Una vergüenza histórica
El nuevo fraude perpetrado por el régimen de Nicolás Maduro confirma que el chavismo nunca aceptará una retirada pacífica e institucional del poder
El nuevo fraude perpetrado por el régimen de Nicolás Maduro confirma que el chavismo nunca aceptará una retirada pacífica e institucional del poder
Todas las democracias son imperfectas. Es el sistema mas sólido y mas frágil al mismo tiempo. Mas sólido, porque tiene los mecanismos más completos y equilibrados para evitar errores y abusos; más frágil, porque requiere un seguimiento constante que, sino se actualiza todo el tiempo, se desgasta y debilita.
Todos los otros sistemas, las teocracias musulmanas, los sistemas de partido único y todos los híbridos autoritarios caen invariablemente en arbitrariedades que ignoran derechos individuales y sociales, aunque sostengan que defienden “valores superiores”.
Venezuela expresa lo mismo que Bolivia, Nicaragua, Cuba u Honduras en la región latinoamericana. Todos nosotros somos parte de la “cultura occidental” con nuestra propia variedad étnica y nuestro folklore político regional. No podemos compararnos con Irán o China, países que tienen un marco cultural totalmente distinto.
Dicho esto, todos estamos sometidos a los mismos valores, plasmados en constituciones que prácticamente sacralizan lo mismo: independencia de poderes y libertad de prensa, con alternancia democrática y respeto a la propiedad y la libertad.
Algunos de nosotros han perdido el sano equilibrio que debe regirnos, siempre delicado e inestable, pero presente y supuestamente respetado. Venezuela es un ejemplo pornográfico de cómo pueden repetirse retóricamente supuestos valores vaciados de todo contenido concreto. Alcanza con escuchar al dictador Maduro hablar de Constitución, libertades, amor o paz, y constituirse en la garantía del cuidado de esos valores cuando, en la practica, es el líder de una banda de delincuentes que sólo se ocupa de violar todos esos principios mientras trafica con drogas, mal explota corruptamente su recurso fundamental -el petróleo- y somete a la inmensa mayoría de su población a la pobreza y al subdesarrollo creciente.
Para poder hacerlo, el chavismo concretó el control de la Justicia y las Fuerzas Armadas. La oposición democrática, pese a ser mayoría, nada puede hacer para alterar este estado de situación -aunque gane elecciones- porque “la fuerza impera sobre la razón” y las protestas internacionales no son mas que una débil cosquilla incapaz de modificar tal situación.
Esto es lo que estamos viviendo en Venezuela. Sólo una división del poder imperante -a nivel de la Justicia y las Fuerzas Armadas- puede alterar tal ecuación. Y, si así ocurriera, la definición se produciría después de una sangrienta guerra civil, donde el más fuerte será el que predomine. El mejor ejemplo es la Guerra Civil Española. Una excepción fue el régimen del general Pinochet en Chile, que se autosometió a un referéndum popular y acató su veredicto.
Sólo nos resta manifestar nuestra solidaridad con el valiente pueblo venezolano y rogar por que no se cumpla el baño de sangre reiteradamente anunciado por Maduro y sus secuaces.
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Las escandalosas elecciones presidenciales de este domingo en Venezuela despertaron una oleada de repudios dentro de la política argentina. Sin embargo, dentro del peronismo ni Cristina Kirchner, ni Alberto Fernández ni Sergio Massa se pronunciaron aún
El acuerdo no traerá alivio inmediato en el precio de la gasolina ni garantiza reponer las reservas estratégicas de EEUU; persisten la incertidumbre legal y la vulnerabilidad política.
Nuevo centro comercial en Recoleta. Prevé abrir sus puertas en los próximos meses en el predio del ex Buenos Aires Design, contando con 30.000 metros cuadrados, 110 locales y 30 propuestas gastronómicas.
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