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Democracia randómica

La desinformación se ha convertido en una epidemia que amenaza las democracias. A través de deepfakes y manipulación digital, las instituciones pierden credibilidad. La era de la democracia "randómica" exige un nuevo enfoque en la verdad y la información.

Gabriel Zurdo

La desinformación no es un asunto político: a estas alturas es una epidemia, una realidad social; mentir, falsear, difamar, engañar abandonaron su papel verbal, representan la munición con la que dispara esta nueva arma que deslamina las democracias y las adelgaza.

Deepfakes, manipulación, suplantación, acciones y recursos online que conspiran en socavar la confianza y la credibilidad de las instituciones democráticas y sus protagonistas.

La democracia en tono digital debería sostener la apertura informativa y mantener a la sociedad informada, dotarla de herramientas para fortalecer y preservar la integridad de los datos y alimentar la capacidad de discernimiento del público y todo esto constituirse en un objetivo estratégico.

El sesgo de la información no es aleatorio, el bombardeo tendencioso es programado y dirigido, nada es casual ni randómico, colocar intencionalmente contenido al alcance de grupos etarios, sociales o raciales específicos es cada vez más probable y procedente, es un proceso deliberado y consciente.

No existe un espejo en el que contrastar y escrutar si nuestra opinión se construye a partir de la metralla diseñada, gestionada y dirigida hacia y a través de nuestras múltiples pantallas, las plataformas omnipresentes penetran las delgadas capas de defensa previamente configuradas por el exótico y adictivo elixir de las redes sociales, influencers y recortes de noticias o pronunciamientos que alguna vez fueron verdad y hoy ya no solo no sabemos, ni siquiera dubitamos.

El convencimiento de que las redes sociales son “la realidad” parece haber permeado en todas las capas de la estructura social, por adoctrinamiento o simple pulsión allí se ha instalado una perspectiva mucho más compleja, no solo se trata de realidad, sino de “la verdad” y para algunos con características propias del Oráculo de Delfos, así es, para los creadores de la democracia, aquellos mismos griegos cultores de la mítica concepción del Oráculo constituye un simbólico viaje en el tiempo que imparte realidades y verdades a todo el mundo, en cualquier momento del día, a toda hora y sin límites geográficos.

Disputar y ganar una elección a través de las redes sociales es casi un commodity, parece que no habrá otro método de aquí en adelante, pero manipular, denostar y desinformar se encuadran rápidamente en la categoría de “clásico” irreversible.

Personas y algoritmos mienten, estafan, engañan. Es condición humana. Se utilizan tácticas dolosas que dañan la ética con tal de alcanzar un objetivo. La tecnología, manejada por humanos, carece hoy de controles regulatorios efectivos. La superficie a monitorear sin vulnerar la libertad de expresión es inmensa, y el problema, real y sin solución a la vista.

Democracias e instituciones se desgastan, puestas en duda por la irrupción de la IA hoy, y de la Computación Cuántica mañana. Las máquinas harán lo que los humanos ordenen… por ahora. Luego, los algoritmos.

El nuevo Oráculo responde y aconseja, como lo hacía el de Delfos, patrocinado por Apolo y voceado por Pitia. Aquel legado nos obliga a repensar nuestro rol y responsabilidad en la calidad democrática que buscamos. Tres máximas resisten el tiempo y hoy nos advierten ante la desinformación: sé justo. Nada en exceso. Conócete a ti mismo. Gracias, Apolo.

Malvinas: el Gobierno evalúa sumar la pesca al régimen de sanciones

Reunión de la mesa política del Gobierno por la cuestión Malvinas, con la participación de los ministros de Defensa y Relaciones Exteriores
Presidencia
  • Ampliación del proyecto de sanciones. En el marco de la Ley de Defensa de la Soberanía Nacional que se enviará al Congreso, la Casa Rosada analiza extender el esquema de sanciones —hoy centrado en las petroleras— a la actividad pesquera vinculada a licencias británicas en Malvinas.
  • Un reclamo que viene del sector. La Fundación Latinoamericana de Sostenibilidad Pesquera y el peronismo piden aplicar a la pesca el mismo criterio que se usa contra las empresas que operan en la exploración de hidrocarburos sin autorización argentina.
  • Una herramienta legal que ya existe. Desde 2008, el artículo 27 bis de la Ley Federal de Pesca exige a quienes tienen cuotas o licencias en el país declarar que no tienen vínculos con buques que pesquen sin permiso argentino en Malvinas, bajo pena de perder esos permisos.
  • El antecedente con las petroleras. Tras la cadena nacional del 3 de septiembre, Cancillería denunció a 60 empresas y personas vinculadas a proyectos petroleros como Sea Lion, alcanzando también a accionistas, directores y proveedores.
  • Presentación en Diputados. El proyecto ingresará el próximo lunes por la Cámara baja, con Presti (Defensa) y Quirno (Cancillería) como posibles expositores; el oficialismo espera que el tratamiento comience entre fines de septiembre y principios de octubre.

Marc Jacobs, Michael Kors y otras marcas desembarcan en el nuevo shopping OH! Buenos Aires

Marc Jacobs, Michael Kors y otras marcas desembarcan en el nuevo shopping OH! Buenos Aires
  • Nuevo centro comercial en Recoleta. Prevé abrir sus puertas en los próximos meses en el predio del ex Buenos Aires Design, contando con 30.000 metros cuadrados, 110 locales y 30 propuestas gastronómicas.

  • Llegada de etiquetas inéditas al país. Firmas internacionales como Stella McCartney, Off-White, Golden Goose, Palm Angels, Scotch & Soda, Dsquared2 y Mandarina Duck tendrán por primera vez locales en la Argentina.

  • Moda automotriz y un esperado regreso. Maserati estrenará un espacio exclusivo destinado a su línea de indumentaria y accesorios, mientras que la firma francesa de trajes de baño Vilebrequin volverá a operar en el país.

  • Impulso importador y capitales nacionales. La llegada de estas grandes marcas globales se da en el marco de la reciente apertura de importaciones, dentro de un proyecto financiado por el grupo argentino Hatzlaja.