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Un estudio masivo confirma que prohibir los celulares en clase mejora el rendimiento académico

El experimento se llevó a cabo en India con casi 17.000 estudiantes y reveló además que la medida tiene otros efectos colaterales positivos.

Eugenio Palopoli

Un experimento controlado con casi 17.000 estudiantes universitarios de India confirmó que prohibir el uso de celulares en las aulas mejora significativamente el rendimiento académico y cambia radicalmente la percepción de los estudiantes sobre estas políticas. La investigación, realizada en 10 instituciones de educación superior durante el segundo semestre de 2024, es el primer estudio masivo y riguroso sobre los efectos de medidas que ya aplica más del 40% de los sistemas educativos del mundo.

El trabajo estuvo a cargo de Alp Sungu, investigador de la Escuela Wharton de la Universidad de Pensilvania, Pradeep Kumar Choudhury, de la Universidad Jawaharlal Nehru, y Andreas Bjerre-Nielsen, de la Universidad de Copenhague. Los científicos dividieron al azar a los estudiantes de cada curso en dos grupos: uno debía depositar obligatoriamente sus teléfonos en aproximadamente mil cajas de madera fabricadas especialmente para el experimento al inicio de cada clase, mientras que el otro mantuvo acceso libre a sus dispositivos.

La escala del estudio no tiene precedentes en la literatura científica sobre tecnología educativa. "A pesar del auge de estas medidas, existe una marcada falta de evidencia experimental a gran escala que evalúe los impactos más amplios del uso de dispositivos móviles en el aprendizaje", explicaron los autores en el documento publicado en la plataforma académica SSRN.

Los resultados mostraron un aumento promedio de 0,086 desviaciones estándar en las calificaciones del grupo que no tuvo acceso a celulares, un efecto que los investigadores compararon con intervenciones educativas reconocidas. "Este impacto es equivalente aproximadamente a la diferencia entre tener un profesor muy bueno y uno apenas promedio durante un año académico completo", detallaron. La mejora también se equipara a los efectos de programas exitosos de capacitación docente y reformas curriculares a gran escala, que típicamente generan ganancias de entre 0,05 y 0,20 desviaciones estándar.

Los más beneficiados: estudiantes de primer año y de bajo rendimiento

El impacto más dramático se registró entre estudiantes de primer año, aquellos con bajo rendimiento previo y quienes cursaban carreras no relacionadas con ciencias exactas. Dentro de estos grupos, los efectos fueron consistentemente positivos y estadísticamente significativos, mientras que estudiantes de años superiores, con alto rendimiento previo o de carreras de ciencias duras (las llamadas STEM) no experimentaron mejoras detectables.

Los datos revelaron que la política funcionó como un redistribuidor de oportunidades educativas. Entre los estudiantes con calificaciones por debajo de la mediana antes del experimento, el grupo sin celulares mostró una mejora de 0,161 desviaciones estándar, más del doble del efecto promedio. Los estudiantes de primer año experimentaron un incremento de 0,142 desviaciones estándar, mientras que aquellos en carreras no-STEM registraron 0,097 desviaciones estándar de mejora.

"Al beneficiar desproporcionalmente a estudiantes inicialmente en desventaja, la política puede ayudar a reducir las brechas de rendimiento académico", señalaron los investigadores. El experimento también reveló que la prohibición redujo la desigualdad en las calificaciones dentro del grupo tratado: mientras que la variación en las notas aumentó 10,83 puntos en el grupo control, solo creció 5,16 puntos entre los estudiantes sin acceso a celulares.

Estos hallazgos sugieren que las mejoras académicas podrían tener efectos en cadena en las tasas de graduación. "Incluso aumentos modestos en el promedio de calificaciones, como los documentados aquí, pueden ayudar significativamente a estudiantes académicamente vulnerables a mantenerse en el camino correcto, reduciendo potencialmente las tasas de deserción", proyectaron los autores.

Cambio radical: los estudiantes terminan apoyando la medida

Uno de los hallazgos más sorprendentes fue el cambio radical de actitud de los propios estudiantes. A través de encuestas aplicadas a 2.557 participantes, los investigadores descubrieron que quienes experimentaron la prohibición se volvieron significativamente más favorables a estas políticas, un resultado que desafía las preocupaciones de los responsables de políticas educativas.

"Los estudiantes expuestos a la prohibición de celulares mejoraron sustancialmente sus actitudes hacia las políticas de restricción", indicó el estudio. Los participantes del grupo que vivió la prohibición percibieron mayores beneficios de las restricciones y redujeron dramáticamente su preferencia por aulas sin prohibiciones. Cuando se les ofreció cinco opciones de políticas diferentes, desde prohibiciones durante todo el día hasta restricciones por aplicaciones, los estudiantes que habían vivido la prohibición fueron significativamente menos propensos a elegir la opción de "sin prohibición".

Este cambio de percepción genera lo que los investigadores denominaron un "ciclo que se autorrefuerza": "La convergencia de un mejor rendimiento académico y una mayor receptividad estudiantil subraya la efectividad potencial de tales políticas, ya que la prohibición de teléfonos puede cultivar la aceptación estudiantil cuando los alumnos experimentan personalmente sus beneficios", explicaron.

Curiosamente, el apoyo más fuerte provino de los estudiantes más aplicados y aquellos con calificaciones superiores a la mediana, aunque los beneficios académicos fueron mayores entre estudiantes de bajo rendimiento. Las mujeres mostraron mayor inclinación a apoyar las prohibiciones y percibieron mayores beneficios asociados, mientras que el aumento en el miedo a perderse algo (FOMO) afectó predominantemente a los varones.

Transformación del clima en el aula

Los investigadores realizaron 7.797 verificaciones aleatorias en aulas durante todo el semestre, enviando asistentes de investigación a observar discretamente las dinámicas de clase a través de ventanas o puertas. Estos controles externos revelaron cambios profundos en el comportamiento tanto de estudiantes como de docentes.

Las aulas con prohibición mostraron reducciones significativas en comportamientos disruptivos y conversaciones irrelevantes. Los docentes aparecieron significativamente más ocupados manteniendo el orden y enfocándose en materiales educativos. Sorprendentemente, aunque la prohibición no se aplicaba a los profesores, estos también redujeron su propio uso de celulares en las aulas donde regía la medida.

Paradójicamente, los observadores externos notaron que los estudiantes sin acceso a celulares parecían más distraídos, aunque los propios estudiantes no reportaron sentirse así en las encuestas. Los autores explicaron esta aparente contradicción: "Al eliminar una fuente clave de escape (el uso de celulares en clase), los estudiantes pueden dirigir su atención hacia distracciones alternativas que podrían ser más fácilmente detectables por un observador externo".

El único efecto adverso detectado fue un leve aumento en el miedo a perderse algo entre los estudiantes que vivieron la prohibición. Los investigadores atribuyeron esto a la "imposibilidad de mantenerse al día con las redes sociales durante las horas de clase", pero proyectaron que "una prohibición a nivel escuela o nacional podría eliminar algunos de estos efectos".

No se registraron cambios significativos en el bienestar general, la motivación académica, el tiempo total de uso del teléfono, la frecuencia de llevar dispositivos a la escuela o experiencias de acoso en línea, lo que sugiere que los beneficios se concentran específicamente en el ambiente de aprendizaje sin generar efectos negativos en la vida digital de los estudiantes.

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