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Un militar en Defensa y una democracia que todavía no se defiende sola

La sociedad argentina aún lee ciertos símbolos con la gramática de los años '80, quizá porque la democracia no terminó de construir un presente que desactive esos reflejos. ¿Qué implica un militar en Defensa? Entre miedos heredados y derechos incumplidos, el debate revela algo más hondo.

Nicolás Bottini

En redes, el efecto fue inmediato. Comentarios en modo reflejo: "¿Esto está bien?", "¿Volvemos para atrás?", "¿Es normal o es raro?". Una mezcla de alerta y desconcierto. Parecía más bien un eco remoto que un análisis. Y ahí estaba el detalle. El uniforme no es solo un uniforme, es un archivo emocional. No necesita presentación porque ya está cargado de pasado, incluso si ese pasado ya no coincide exactamente con la realidad que tenemos enfrente.

En este caso, la realidad cambió más de lo que creemos. Las Fuerzas Armadas de hoy y las de hace 40 años no son intercambiables. Cambió la formación, la doctrina, los controles, la inserción internacional, la relación con la política. Cambió incluso la forma en que se conciben a sí mismas. Uno podría discutir ritmos, deudas, reparos, pero hay un hecho insoslayable: la institución mutó. Lo que no mutó con la misma velocidad es el reflejo social que despierta.

Es curioso: el país que suele definirse como "experto en procesos políticos" es, al mismo tiempo, muy lento para procesar simbólicamente sus propios cambios. La transición democrática fue tan fuerte, tan definitoria, que dejó grabado en la piel un código de lecturas rápidas: uniforme = riesgo. Y, como todo resorte emocional, no pregunta por el contexto antes de dispararse. Simplemente actúa.

Sin embargo, lo más interesante es que ese reflejo no solo habla del pasado. Habla del presente. Habla del modo en que percibimos la democracia después de 42 años. Del modo en que, todavía hoy, ciertos símbolos del Estado nos generan más inquietud que confianza. Y es ahí donde aparece una idea incómoda. ¿Será que tal vez el temor no surge del militar, sino de la sensación de que la democracia aún no terminó de hacerse cargo de sí misma? Como si nuestra democracia hubiera logrado instalar sus instituciones, pero no su tranquilidad; sus reglas, pero no su resguardo; como si todavía funcionara más como promesa que como un territorio donde la vida cotidiana se siente verdaderamente acompañada.

Una democracia a medio camino

Si uno corre el foco apenas unos centímetros, la escena cambia. Un militar en Defensa no implica por sí mismo una regresión. En muchos países es normal; en otros es irrelevante. La pregunta no es sobre la persona sino sobre lo que revela de nosotros. ¿Por qué, después de cuatro décadas de sistema democrático ininterrumpido, seguimos leyendo el poder estatal desde el miedo y no desde la seguridad?

Quizás porque la democracia, como proyecto de derechos, quedó a medio camino. Se fundó sobre una promesa de que la vida iba a ser más justa, más digna, más vivible. Y 42 años después, la escuela pública desfondada, la salud en modo soga al cuello, la pobreza convertida en clima sofocante, la seguridad transformada en ansiedad permanente, cuentan otra historia. Una historia donde los derechos formales no siempre se volvieron derechos vividos.

Todo esto erosiona la confianza. No solo en la política, sino en la idea misma de Estado. En su capacidad de cuidar, ordenar, garantizar, proteger.

Por eso, cuando aparece un militar en escena, el debate se enciende, pero no por lo que aparece en primera instancia. Se enciende porque nos devuelve a una pregunta más profunda. ¿Quién cuida a quién en este país? ¿Qué significa "Defensa" cuando la mitad de la población vive en condiciones que el propio Estado no logra defender? ¿Qué soberanía se preserva cuando la salud y la educación funcionan como loterías semanales? ¿Qué seguridad se construye cuando las desigualdades ya se sienten como destino?

Con este prisma, la aparición de un militar en el gabinete funciona como espejo. Un espejo que, sin querer, expone una fragilidad muy íntima de nuestro sistema. Una fragilidad que se expresa en la distancia entre la promesa democrática y sus resultados. No tanto porque la democracia esté en riesgo, sino porque aún está en deuda consigo misma.

¿Es duro de decir? Sí. Sin embargo, es necesario dar el debate. Argentina consolidó una democracia política con elecciones, juicios y libertades básicas, pero todavía no consolidó una democracia social. Y esa brecha genera un clima extraño: la comunidad política está adulta, pero la calidad de vida sigue adolescente, irregular e incierta. El resultado es una ciudadanía que, a pesar de vivir en libertad, no termina de sentirse protegida.

La pregunta ya no sería "¿qué implica un militar en Defensa?". La pregunta de fondo es otra. ¿Cómo construimos una democracia que no active miedos, sino confianza? Una democracia donde la defensa no sea solo geopolítica o institucional sino cotidiana. Donde defender al país incluya defender la salud, la educación, la seguridad, la dignidad económica.

Puede que la sociedad argentina aún lea ciertos símbolos con gramática de los ochenta. Pero también puede que esa lectura persista porque nunca terminamos de construir un presente que desactive esos reflejos. Si la democracia no garantiza derechos de manera plena, cualquier gesto de autoridad va a sonar más fuerte que cualquier discurso tranquilizador.

Al final, todo se reduce a que tal vez no sea que un militar vuelve al poder, sino que la democracia todavía no pudo terminar de llegar del todo. Y mientras eso no cambie, cualquier uniforme va a seguir funcionando como un espejo incómodo; no del pasado, sino de lo que aún nos falta escribir del presente.

Malvinas: el Gobierno evalúa sumar la pesca al régimen de sanciones

Reunión de la mesa política del Gobierno por la cuestión Malvinas, con la participación de los ministros de Defensa y Relaciones Exteriores
Presidencia
  • Ampliación del proyecto de sanciones. En el marco de la Ley de Defensa de la Soberanía Nacional que se enviará al Congreso, la Casa Rosada analiza extender el esquema de sanciones —hoy centrado en las petroleras— a la actividad pesquera vinculada a licencias británicas en Malvinas.
  • Un reclamo que viene del sector. La Fundación Latinoamericana de Sostenibilidad Pesquera y el peronismo piden aplicar a la pesca el mismo criterio que se usa contra las empresas que operan en la exploración de hidrocarburos sin autorización argentina.
  • Una herramienta legal que ya existe. Desde 2008, el artículo 27 bis de la Ley Federal de Pesca exige a quienes tienen cuotas o licencias en el país declarar que no tienen vínculos con buques que pesquen sin permiso argentino en Malvinas, bajo pena de perder esos permisos.
  • El antecedente con las petroleras. Tras la cadena nacional del 3 de septiembre, Cancillería denunció a 60 empresas y personas vinculadas a proyectos petroleros como Sea Lion, alcanzando también a accionistas, directores y proveedores.
  • Presentación en Diputados. El proyecto ingresará el próximo lunes por la Cámara baja, con Presti (Defensa) y Quirno (Cancillería) como posibles expositores; el oficialismo espera que el tratamiento comience entre fines de septiembre y principios de octubre.

Marc Jacobs, Michael Kors y otras marcas desembarcan en el nuevo shopping OH! Buenos Aires

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  • Nuevo centro comercial en Recoleta. Prevé abrir sus puertas en los próximos meses en el predio del ex Buenos Aires Design, contando con 30.000 metros cuadrados, 110 locales y 30 propuestas gastronómicas.

  • Llegada de etiquetas inéditas al país. Firmas internacionales como Stella McCartney, Off-White, Golden Goose, Palm Angels, Scotch & Soda, Dsquared2 y Mandarina Duck tendrán por primera vez locales en la Argentina.

  • Moda automotriz y un esperado regreso. Maserati estrenará un espacio exclusivo destinado a su línea de indumentaria y accesorios, mientras que la firma francesa de trajes de baño Vilebrequin volverá a operar en el país.

  • Impulso importador y capitales nacionales. La llegada de estas grandes marcas globales se da en el marco de la reciente apertura de importaciones, dentro de un proyecto financiado por el grupo argentino Hatzlaja.

Crecen las tarjetas cripto: Visa ya cuenta con más de 160 programas de stablecoins

Crecen las tarjetas cripto: Visa ya cuenta con más de 160 programas de stablecoins
  • Crecimiento de los programas de tarjetas basadas en stablecoins. Más de 160 programas de tarjetas vinculadas a stablecoins operan actualmente en la red de Visa, con un volumen de pagos que crece casi un 200% interanual.
  • Explosión en el volumen de liquidación. El volumen de liquidación de stablecoins de Visa superó recientemente una tasa anualizada de 20 mil millones de dólares, lo que representa un aumento de más de 15 veces con respecto al año anterior.
  • El mercado de préstamos on-chain y la apuesta de Visa por el crédito en cadena. El gigante de las tarjetas lanzó su nuevo enfoque de crédito on-chain, combinando los datos de liquidación de VisaNet con infraestructura de préstamos en blockchain.
  • Los números del crédito onchain. Desde 2020, se han enviado más de 694 mil millones de dólares en préstamos denominados en stablecoins a través de protocolos de préstamos en cadena.