Política

El país de los dos relojes

Entre la impaciencia democrática y la memoria de los fracasos, la Argentina vuelve a preguntarse si está saliendo de algo o entrando en otra cosa.

Nicolás Bottini

Hay semanas en que la política argentina parece discutir medidas. Y hay semanas, como esta, en que lo que realmente discute es el tiempo. No el tiempo meteorológico ni el histórico, ni el abstracto, sino algo más inmediato y menos visible que nace de la experiencia misma de vivir en este país.

Últimamente, lo que se plantea en los hechos y no se termina de decir del todo es quién define cuánto dura un proceso, cuándo debe dar resultados y cuánto se tolera la espera.

Si uno junta las escenas de estos días, el impasse del Gobierno con sus viajes, la presión externa de la guerra en medio oriente y el precio del combustible, la recaudación que cae, la inflación que no termina de ceder, los sectores que crecen mientras otros se encogen, aparece un clima extraño que no depende de una secuencia lógica. Un clima que no se deja leer del todo en los números, pero sí en las conversaciones. En la mesa familiar donde alguien pregunta hasta cuándo. En el taxi donde el chofer sentencia que esto no aguanta. Instantes de la vida cotidiana.

Lo interesante es que la pregunta no es nueva. Lo que cambia, en todo caso, es la velocidad con la que se exige una respuesta y la tolerancia a los resultados. La política argentina vive desde hace años en esta dinámica, que por momentos se acelera hasta volverse una especie de ultimátum permanente. Siempre parece que algo está por terminarse. La paciencia, el margen, el crédito, el relato.

Relojes que no marcan la misma hora

Tal vez porque conviven dos relojes que no marcan la misma hora. Está el reloj de la coyuntura, rápido y nervioso, hecho de titulares y microclimas. Y está el reloj de los procesos, más lento, que mide transformaciones estructurales y cambios en las expectativas. El problema es que ambos suenan al mismo tiempo y nadie sabe cuál escuchar.

En ese desacople se juega buena parte de la ansiedad actual. La oposición funciona muchas veces como acelerador del tiempo político, pero esa aceleración suele encontrar eco en la propia sociedad. No siempre por adhesión ideológica, sino por algo más simple. La ansiedad es contagiosa.

Ahí aparece la paradoja. La misma población que exige resultados inmediatos desconfía de las soluciones rápidas. Queremos que las cosas se resuelvan ya, pero tememos sus consecuencias. Pedimos shock y nos aterra el dolor. Reclamamos paciencia y desconfiamos de la espera. El precio para pagar por el cambio deseado es exactamente el de dejar atrás la vida actual.

En esto hay algo que ya había intuido Alexis de Tocqueville cuando observaba las democracias modernas. Decía que cuanto más posible parece el progreso, menos tolerable se vuelve la demora. Que las expectativas crecen más rápido que los resultados. En la Argentina esa intuición tiene un matiz propio. No nace solo de la promesa de progreso sino también de la memoria de los retrocesos. Navega hacia adelante desbocado de deseos de cambio que son fruto, muchas veces, de haber andado una geografía salpicada de fracasos.

Mientras tanto, la economía real parece haber dejado de ser una sola. Hoy es más un mosaico que una curva. Hay sectores que crecen mientras otros se achican o mutan en silencio. Hay geografías donde el ajuste se vive como derrumbe y otras donde se vive como transición. Esa fragmentación rompe el relato único y produce percepciones distintas del mismo momento.

La discusión en Argentina

Por eso la discusión sobre si el golpe de la coyuntura es letal o circunstancial tal vez esté mal formulada. Lo decisivo no siempre es el dato sino el sentido del dato. En Argentina los indicadores pesan, pero el humor social pesa tanto como ellos.

Quizás por eso esta semana deja una sensación difícil de nombrar. No es exactamente desesperación ni esperanza. Es más bien una forma de suspensión. Como si el país estuviera detenido en una escena intermedia, sin saber si está saliendo de algo o entrando en otra cosa.

Me gusta pensarlo con una imagen doméstica. La diferencia entre estar en la pantalla de carga y estar en un nivel nuevo del juego. Si es pantalla de carga, uno espera que se complete el "Loading...". Si es un nivel nuevo, hay que aprende reglas nuevas y descubrir como desempeñarse en los nuevos escenarios. El problema es que en la Argentina actual nadie explica las reglas y aclara en cuál de las dos pantallas estamos. No se nivelen las expectativas exitosamente entre ciudadanos, sectores económicos, y partidos políticos y por eso mismo nos parece estar en ese “loading” infinito.

Así todo, tal vez la discusión de fondo no sea si este momento es terminal o pasajero, sino qué hacemos mientras tanto. Cómo se vive en un país que parece siempre al borde de algo, pero rara vez llega a buen puerto. Quizás ahí esté la historia de esta semana. Y no esté en lo que pasó ni en lo que pasará, sino en esa pregunta que se repite en voz baja.

Si Tocqueville tenía razón y la impaciencia crece cuando el cambio se vuelve imaginable, entonces tal vez esta aceleración diga menos sobre el final de algo que sobre la cercanía de otra etapa. ¿Y si esta ansiedad no fuera solo miedo, sino también el síntoma de que algo empieza a moverse?

Tal vez no estemos ante un final, sino otra vez frente a un umbral.

Malvinas: el Gobierno evalúa sumar la pesca al régimen de sanciones

Reunión de la mesa política del Gobierno por la cuestión Malvinas, con la participación de los ministros de Defensa y Relaciones Exteriores
Presidencia
  • Ampliación del proyecto de sanciones. En el marco de la Ley de Defensa de la Soberanía Nacional que se enviará al Congreso, la Casa Rosada analiza extender el esquema de sanciones —hoy centrado en las petroleras— a la actividad pesquera vinculada a licencias británicas en Malvinas.
  • Un reclamo que viene del sector. La Fundación Latinoamericana de Sostenibilidad Pesquera y el peronismo piden aplicar a la pesca el mismo criterio que se usa contra las empresas que operan en la exploración de hidrocarburos sin autorización argentina.
  • Una herramienta legal que ya existe. Desde 2008, el artículo 27 bis de la Ley Federal de Pesca exige a quienes tienen cuotas o licencias en el país declarar que no tienen vínculos con buques que pesquen sin permiso argentino en Malvinas, bajo pena de perder esos permisos.
  • El antecedente con las petroleras. Tras la cadena nacional del 3 de septiembre, Cancillería denunció a 60 empresas y personas vinculadas a proyectos petroleros como Sea Lion, alcanzando también a accionistas, directores y proveedores.
  • Presentación en Diputados. El proyecto ingresará el próximo lunes por la Cámara baja, con Presti (Defensa) y Quirno (Cancillería) como posibles expositores; el oficialismo espera que el tratamiento comience entre fines de septiembre y principios de octubre.

Motosierra en la mira: la oposición desafía a Milei en Diputados por deudas y discapacidad

Mañana se espera sesión en Diputados.
Victoria Urruspuru / El Observador
  • Sesión con quórum justo. La oposición convocó a sesionar este miércoles para emplazar y dictaminar proyectos sobre endeudamiento familiar y discapacidad. Necesitan reunir 129 presentes y estiman alcanzar los 130 diputados.
  • Estrategia libertaria. El oficialismo abrió las comisiones solicitadas y se comprometió a apoyar las iniciativas, si no generan déficit fiscal; aunque no sería suficiente para frenar la sesión.
  • Rol clave de los gobernadores. Diputados de Tucumán y Catamarca dijeron que darán quórum, pero la incógnita pasa por los de Salta y Misiones, sumados a posturas ambiguas dentro de Provincias Unidas.
  • Mensaje político a Milei. El peronismo y sus aliados buscan demostrar fortaleza frente al Ejecutivo, pese a los intentos de La Libertad Avanza por destrabar el conflicto.
  • ¿Respuesta del Gobierno? No se descartan anuncios del Gobierno hoy, tras la mesa política, para intentar desarticular la convocatoria.