Fue una decisión muy difícil que tomaste, muy dramática, porque era dejar a tu hija en la isla. Vos te fuiste escapada, pero tu hija quedó, la pudiste recuperar afortunadamente meses después.
Muchísimo antes de lo que pensaba, un milagro. Así que los milagros ocurren.
Cuando tenés una decisión así, ¿es más corazón que razón? ¿Un mix entre ambos? ¿Cómo sopesás una decisión tan abismal?
Normalmente no soy muy racional, pero en ese momento lo fui. Tomé la decisión muy sopesadamente y así lo asumí. Vas un poco con la idea de que te estás jugando a la ruleta la vida entera y la de tu familia inmediata, pero iba tranquila porque estaba convencida de que estaba haciendo exactamente lo que tenía que hacer.
El recuerdo de la Revolución
Vamos a tu infancia: cuando ocurre la Revolución, en el 59, vos eras chiquita. ¿Tenés recuerdos de la Cuba previa, de esa transición?
Me acuerdo perfectamente del triunfo de la Revolución, pero desde la vista de una niña que lo ve todo en televisión. Teníamos dos canales en aquella época, algo muy avanzado para un país latinoamericano, que funcionaban casi todo el día. De pasar a ver lo que nosotros llamábamos los muñequitos, que son los cartoons, empezaron a aparecer en la pantalla unos rebeldes en unos carros bien amenazantes, que eran los tanques de guerra, todos barbudos y peludos. Y las mujeres en las calles se veían felices y les gritaban, los aplaudían. Después se fue poniendo un poquito más truculenta, a medida que pasaban los días. Pero ellos estuvieron avanzando hacia La Habana como ocho días, así que recuerdo aquello como algo bien prolongado.
Fidel Castro y otros revolucionarios hacen su entrada a Cienfuegos, el 4 de enero de 1959
AFP
Y recordás apoyo popular también, ¿no?
Ellos venían avanzando hacia La Habana y eran recibidos en las ciudades con aplausos y con gritos de 'Viva Cuba Libre'. Así que la histeria se implantó desde el principio.
Porque era la herramienta más efectiva en contra del régimen de Batista en ese momento. Y después vos recordás, por lo que contás en tu libro, que rápidamente hay problemas
Empezó la violencia en las calles. Fue contra las propiedades privadas, los parquímetros, un poco de destrucción, que se controló pronto y lo que llegó muy rápidamente fueron las ejecuciones sumarias, los juicios sumarios. Así que la sensación de miedo y de espanto también era palpable. Pero aún así (Fidel Castro) fue un personaje evidentemente carismático, con algún poder de hipnosis sobre las multitudes, porque lo seguían aplaudiendo.
Y también contás que rápidamente sentiste la escasez
Eso vino muy rápido. Desde que esta gente apareció en la pantalla del televisor, la vida cambió en Cuba. Y la de mi casa, particularmente, dio un giro de 180 grados.
Tu casa era vos, Naty, tu mamá, y Orlando Fernández.
Y mi media hermana, que no sabía, por supuesto, que era mi media hermana, y Orlando, que era mi padre, que era médico.
¿Dónde vivían?
En El Vedado, un barrio muy de clase media, que por cierto a la clase media le iba muy bien en Cuba en los 50.
Y vos hasta ese momento le decías papá a Orlando, no tenías ninguna duda de que era tu papá
Ninguna duda y lo adoraba. Además tenía la consulta en la casa y a mí me fascinaba bajar con él a la consulta y ver el latido del corazón. Creo que de ahí vino mi vocación por la medicina.
En la escuela teníamos que hacer lo que se llamaba trabajo voluntario, que era algo obligatorio. Y desde muy pequeña me di cuenta de que había dos realidades, que incluso se les ponía un nombre que no correspondía al significado. En Cuba todo era trabajo voluntario para construir la Revolución. En la escuela teníamos que hacer lo que se llamaba trabajo voluntario, que era algo obligatorio. Y desde muy pequeña me di cuenta de que había dos realidades, que incluso se les ponía un nombre que no correspondía al significado. En Cuba todo era trabajo voluntario para construir la Revolución.
El vínculo con Fidel Castro
Y vos eras hija de una relación extra matrimonial, tanto de tu madre como de Fidel Castro. ¿Cuál fue primer recuerdo que tenés de Fidel?
Él saltó del screen de la pantalla del televisor a la sala de la casa bien rápido. Fue su primera visita nocturna. Y esas visitas continuaron. Muy rápido nos fuimos, mi madre y yo, de esa casa a otro sitio.
¿Y ahí qué pasó con Orlando? Me imagino que fue una situación incómoda para toda la familia, para él en particular
Orlando quedó atrás. Él sabía perfectamente todo lo que había desde el principio. Pienso que estaba tan enamorado de mi madre que pensó que sería una especie de locura temporal. Creo que fue una decisión de mi madre irnos de la casa.
Para poder recibirlo a Fidel también en la casa, en esas visitas medio furtivas que comentás
Supongo que porque había habido promesas de una larga relación, yo nunca tuve mucho interés en conocer las interioridades de aquel affair, pero considero que mi madre tenía esperanzas de que esa relación continuara. Había apostado mucho, había sacrificado mucho.
Alina Fernández muestra una foto suya con Fidel Castro
EFE
Me imagino que es difícil tratar de reconstruir qué sentías vos con los ojos de niña, porque el paso del tiempo condiciona un poco la memoria, pero en esas visitas de Fidel, ¿vos te preguntabas quién era, qué hacía ahí?
Estaba en la televisión, nadie me lo tuvo que presentar. Tenía tres años y pico, era un señor que jugaba conmigo de madrugada. A mí me levantaban, me llevaban a verlo y después me volvían a meter en la cama. Y eso se mantuvo durante bastante tiempo. No eran visitas diarias, ni muchísimo menos. Y un día recuerdo que sentí unos tiros afuera y era (Mario) Chanes de Armas, uno de sus escoltas personales, que se había fugado, lo habían detenido y había ido a tratar de buscar la ayuda de mi mamá. A partir de ahí hay un distanciamiento entre ellos, porque al parecer Fidel acusó a mi madre de haber tratado de ayudar a Chanes, de haberlo traicionado. Y eso se convirtió en una gran tragedia para ella, porque se sentía inocente de esa acusación. Puede haber sido un pretexto para un distanciamiento, pero de hecho en mis primeros años de vida yo lo recuerdo de esas visitas.
¿Y qué te generaban esas visitas? ¿Excitación, miedo, curiosidad? ¿Qué había ahí?
Pues era un entretenimiento, pero no recuerdo que fuera algo que yo esperaba, ni muchísimo menos. Yo tenía mi vida normal.
Y decías que jugaban y una vez te llevó un regalo, ¿cómo fue eso?
El primero que recuerdo era una especie de muñeca disfrazada de él, con pelos implantados. Parece que se lo regalaron a él y así como se lo dieron, lo llevó. Debe haber sido un regalo oportunista. No me gustó, tenía puesto un uniformito y todo el bebé. No era muy adecuado para una niña pequeña. Y bueno, era un hombre tierno que jugaba juegos de manos con mucha habilidad.
Alina Fernández en la presentación de su libro en Los Ángeles, en 1997
AFP
Y me interesa qué pasó con Orlando, porque para vos era tu padre
Pues Orlando fue desapareciendo de mi vida. Me cuenta gente que lo vio en los últimos tiempos que él pasó en Cuba, que se pudo ir en el 61, en el 62, que temblaba. Mi hermana vino a dormir escasas veces a ese nuevo sitio donde nos mudamos. Y en conversaciones que hemos tenido después ella me dice que ella nunca recuerda haber estado con mami, sino siempre se vio con Orlando.
¿Y te quedó algo pendiente, alguna conversación con Orlando?
Por supuesto, porque nunca más pude verlo. Cuando pude aprender a escribir, le escribía, pero se me desalentó a hacerlo. Por otro lado, en aquella época, el estigma de tener un padre, una madre que se hubieran ido del país era enorme. Lo tenías que declarar en tus papeles escolares. Y eso te convertía en afiliada con un gusano, porque los epítetos y los calificativos empezaron también muy pronto, así que no era una situación agradable. Lo que me quedó pendiente fue decirle que siempre lo recordé con muchísimo amor, que siempre le agradecí haber estado ahí y que siempre lo quise. Aunque te digan que no es tu padre a los 10 años, todavía lo es.
Pasemos al momento en que tu mamá te cuenta la fatal verdad que me imagino que vos ya intuías
Me dijo que tenía que hablar conmigo y que me tenía que decir algo importante, que Fidel era mi padre, y no me sorprendió. En mi casa a nadie le gustó que lo supiera. En aquella época las mujeres tenían muchos secretos. Y no fue buena noticia para mi abuela ni para mi tata, que fue la persona que me crió toda la vida hasta que la perdí, que era mi segunda madre. Y recuerdo que se lo conté a mi mejor amiga y me dijo que ella lo sabía.
¿Una amiguita de la primaria?
Sí, mi amiguita, que se fue de Cuba cuando teníamos 10 años y algo, un poco después de eso. Era como un secreto que evidentemente mucha gente sabía y a mí se me dijo oficialmente porque iba a cambiar de escuela, como pasa a cierta edad, que dejas tu escuela de barrio y vas a la secundaria básica. Mi madre sintió que era mejor decirme y me pareció correcto.
Alina Fernández con su mamá, Naty Revuelta
¿Y te enojaste con ella?
No me enojé, pero no fue una buena noticia, porque enseguida me di cuenta que esa afiliación nada más servía para reafirmar otras cosas que habían venido pasando. Por ejemplo, la gente que sabía que él visitaba la casa iba con unas cartas, me veían jugando en el patio y me entregaban esas cartas. Yo trataba de dárselas y él no las recibía, hasta que se me dijo que no se podía molestar. Eran cartas espantosas de tragedias muy grandes, de desesperación absoluta, de noticias de fusilamiento y de personas que estaban desesperadas pidiendo salir del país, pidiendo perdón para un familiar. Eran cosas truculentas. Muy pronto me di cuenta de que no todo era aplauso y felicidad.
Tu mamá estaba profundamente enamorada de Fidel y siguió estándolo
Yo creo que sí.
¿Llegaste a entender esa situación medio irracional del enamoramiento, de la fascinación?
No, es algo que tengo pendiente. No entiendo ni esa ni muchas actitudes de codependencia con ninguna emoción injustificada. Hay mucha tolerancia para relaciones que no deben existir. A lo mejor eso fue lo que hizo que la institución no me interesara nada.
¿Había algo del amor prohibido que le fascinaba a tu madre, que era una chica de El Vedado, que tenía a su marido, que era un cardiólogo prestigioso, y esto era un mundo de deseo oculto?
No tengo la menor idea, pero lo sacrificó todo. Porque perdió una hija, perdió una estabilidad, se buscó el reproche materno hasta el último momento de su vida. Su vida familiar cambió completamente, su vida personal cambió. Creo que es el tipo de obsesión que al final no se justifica, que había que haber atendido psiquiátricamente en un inicio.
El inicio de la rebeldía
A los 10 años te enterás, empezás a crecer, te volvés adolescente y empezás a tener una mirada crítica. ¿Cómo construiste eso? ¿De dónde salió esa rebeldía tuya?
A partir de todo lo que iba pasando a mi alrededor. Por ejemplo, la comida empezó a escasear inmediatamente. Había que hacer grandes colas para que te vendieran un cartuchito de lentejas. No había ni sal. Cuando tú cortas la cadena productiva así desde la base hasta el momento de la distribución, pues no había comida, punto. Las cartas indicaban que no todo era color de rosa. En casa, mi abuela y mi tata eran absolutamente críticas. No lo soportaban, no lo podían ver ni en pintura. Entonces sí, tenía a mi mamá, que un niño tiene una devoción por la madre, pero tenía todos esos otros elementos que me hacían dudar. Después empecé en la escuela y teníamos que hacer lo que se llamaba trabajo voluntario, que era algo obligatorio. Y desde muy pequeña me di cuenta de que había dos realidades, que incluso se les ponía un nombre que no correspondía al significado. En Cuba todo era trabajo voluntario para construir la Revolución.
Y vos en algún momento dijiste, si es voluntario, no tengo muchas ganas de ir.
Pero por supuesto que lo dije, fue lo primero que dije, porque nos mandaban al campo, a unos barracones, al principio 45 días, después se convirtieron en tres meses y medio del curso escolar. Y en condiciones insalubres y espantosas. ¿A qué niño de 10 años le puede gustar dormir en una litera de tela de saco y salir con una guataca por la mañana a trabajar en el tabaco? Además, era todo como un montaje, no es que nuestra productividad hiciera una diferencia. Era más bien un tema educativo.
¿Y culturalmente cómo eras como adolescente en un país que empezaba a encerrarse?
Mi generación tenía mucha curiosidad. Tuvimos el privilegio de contar con los mismos profesores que venían de otras épocas. Nosotros tuvimos una pedagogía privilegiada, porque todavía venía del sistema anterior. Y por eso hay tan buenos médicos y tan buenos dentistas. Mi generación, que es la generación del experimento, tuvo acceso a ese acervo cultural que Cuba arrastraba.
¿Y cómo hacías? ¿Vos querías escuchar, por ejemplo, a los Rolling Stones?
En aquella época nosotros queríamos a los Beatles. La música en inglés estaba prohibida. Estaba prohibido tener el pelo largo, usar ropa a la moda, minifaldas, pantalones estrechos. Todos queríamos ser otra cosa que no fuera ser cubanos, gritar 'seremos como el Che' y marchar en uniforme por toda La Habana. Fue bastante violento. Había quien quería ser hinduista, el otro era confuciano, pero siempre estábamos persiguiendo libros, persiguiendo conocimiento que no fuera lo que nos obligaban a aprender.
En aquella época ser disidente, que quiere decir disentir, no quiere decir otra cosa, se pagaba muy caro. En aquella época ser disidente, que quiere decir disentir, no quiere decir otra cosa, se pagaba muy caro.
La intimidad del poder: cómo era Fidel de cerca
¿Qué aprendiste de la intimidad del poder, teniendo a Fidel, por un lado, en la televisión, en esos discursos interminables, por otro lado, viviéndolo, junto a tu madre?
Aprendí que es como una especie de crisálida, donde la persona se mete y se protege. Desde luego hay una disociación, cuando tú ensalzas a una persona de esa manera, esa persona asciende a un plano que no es real. Y se endiosa. También hay que pensar que era un señor que se paraba y hablaba de cruces de vacas durante cinco o siete horas seguidas y todo el mundo lo interrumpía para aplaudirlo. Llega un momento en que la clave de tu conducta es el desprecio por esa gente que te está ensalzando, cuando tú les estás hablando basura, por no decir otra palabra.
En el libro vos lo caracterizás como una persona meganarcisista. ¿Crees que ese diagnóstico psicoanalítico pesa más que lo ideológico para explicarlo por momentos?
Ahí pesa todo. Tengo un amigo cuya teoría es que el narcisismo es la enfermedad endémica cubana. Porque piensa que de no tener todos un narcisista adentro nadie hubiera podido admitir este liderazgo. Es que es incomprensible. Mi generación estaba allí delante del televisor donde él tenía una presencia casi diaria de horas y horas. Al otro día además se imprimía el discurso y nos obligaban a estudiarlo en horas extras. Te digo que los inicios de la revolución con Fidel Castro al mando no fueron fáciles, era una tortura.
Te pregunto una infidencia: ¿Fidel tenía opinión sobre tu vida sentimental ya como adolescente, sobre tus parejas? Porque vos te casaste muy joven también
En ese momento sí interfirió, se metió definitivamente e impidió el matrimonio. No le gustó mi elección.
Porque vos a los 16 años estabas de novia y le dijiste a tu madre que te querías casar...
Sí, era con tal de irme de mi casa, creo.
Era un poco un atajo para irte...
El sueño de salir un poco del manicomio. Mi pareja era un hombre que me llevaba 15 años, que era muy guapo. Era amigo de amigos. Siempre me codee con gente un poco mayor que yo. Trabajaba en lo que era el llamado Ministerio del Interior, que era como una especie de policía secreta. No estuve muy familiarizada con su trabajo. Yo más bien todavía quería casi que jugar a las muñecas.
¿Pero él tenía una voz crítica respecto al régimen?
No, no. Pero Fidel ahí se opuso al matrimonio. Tuvimos que suspender la boda, pero después accedió, había que conocerlo.
Se cumplieron 100 años del nacimiento de Fidel y se están cumpliendo 10 de la muerte en 2016. ¿Te causó algo el momento de la muerte? ¿Algo a nivel más tripas que razón?
En realidad no. Había habido varios ensayos generales, así que casi que uno estaba acostumbrado. Sabía que no iba a asistir al entierro, así que no había mucho que cuestionarse.
¿Le dijiste papá alguna vez a Fidel Castro?
No. Nunca. Siempre quise alejarme de esa relación familiar y lo estuve negando durante mucho tiempo, porque era una posición bien incómoda en Cuba, donde él era omnisciente, omnipotente, y casi que le faltaba una característica para ser Dios. Traté de vivir al margen de eso, un poco inocentemente, pero era el empeño.
La salida de Cuba
¿Tuviste miedo alguna vez?
Sí, en los 90. Tuve miedo porque había habido unos fusilamientos y pensé que podíamos correr peligro. Pero también tuve miedo porque desde el momento en que empecé a hacer mis tímidas denuncias, pues ya tienes terror. En aquella época ser disidente, que quiere decir disentir, no quiere decir otra cosa, se pagaba muy caro.
¿Cómo hacías esas denuncias?
Tuve una época en que fui pública porque estaba modelando y alguien se enteró y aproveché esa plataforma para poder decir. En esa época estaba el caso de María Elena Cruz Varela, que fue espantoso, que le hicieron comer una especie de manifiesto que había escrito delante de sus hijos y en la calle, y después estuvo presa muchísimos años. Había un movimiento disidente que pagó con muchos años de cárcel su osadía. Ese era el mundo que a mí me interesaba, el de la oposición. Y eso se paga con miedo.
El de la oposición y el del exilio. Vos en algún momento dijiste 'yo acá no puedo seguir' y empezaste con intentos de irte de la isla.
Pero los intentos empezaron mucho antes de poder culminar. Pude escaparme ya en el 94 con ayuda de amigos en el exterior y de desconocidos solidarios.
Vamos a esa escena, que la verdad que es de película, ¿cómo fue ese escape de la isla, vos disfrazada como española?
Ya había habido varios intentos. Tenía un amigo en Suecia que trató de sacarme con ayuda del gobierno sueco, pero ahí vinieron y me intimidaron y tuve que decir que no. El instigador fue Osvaldo Fructuoso, que es un amigo personal que ya había llegado aquí hace años, y él contactó a las diferentes partes. Participó Maripaz Pérez Nieto, que tiene la asociación Azopasco, que siempre ayuda a presos políticos cubanos a salir, estaba el embajador Armando Valladares, que también fue un ex preso político. Y entonces se montó este pequeño operativo, participó la revista Paris Match también. Fueron tres turistas a Cuba y una de ellas prestó el pasaporte, pensaba que era para una prima de Osvaldo, no sabía que era para mí. Y eso se falsificó, creo que en México, y después viró y así. Yo me pude ir en el lugar y en el avión de esa persona.
Te fuiste a Madrid. ¿Y ahí el plan era ir a Miami directamente o cómo fue esa hoja de ruta?
Yo no tenía plan. Estaba en el más absoluto desconcierto, pero ahí estaba esperándome Elena Amos, que también falleció ya, que fue una de las personas que participó y costeó todo esto. Y ella me dijo: 'Aquí hay un gobierno socialista. Y si tú lo que quieres es sacar a tu hija, no te puedes quedar aquí. Déjame ver si puedo lograr que te permitan entrar a los Estados Unidos'. Entonces Elena consiguió el permiso de un senador e ingresé por Atlanta. Fue una noticia que tuvo muchísima repercusión mediática y gracias a eso fue que pude sacar a mi hija. En esta coyuntura, Jesse Jackson, el reverendo, que también tenía muy buena relación con Fidel Castro, dijo que iba a hacer la gestión personal para tratar de sacar a la nieta y que se pudiera reunir con la madre. Y él fue y vino con la respuesta de que si mi madre y el papá de la niña permitían que la niña se fuera, la niña se podía ir.
Jesse Jackson con Fidel Castro en 1984
AP
El recibimiento en Miami
Después viniste a Miami. ¿Cómo te recibió el exilio cubano, que ya llevaba muchos años de consolidación y era un factor de poder?
Siempre hay que pagar un peaje. Y el peaje es de respeto y de reconocimiento. Y eso lo hice inmediatamente que llegué aquí. Cuando uno está en Cuba, como uno está en ese ambiente de narcisismo y manipulación total, tú piensas que haces algo y el mundo entero está mirando con un catalejo y no es así. Tienes una visión totalmente deformada de la realidad. Pero sí me di cuenta en cuanto llegué de que era un exilio muy sufrido, muy vilipendiado, muy abusado, de gente que todavía tenía heridas muy abiertas, de fusilados, de muertos en el estrecho de la Florida. Esto ha sido una tragedia nacional. Esta dimensión de ese sufrimiento en Cuba no la tienes. Porque en Cuba te dicen las 24 horas que el demonio está a 90 millas. Y todos los atentados y todos los horrores que ocurren allí, pues la culpa es de los americanos y del exilio. Así que tienes que desintoxicarte un poco de esa avalancha de basura que te meten en la cabeza desde el primer día. De entrada están calificados de gusanos, te condicionan a tener como una especie de predisposición a juzgar.
¿Y alguien te miraba con algún tipo de desconfianza por ser la hija de Fidel Castro?
Por supuesto, y con razón. Nunca sentí ninguna agresividad. Honestamente, siempre he tenido una deuda de agradecimiento con este exilio por admitirme aquí siendo la hija del victimario. Es muy complicado.
La Cuba actual
¿Qué evaluación hacés de estos últimos años de Miguel Díaz -Canel, que se presentó en su momento como una transición civil, como una especie de cambio interno dentro del régimen?
Es que esta gente no puede modificar su forma de pensar. Estaba viendo una entrevista a alguien que vive allá y que se opone al trabajo por cuenta propia, que piensa que eso es una debilidad. Entonces, ¿hasta dónde esta gente vive en ese quiste histórico o ideológico absolutamente inadaptado a lo que es el mundo real? Cualquier concesión para ellos es una muestra de debilidad. No han sabido adaptarse, en lo más mínimo. Cuando Obama tuvo su deferencia y su reverencia con el régimen cubano hubo como una cierta esperanza de que implementaran una apertura. De hecho, Raúl fue el que aprobó los trabajos por cuenta propia, porque en Cuba no tenías acceso a un plomero, a un zapatero.
Estaba prohibido.
Tener un trabajo que no fuera estatal estaba prohibido. Y esto fue como un primer paso y todo el mundo empezó a esperanzarse, y ahí se frenó todo. Y este Díaz-Canel no me parece una persona que tenga ninguna autonomía dentro de todo este engranaje.
El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel
EFE
Y te llevo una palabrita que se conoció, por lo menos fuera de la isla, en el último tiempo. Me refiero a Gaesa, esta especie de elite empresaria militar que tiene mucha influencia en la isla. ¿Te llamó la atención? ¿Sabías que esto existía?
Sí, yo sabía que Gaesa existía, pero además existieron otras corporaciones antes que funcionaban con dólares y que cumplían ese rol. Lo interesante aquí es que Raúl, astuto el viejito, pues puso muchísimo poder económico en manos de los militares. Pero esto tuvo que ver también con la desaparición de Fidel Castro. Él lo tenía todo muy fragmentado.
Y respecto a los servicios de inteligencia en Cuba y fuera de Cuba, porque nos enteramos que en muchos casos había infiltrados en Venezuela y en muchos otros países. ¿Qué mirada tenés sobre ese despliegue? Porque creo que Marco Rubio lo dijo, que es un país muy atrasado en muchas cosas, pero en temas de inteligencia son una potencia.
Esa era su misión, el subsidio soviético, chino, iraní, es para que rindieran una función. Vamos más atrás todavía, vamos a la guerra de Angola, donde Andrew Young, que era el representante de Jimmy Carter ante la ONU, públicamente dijo que las tropas cubanas en Angola eran una fuerza estabilizadora. Entonces, tú nunca sabes quién trabaja para quién y qué clases de favores han hecho.
La posibilidad de un cambio en Cuba
Desde hace un tiempo, sobre todo desde la asunción de Trump, se está hablando de algún cambio en la isla, un cambio empujado, forzado. Está la idea del modelo Venezuela, que haya una especie de Delcy Rodríguez, que podría ser el famoso "El Cangrejo", el nieto de Raúl Castro ¿Creés que es aplicable en Cuba?
A estas alturas no sé, hubiera dicho que no, pero están apareciendo otros actores, porque hace un tiempo nadie pensó que "El Cangrejo" pudiera ser un elemento a tener en cuenta. Siempre uno sobrevalora a la inteligencia norteamericana también, pensé que había una estrategia más clara y ya no lo veo tan claro. Pienso que las dictaduras, para afianzarse como se afianzó esta, necesitan un buen empujón del exterior. Y en este caso, la cubana se lo debe a este país (EEUU). Así que, justicia histórica, que den el empujoncito para que se caiga.
Te tocó vivir la etapa del período especial, crisis económica, social muy fuerte, represiva también, esta etapa da la impresión a la distancia que es aún peor
Evidentemente, porque hay muchísimos años más de deterioro, 30 años más de deterioro de la infraestructura. Es impensable. Tú dices, ¿cómo se puede vivir sin un baño? Pues así está viviendo la gente. Y no de ahora, de hace muchísimo tiempo. Es un país donde no se ha invertido nada en construcción. Estamos viendo que la única fábrica generadora de electricidad tiene fallos continuos y casi diarios. ¿Por qué? Porque no ha tenido mantenimiento. Es un país que ha vivido subsidiado. Y en este caso se ha puesto un poco de presión para que ese subsidio se cierre, pero las condiciones de vida, no de los últimos meses, de los últimos años, son muy deplorables.
Raúl Castro acompañado de su nieto Raúl Guillermo y su hijo Alejandro Castro Espín.
EFE
Ahí la narrativa del régimen, incluso también de dirigentes políticos, sobre todo de la izquierda, del ala demócrata aquí en Estados Unidos, siempre dicen que hay un atenuante, que son las sanciones, el bloqueo, ¿qué respondés cuando alguien dice eso?
Para mi esta religión del comunismo no tiene explicación racional. Y lo estamos viendo ahora en esta tendencia a reivindicar que regímenes como este, que están históricamente demostrados como fallidos. Esto es uno de los efectos del trabajo que ha hecho Cuba, solapado, soterrado.
¿Volviste a Cuba en algún momento?
Volví porque tenía que atender a mi mamá en sus últimos meses de vida. Fue en los tiempos de los presuntos cambios, de Obama. Fue un momento de mínima esperanza. Y una decepción bastante fuerte. Pero lo que me llama la atención es que encontré una ciudad tan bella, como La Habana, destruida. Dicen que las ruinas de la belleza pueden ser más bellas que la belleza misma, pero no es cierto.
Y llegaste a despedirte en buenos términos de tu madre, llegaste a hacer las paces.
Como nunca tuvimos un acuerdo, tampoco teníamos un desacuerdo per se. Vivíamos enfrentadas desde que yo tengo uso de razón. De cierta manera, los padres a veces se las arreglan para crearte unos complejos de culpa tremendos. No hubo entendimiento. Ella no tenía interés en despedirse, ella todavía seguía pensando en lo mismo y abogando por lo mismo.
¿Te veía como una especie de traidora?
Sí, sí.
¿Llegó a recibirte?
De hecho me pude ocupar de ella, de acompañarla al hospital hasta el último momento. Pero había un sentido del deber y creo que ella no tenía más nadie.
Te pudiste despedir, pero no en los términos que vos hubieses deseado.
No, pero me siento tranquila porque lo que nunca me hubiera perdonado era dejarla morir sola.
¿Y a Fidel, le destacás alguna virtud más allá de él?
En general, una astucia política innegable, que supo aprovecharse de su tiempo como nadie. Todos aquellos movimientos de liberación y todos aquellos afanes de cambio en la geopolítica y ahí se entronizó. Y lo subestimamos. Por ejemplo, llegó a ser líder de los países no alineados durante dos términos. Así que su influencia va muchísimo más allá de lo que querramos reconocer.
¿Cómo te gustaría que esté Cuba dentro de 10 años?
Con plomería americana otra vez. Por lo mínimo. Que la gente tenga un modo de vida. Es que no hay vida. Es la miseria más absoluta, repartida a nivel nacional. Excepto, por supuesto, sus raras excepciones.
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