera que el tratamiento comience entre fines de septiembre y principios de octubre.

Marc Jacobs, Michael Kors y otras marcas desembarcan en el nuevo shopping OH! Buenos Aires

  • Nuevo centro comercial en Recoleta. Prevé abrir sus puertas en los próximos meses en el predio del ex Buenos Aires Design, contando con 30.000 metros cuadrados, 110 locales y 30 propuestas gastronómicas.

  • Llegada de etiquetas inéditas al país. Firmas internacionales como Stella McCartney, Off-White, Golden Goose, Palm Angels, Scotch & Soda, Dsquared2 y Mandarina Duck tendrán por primera vez locales en la Argentina.

  • Moda automotriz y un esperado regreso. Maserati estrenará un espacio exclusivo destinado a su línea de indumentaria y accesorios, mientras que la firma francesa de trajes de baño Vilebrequin volverá a operar en el país.

  • Impulso importador y capitales nacionales. La llegada de estas grandes marcas globales se da en el marco de la reciente apertura de importaciones, dentro de un proyecto financiado por el grupo argentino Hatzlaja.