La Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) dio un giro en su estrategia y subió por unanimidad un cuarto de punto su tasa de interés de referencia. La medida busca frenar la inflación impulsada por el alza de los combustibles tras la guerra en Medio Oriente. Con esta decisión, el banco central desafía las exigencias de Donald Trump de abaratar los créditos, a pocas semanas de unas elecciones de mitad de mandato clave para el control del Congreso.
Con este ajuste, la tasa a la que los bancos se prestan entre sí queda en un rango de 3,75% a 4%, una subida que encarecerá lo que millones de hogares y empresas pagan por endeudarse, incluidas las tarjetas de crédito y otros préstamos.
El objetivo del banco central es enfriar la economía: al encarecer el crédito, se modera el gasto y se reduce la demanda, lo que frena el alza general de los precios. Con ello, la Fed busca encarrilar una inflación que se ha mantenido por encima del 3% interanual durante la mayor parte del año, lejos de la meta oficial del 2% que la entidad no alcanza desde hace más de cinco años y medio.
El principal detonante de este repunte inflacionario ha sido la guerra con Irán y la creciente desestabilización en Medio Oriente, que disparó los precios del petróleo hacia el entorno de los 100 dólares por barril y elevó el diésel a niveles históricos. Sin embargo, no es el único factor en juego: a la escalada energética se suma la fuerte demanda vinculada al auge de la inteligencia artificial, donde la construcción de centros de datos y la inversión tecnológica añaden un impulso extra a los costos.
En su comunicado oficial el banco central reconoció este escenario internacional al advertir que “la incertidumbre sigue siendo elevada debido, en parte, a los acontecimientos geopolíticos”. Pese a ese entorno adverso, la entidad destacó la solidez del gasto interno y la actividad económica, subrayando su compromiso de actuar con firmeza: “El comité garantizará la estabilidad de precios”.
Ignorar a Trump
La decisión de elevar el costo del dinero representó además una prueba de fuego para la independencia de la Reserva Federal frente a la Casa Blanca. Durante meses, Donald Trump redobló la presión pública con exigencias de recortes inmediatos e incluso amenazas de represalias comerciales. “Bajen las tasas o dejaré de comerciar con los países con los que tenemos déficit”, señaló en sus redes sociales, agregando que “la Junta de la Fed, con su nuevo y gran líder, debe espabilar: ¡Sean patriotas por una vez!”.
Kevin Warsh, quien solo tiene cuatro meses al frente de la Fed tras ser propuesto por Trump en sustitución de Jerome Powell, defendió la decisión de elevar las tasas de interés. “La cruda realidad es que la inflación es demasiado alta y lo ha sido durante demasiado tiempo”, afirmó en la conferencia de prensa posterior a la reunión. “Las cifras de inflación de este verano no me indican que las tendencias subyacentes hayan mejorado de forma significativa”, agregó.
Ante las preguntas de los periodistas respecto a los señalamientos de Trump, esgrimió la independencia de la Fed: “No tengo información que ofrecerles sobre las conversaciones con el presidente. Parte de la independencia de la Reserva Federal consiste en que nos mantengamos en nuestro ámbito de competencia”. Y zanjó: “La independencia es una vía de doble sentido; dejaremos que quienes se ocupan de la política comercial y la política fiscal se mantengan en el suyo. Así es como podemos comparecer aquí y decir las cosas tal como las vemos”.
Warsh, quien ya había integrado la junta de gobernadores de la Fed entre 2006 y 2011, asumió la jefatura de la entidad en mayo tras un período de tensiones inéditas entre la Casa Blanca y el banco central. En su afán por forzar una baja en las tasas de interés, Trump arremetió de forma reiterada contra Jerome Powell —quien aún permanece como gobernador—, respaldó una investigación penal en su contra que luego fue archivada e intentó remover a la gobernadora Lisa Cook.
Reacción airada
La respuesta de Trump al anuncio de la Fed no se hizo esperar en sus redes sociales. “Las tasas de interés en Estados Unidos deberían estar en el 1%, o menos, porque somos el mejor crédito del mundo, con diferencia”, escribió, amenazando con frenar el comercio con países deficitarios y cerrando con una exigencia directa: “¡Bajen las tasas de interés para Estados Unidos de América, y rápido!”.
El portavoz de la Casa Blanca, Kush Desai, respaldó al mandatario y afirmó a Fox News que “la decisión de hoy, bastante desafortunada, de la Reserva Federal de aumentar las tasas de interés no estaba respaldada, desde el punto de vista del gobierno, por un argumento económico particularmente convincente”.
Nuevos aumentos
La señal predominante dentro de la Fed es que este ajuste no será el último. En sus nuevas proyecciones, la estimación central de los funcionarios para la tasa de interés a finales de 2026 subió del 3,8% al 4,1%, lo que refleja un respaldo creciente a nuevas alzas. De hecho, dieciséis miembros proyectaron al menos un incremento adicional antes de terminar el año, frente a solo seis que en junio anticipaban al menos dos subidas en total para 2026.
Hacia adelante, aunque el consenso apunta a que no habrá movimientos en 2027, ocho funcionarios respaldaron elevar el costo del dinero otro cuarto de punto para el cierre del próximo año respecto al nivel actual.
Solo 18 de los 19 integrantes del comité entregaron previsiones para 2026 y 2027, ya que Warsh optó por abstenerse de enviar pronósticos personales. “Refleja las opiniones de mis colegas en el comité, pero, al igual que en junio, no he presentado una proyección propia”, explicó en la rueda de prensa.