Todos buscan oro en la inteligencia artificial, pero pocos saben dónde cavar
La inteligencia artificial de punta se volvió un commodity. El verdadero diferencial ya no está en el modelo, sino en la capacidad de los equipos para adoptarlo y transformarlo en impacto real en el negocio.
En 1849, cientos de miles de personas cruzaron el continente en busca de oro en California. La llamada "fiebre del oro" dio origen a una de las mayores migraciones masivas de la historia de Estados Unidos. La mayoría regresó con las manos vacías. Quienes construyeron las grandes fortunas -y lograron sostenerlas en el tiempo- fueron otros. Como Samuel Brannan, que vendía picos, palas y suministros, o Levi Strauss, que fabricaba pantalones resistentes para los mineros. Mientras todos competían por encontrar la veta más prometedora, ellos entendieron que el negocio más rentable no estaba en encontrar oro, sino en proveer las herramientas que todos necesitaban para poder hacerse de él.
Casi dos siglos después, algo similar está ocurriendo con la inteligencia artificial.
La convergencia de los modelos
Cada semana aparece un nuevo modelo, una nueva herramienta o una nueva promesa de revolución. Muchas empresas sienten que deben correr detrás de la última novedad para no quedarse afuera. Pero esa carrera parte de una premisa equivocada: creer que la ventaja competitiva está en dar acceso a sus equipos a la mejor IA.
Los modelos más avanzados evolucionan a una velocidad inédita y las diferencias entre ellos son cada vez menores. El AI Index 2026 de Stanford -el reporte más citado en estos días- sugiere que la mayoría está cavando en el lugar equivocado.
El primer hallazgo es demoledor para esa lógica. Los modelos de frontera convergieron: a marzo de 2026, el mejor del mundo aventaja al que lo persigue por apenas 2,7%. En la práctica, la inteligencia de punta se volvió un commodity. Tener acceso "al mejor modelo" dejó de ser una ventaja competitiva, porque el mes que viene el liderazgo cambia de manos y la diferencia es marginal. Apostar todo a un modelo es como apostar a un solo minero en 1849: podés acertar pero no es mucho lo que un solo minero, por bueno que sea, puede lograr.
El segundo dato debería desvelar a cualquier directorio. El valor que la IA generativa les genera a los consumidores estadounidenses trepó a US$ 172.000 millones anuales, contra US$ 112.000 millones el año previo, y se produjo en su enorme mayoría con herramientas gratuitas o casi gratuitas. Leído al revés: se está creando una cantidad gigantesca de valor que las propias empresas que lo generan no consiguen capturar. Ese valor se escapa hacia los usuarios y hacia las pocas organizaciones disciplinadas que saben desplegar la IA donde efectivamente mueve la aguja. Crear valor con IA hoy es barato y relativamente fácil. Capturar ese valor es el verdadero desafío.
Acceso no es lo mismo que adopción
Y acá aparece la grieta más importante de todas. El 88% de las organizaciones ya adoptó IA en alguna medida. Pero el uso productivo real de agentes y automatizaciones -eso que promete hacernos más eficientes a todos- sigue siendo escaso.
La tecnología avanza dando saltos cuánticos, mientras las personas y los procesos cambian a paso de hombre.
La mayoría de las organizaciones ya compró licencias, habilitó plataformas o permitió el uso de inteligencia artificial. Sin embargo, eso no significa que estén transformando su forma de trabajar ni logrando un impacto significativo en sus resultados. No debemos confundir acceso con adopción. La adopción real, la que transforma los procesos y mueve la aguja del negocio, sigue siendo mucho más limitada. Entre contar con un recurso y usarlo bien hay un abismo, y ese abismo no es técnico, sino profundamente humano.
¿Cuáles son, entonces, los picos y palas de esta fiebre del oro? La respuesta fácil -y equivocada- es "Nvidia", "el hardware", "el modelo de turno". Pero si la inteligencia artificial avanza hacia la comoditización, el verdadero diferencial está en otro lugar: en las organizaciones capaces de desarrollar equipos preparados para incorporar estas herramientas, adaptarlas a sus procesos y convertirlas en resultados concretos. No la máquina, sino la capacidad de usarla.
Esta es una ventaja que no depende de qué modelo lidere el ranking el mes que viene. Las tecnologías van a cambiar, pero la capacidad de aprender, experimentar y aplicar nuevas herramientas seguirá siendo un factor diferencial para cualquier compañía que quiera capturar el valor de la inteligencia artificial.
La lección de 1849 nunca fue "no busques oro". Fue entender dónde estaba el valor que perdura. Hoy ese valor no está en el modelo que elijas -van a terminar pareciéndose todos- ni en la herramienta que compres. Está en construir la capacidad humana para desplegar lo que venga. Las empresas que ganan esta carrera no son las que tienen licencias y créditos de la mejor IA, sino las que tienen los mejores colaboradores, capaces de sacarle provecho. En esta fiebre del oro conviene asegurarse de que tu equipo sabe cómo y dónde cavar.
Leopold Aschenbrenner, un exinvestigador de OpenAI de 25 años, pasó de gestionar 45.000 millones de dólares a liquidarlo todo en apenas dos semanas. Qué dice este caso sobre el resto del mercado.
Ampliación del proyecto de sanciones. En el marco de la Ley de Defensa de la Soberanía Nacional que se enviará al Congreso, la Casa Rosada analiza extender el esquema de sanciones —hoy centrado en las petroleras— a la actividad pesquera vinculada a licencias británicas en Malvinas.
Un reclamo que viene del sector. La Fundación Latinoamericana de Sostenibilidad Pesquera y el peronismo piden aplicar a la pesca el mismo criterio que se usa contra las empresas que operan en la exploración de hidrocarburos sin autorización argentina.
Una herramienta legal que ya existe. Desde 2008, el artículo 27 bis de la Ley Federal de Pesca exige a quienes tienen cuotas o licencias en el país declarar que no tienen vínculos con buques que pesquen sin permiso argentino en Malvinas, bajo pena de perder esos permisos.
El antecedente con las petroleras. Tras la cadena nacional del 3 de septiembre, Cancillería denunció a 60 empresas y personas vinculadas a proyectos petroleros como Sea Lion, alcanzando también a accionistas, directores y proveedores.
Presentación en Diputados. El proyecto ingresará el próximo lunes por la Cámara baja, con Presti (Defensa) y Quirno (Cancillería) como posibles expositores; el oficialismo espera que el tratamiento comience entre fines de septiembre y principios de octubre.
Nuevo centro comercial en Recoleta. Prevé abrir sus puertas en los próximos meses en el predio del ex Buenos Aires Design, contando con 30.000 metros cuadrados, 110 locales y 30 propuestas gastronómicas.
Llegada de etiquetas inéditas al país. Firmas internacionales como Stella McCartney, Off-White, Golden Goose, Palm Angels, Scotch & Soda, Dsquared2 y Mandarina Duck tendrán por primera vez locales en la Argentina.
Moda automotriz y un esperado regreso. Maserati estrenará un espacio exclusivo destinado a su línea de indumentaria y accesorios, mientras que la firma francesa de trajes de baño Vilebrequin volverá a operar en el país.
Impulso importador y capitales nacionales. La llegada de estas grandes marcas globales se da en el marco de la reciente apertura de importaciones, dentro de un proyecto financiado por el grupo argentino Hatzlaja.