¿Se desinfla o estalla? Lo que dejó el jueves negro de la inteligencia artificial
El Nasdaq se hundió 5,5% en una rueda y volvió la pregunta sobre la IA: ¿ajuste o burbuja? Qué pasó, por qué y qué puede venir.
El Nasdaq se hundió 5,5% en una rueda y volvió la pregunta sobre la IA: ¿ajuste o burbuja? Qué pasó, por qué y qué puede venir.
Wall Street sufrió el jueves 5 de noviembre su peor rueda desde abril de 2025. El Nasdaq, el índice que concentra a las tecnológicas, cayó 5,5%; el S&P 500 perdió 4,4% y el Dow Jones, 3,4%, más de 1.800 puntos. El golpe más duro lo recibieron los fabricantes de chips y los proveedores de infraestructura de la inteligencia artificial (IA): el índice de semiconductores de Filadelfia se desplomó 12%, su mayor caída diaria desde marzo de 2020, y Nvidia, símbolo del auge, cedió alrededor de 9%, unos 440.000 millones de dólares de valor de mercado en una sola jornada, según Bloomberg.
La caída llegó un día después de una fuerte suba: el miércoles, con los resultados de las elecciones de medio término recién conocidos, el Dow Jones había avanzado 3%, su mejor jornada tras unos comicios de este tipo en 44 años, según Fortune. El disparador del cambio de ánimo fue el temor a que el triunfo demócrata, que obtuvo la mayoría en ambas cámaras del Congreso, frene la construcción de centros de datos, las instalaciones donde funcionan los sistemas de IA. Detrás reapareció una discusión más vieja, la de si existe una burbuja de la IA: si el negocio puede justificar el gasto, la deuda y los precios que alcanzó.
Las pérdidas se calculan de distinto modo: unos 2,5 billones de dólares en el Nasdaq Composite y cerca de 3 billones en el conjunto del mercado estadounidense. El Nasdaq entró en corrección, una baja de 10% o más desde el máximo: cerró cerca de 12% por debajo del récord de octubre, todavía lejos del 20% que define un mercado bajista. El viernes hubo un rebote parcial: el Nasdaq subía más de 1% en plena rueda y Nvidia, cerca de 4%, después de que las bolsas de Tokio y Seúl cayeran alrededor de 6%.
La sacudida no fue la primera del año. El Nasdaq había entrado en corrección en marzo, tocó máximos en junio, rozó otra caída similar a fines de julio y volvió a marcar récords entre septiembre y octubre. El episodio pesa más allá de Wall Street porque el gasto en IA sostiene buena parte de la actividad de Estados Unidos: según el banco ING, la inversión vinculada a esta tecnología explica 37% del crecimiento real del país, más del doble de lo que aportaba la inversión en tecnologías de la información en la época de las puntocom (entre 16% y 18% en 1998-2000).
Varios analistas coinciden en que las elecciones aceleraron una corrección que ya venía gestándose. Las explicaciones se agrupan en cuatro hipótesis.
La primera es política. Las elecciones incluyeron 41 iniciativas para limitar los centros de datos, y la mayoría se aprobó, sobre todo en Ohio, según Fortune. En Texas, la demócrata Gina Hinojosa derrotó al gobernador republicano Greg Abbott con la promesa de frenar nuevas habilitaciones, en un estado que concentra, según Wells Fargo, 27% de la capacidad prevista del país. UBS calcula que cerca de un tercio de la potencia de cómputo proyectada para 2028 en Estados Unidos está en riesgo. Falta ver cuánto se concreta: se prevé que la discusión se dé sobre todo estado por estado, y la resistencia no es exclusiva de un partido, ya que Abbott había suspendido en septiembre los permisos nuevos hasta auditar la red eléctrica.
La segunda apunta a las cuentas. Las valuaciones ya se comprimían: Nvidia cotiza a 13 veces las ganancias previstas para los próximos doce meses, contra más de 32 hace un año, y esta semana decepcionaron las proyecciones de Qualcomm y Arm. Giordano Lombardo, fundador de Plenisfer Investments (grupo Generali), recordó que el auge de las telecomunicaciones e internet de los noventa dio frutos “pero no de forma ordenada”, y que hoy el capital requerido es mucho mayor en relación con el tamaño de la economía. Si el retorno resulta modesto, advirtió, buena parte de lo invertido tendrá que amortizarse y eso afectará los balances de quienes lo hicieron.
La tercera es la deuda, que varios analistas consideran el punto más frágil. Una parte creciente del auge se financia con crédito y los actores más endeudados ya muestran tensión. CoreWeave, que alquila capacidad de cómputo a las grandes tecnológicas, tiene bonos que rinden más de 16% anual, y sus seguros contra el default (CDS) superan los 1.289 puntos básicos, cerca de 13% anual del monto asegurado, según Deutsche Bank. Oracle, con 118.000 millones de dólares en deuda de largo plazo y un contrato de 300.000 millones con OpenAI, tenía a mediados de octubre sus bonos cerca del umbral de la categoría especulativa, según CNBC. El Fondo Monetario Internacional (FMI) contó 14 operaciones circulares desde 2023, en las que dinero y compromisos de pago pasan de una empresa a otra dentro del sector: unos 300.000 millones de dólares en capital y 650.000 millones en deuda, a cambio de 1,4 billones en ingresos futuros comprometidos. Su directora gerente, Kristalina Georgieva, resumió el riesgo en octubre: la economía mundial está “parada sobre una pierna, la de la IA”.
La cuarta es monetaria. Con la inflación por encima de la meta de 2% desde hace más de cinco años y el petróleo caro por la guerra en Irán, la Reserva Federal, que preside Kevin Warsh, se perfila para su segunda suba de tasas del año. El informe de empleo del viernes lo reforzó: se crearon 165.000 puestos en octubre, contra 65.000 que proyectaban los economistas consultados por Reuters, y el desempleo bajó a 4,1%. Las apuestas del mercado ubican alrededor de 80% la probabilidad de un aumento de 0,25 punto en la reunión del 8 y 9 de diciembre. Tasas más altas encarecen los proyectos que se financian con deuda y reducen el valor presente de las ganancias futuras de las tecnológicas.
Los analistas manejan tres escenarios.
El primero es un desinflado ordenado. Robert Armstrong, columnista del Financial Times, sostuvo que las elecciones aceleraron un proceso que ya estaba en marcha y que cabe esperar que el sector de la IA encuentre un nuevo equilibrio, quizás a un nivel bastante más bajo, sin un colapso generalizado. Según Le Grand Continent, la mayoría de los analistas relativiza el alcance de la caída. Administradoras de fondos como Vontobel agregan que la demanda de capacidad de cómputo sigue sólida.
El segundo es un freno gradual. Si las restricciones avanzan estado por estado, Amazon, Alphabet, Microsoft y Meta tendrían que moderar un gasto que los inversores ya castigaban cuando excedía el dinero que generan sus operaciones. Gastar menos implica endeudarse menos, pero también menor crecimiento para quienes les venden chips y servicios.
El tercero es un quiebre en el mercado de deuda. El economista Dario Perkins describió, antes de las elecciones, un caso extremo con caídas de al menos 30% en las acciones estadounidenses, pérdidas crediticias de 200.000 millones de dólares y una ola de defaults de empresas tecnológicas, según recogió esa publicación. El FMI, por su parte, estima que una caída brusca de la inversión en IA recortaría el PIB mundial 1,1% hacia 2028 (1,8% en Estados Unidos), sin llegar a una recesión global. Otros análisis, como el de Flossbach von Storch, sostienen que la economía estadounidense depende menos de esta inversión de lo que supone el mercado.
Las próximas semanas darán pistas: los resultados de Nvidia, previstos para el 17 de noviembre; la reunión de la Reserva Federal de diciembre; la evolución de los bonos de CoreWeave y Oracle, y el avance de las iniciativas de moratoria en los estados.