Sociedad

No todo cambio es cultural: un estudio a gran escala demuestra que la evolución biológica continuó con la civilización

Investigadores de Harvard analizaron casi 16.000 genomas de los últimos 18.000 años y encontraron que la agricultura fue el principal motor del nuevo cambio evolutivo.

Eugenio Palopoli

Durante décadas, la biología evolutiva sostuvo una idea reconfortante: los humanos dejamos de evolucionar biológicamente cuando desarrollamos la cultura. Las instituciones, el lenguaje y la tecnología tomaron el lugar de los genes como mecanismo de adaptación. Sin embargo, un estudio publicado el pasado mes de abril en Nature por un equipo de la Universidad de Harvard cuestionó ese consenso con el conjunto de datos más grande recabado en la historia en su campo: el análisis de 15.836 genomas de personas que vivieron en Europa occidental y el Medio Oriente a lo largo de los últimos 18.000 años revela que la selección natural no solo continuó después de que los humanos empezaron a construir civilizaciones, sino que se aceleró. El motor de esa aceleración fue la agricultura.

El paper, liderado por Ali Akbari y David Reich, identificó 479 variantes génicas con selección fuerte en ese período, más del 60% de ellas vinculadas a rasgos humanos actuales que van desde la pigmentación de la piel hasta la resistencia a enfermedades infecciosas. La señal es estadísticamente débil —representa apenas el 2% de todos los cambios en frecuencia génica registrados— pero su detección fue posible gracias a una combinación de escala de datos y métodos computacionales nuevos. "Con estas técnicas podemos ver cómo la selección moldeó la biología en tiempo real", dijo Akbari al presentar los resultados.

La agricultura como motor evolutivo

Durante cientos de miles de años, los seres humanos vivieron como cazadores y recolectores en grupos pequeños y móviles. La presión selectiva existía, pero era relativamente estable. Con el Neolítico llegó un cambio de ambiente brutal y simultáneo: sedentarismo, hacinamiento, animales domésticos conviviendo con personas, dietas radicalmente nuevas, comercio a distancia, ciudades embrionarias. El genoma respondió.

Los datos del estudio muestran que la selección se aceleró notoriamente después de la transición agrícola. Entre las variantes génicas que aumentaron en frecuencia tras ese cambio aparecen algunas intuitivas y otras que desconciertan. En la columna de lo esperable: variantes asociadas a la tolerancia a la lactosa, a distintos tipos sanguíneos que influyen en la resistencia a infecciones bacterianas y virales, y a la inmunidad frente a enfermedades como la lepra. El sistema inmune, reorganizado por la convivencia masiva con animales y por nuevas enfermedades endémicas, es uno de los blancos más consistentes de la selección en este período.

Entre los hallazgos más contraintuitivos figura el de la enfermedad celíaca: la variante génica asociada al riesgo de intolerancia al gluten aumentó en frecuencia justo después de que las poblaciones empezaron a cultivar trigo. Es un ejemplo de la complejidad del proceso: los genes son pleiotrópicos, es decir, tienen múltiples efectos simultáneos, y lo que resulta desventajoso en un contexto puede ir acompañado de alguna ventaja en otro. Quizás esa variante ofrecía cierta protección contra alguna infección prevalente en las primeras comunidades agrícolas. El estudio detecta la selección, pero no siempre puede explicar por qué ocurrió.

Otras variantes que el estudio señala como seleccionadas en ese período incluyen menor predisposición a la artritis reumatoide y al alcoholismo, menor riesgo de alopecia masculina, y rasgos de lo que hoy se denomina "salud del envejecimiento", como una velocidad de marcha más rápida. Algunas variantes, como las asociadas a la susceptibilidad a la tuberculosis y a la esclerosis múltiple, primero aumentaron y luego disminuyeron en frecuencia a lo largo de los milenios, lo que indica que las presiones ambientales también cambiaron, y con ellas los rasgos ventajosos.

Lo que el paper muestra, en definitiva, es que cultura y biología no son alternativas sino variables que se retroalimentan. Cada cambio en el modo de vida generó nuevas presiones selectivas que moldearon la biología de las generaciones siguientes. La agricultura no liberó a los humanos de la evolución.

El debate sobre la inteligencia

El resultado más controvertido de este trabajo involucra los rasgos poligénicos, aquellos que no dependen de un gen sino de combinaciones de cientos de variantes simultáneas. Akbari detectó que las combinaciones génicas asociadas hoy con mayor rendimiento cognitivo, más años de escolaridad y menor riesgo de esquizofrenia y trastorno bipolar aparecen con mayor frecuencia en muestras del Neolítico tardío que en las del Mesolítico. Hay una tendencia temporal detectable.

Los propios autores piden cautela antes de sacar conclusiones. Las asociaciones entre genes y rasgos que utilizaron vienen de estudios modernos, hechos en sociedades con educación formal, tests estandarizados y mercados laborales. Proyectarlas 8.000 años hacia atrás exige asumir que esos genes significaban lo mismo en la Edad de Piedra, lo cual no tiene verificación posible. "Estos resultados no significan que los europeos evolucionaron para ser más inteligentes o más sanos que otros pueblos", escriben en el paper. Quizás esas variantes fueron seleccionadas porque mejoraban la memoria espacial útil para la navegación, o la capacidad de seguir reglas sociales complejas en comunidades sedentarias, o simplemente porque van acompañadas de otras variantes que conferían resistencia a alguna enfermedad.

Iain Mathieson, genetista de la Universidad de Pennsylvania y ex integrante del laboratorio de Reich, señaló que detectar selección en combinaciones de cientos de variantes es técnicamente mucho más difícil que hacerlo en genes individuales, y que los resultados sobre rasgos poligénicos requieren evidencia adicional antes de poder descartarse.

Siete años, 250 arqueólogos y robots

Para llegar a estos resultados hizo falta resolver antes un problema de escala. Los estudios anteriores de ADN antiguo habían identificado apenas 21 casos de selección direccional, estos es, el proceso por el cual una variante génica se vuelve más o menos frecuente porque confiere ventajas o desventajas reales de supervivencia. La muestra era demasiado pequeña y dispersa para distinguir esa señal de otros fenómenos que también modifican la frecuencia de los genes: migraciones, mezcla de poblaciones, variaciones aleatorias en grupos chicos.

El laboratorio de Reich pasó siete años construyendo el dataset necesario en colaboración con más de 250 arqueólogos y antropólogos. Generaron datos nuevos de 10.016 individuos, que se sumaron a 5.820 secuencias antiguas ya publicadas y 6.438 modernas. "Este único estudio duplica el tamaño de toda la literatura de ADN antiguo humano", dijo Reich. La extracción y el procesamiento se hicieron en gran parte de forma automatizada: "Extrajimos el ADN de los individuos con robots, lo limpiamos con robots y lo convertimos en una forma que puede secuenciarse con robots", explicó.

La otra innovación fue metodológica. Akbari desarrolló algoritmos capaces de aislar la señal de selección direccional del ruido generado por migraciones, mezcla de poblaciones y variaciones aleatorias. La señal resultó ser débil —representó apenas el 2% de todos los cambios en frecuencia génica registrados— pero detectable gracias al volumen de datos y a la precisión del método.

Todo esto importa también como contexto intelectual. La idea de que la evolución biológica humana se detuvo cuando surgió la cultura tiene una historia larga. El paleontólogo Stephen Jay Gould la formuló con claridad en una entrevista del año 2000: "No hubo cambios biológicos en los humanos en 40.000 o 50.000 años. Todo lo que llamamos cultura y civilización lo construimos con el mismo cuerpo y cerebro." Era una posición dominante, y en parte cómoda, porque cerraba la puerta a preguntas incómodas sobre diferencias biológicas entre poblaciones. El paper de Akbari y Reich no abre esa puerta de par en par, pero muestra que estaba entornada.

Malvinas: el Gobierno evalúa sumar la pesca al régimen de sanciones

Reunión de la mesa política del Gobierno por la cuestión Malvinas, con la participación de los ministros de Defensa y Relaciones Exteriores
Presidencia
  • Ampliación del proyecto de sanciones. En el marco de la Ley de Defensa de la Soberanía Nacional que se enviará al Congreso, la Casa Rosada analiza extender el esquema de sanciones —hoy centrado en las petroleras— a la actividad pesquera vinculada a licencias británicas en Malvinas.
  • Un reclamo que viene del sector. La Fundación Latinoamericana de Sostenibilidad Pesquera y el peronismo piden aplicar a la pesca el mismo criterio que se usa contra las empresas que operan en la exploración de hidrocarburos sin autorización argentina.
  • Una herramienta legal que ya existe. Desde 2008, el artículo 27 bis de la Ley Federal de Pesca exige a quienes tienen cuotas o licencias en el país declarar que no tienen vínculos con buques que pesquen sin permiso argentino en Malvinas, bajo pena de perder esos permisos.
  • El antecedente con las petroleras. Tras la cadena nacional del 3 de septiembre, Cancillería denunció a 60 empresas y personas vinculadas a proyectos petroleros como Sea Lion, alcanzando también a accionistas, directores y proveedores.
  • Presentación en Diputados. El proyecto ingresará el próximo lunes por la Cámara baja, con Presti (Defensa) y Quirno (Cancillería) como posibles expositores; el oficialismo espera que el tratamiento comience entre fines de septiembre y principios de octubre.

Marc Jacobs, Michael Kors y otras marcas desembarcan en el nuevo shopping OH! Buenos Aires

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  • Nuevo centro comercial en Recoleta. Prevé abrir sus puertas en los próximos meses en el predio del ex Buenos Aires Design, contando con 30.000 metros cuadrados, 110 locales y 30 propuestas gastronómicas.

  • Llegada de etiquetas inéditas al país. Firmas internacionales como Stella McCartney, Off-White, Golden Goose, Palm Angels, Scotch & Soda, Dsquared2 y Mandarina Duck tendrán por primera vez locales en la Argentina.

  • Moda automotriz y un esperado regreso. Maserati estrenará un espacio exclusivo destinado a su línea de indumentaria y accesorios, mientras que la firma francesa de trajes de baño Vilebrequin volverá a operar en el país.

  • Impulso importador y capitales nacionales. La llegada de estas grandes marcas globales se da en el marco de la reciente apertura de importaciones, dentro de un proyecto financiado por el grupo argentino Hatzlaja.