El problema no es creer. Es organizar la vida colectiva, las instituciones, la estrategia militar y la estructura del poder sobre la base de una mentira
El núcleo del fracaso de Irán, de Hamás, de Hezbolá y de los hutíes no es ni étnico, ni religioso en el sentido clásico. No son del mismo pueblo, no profesan la misma rama del islam, no comparten historia, lengua, ni territorio. Lo que comparten es algo más profundo y más destructivo: organizan su política, su estrategia y su guerra alrededor de un ente inexistente. No es que confíen en algo que rara vez se manifiesta, o que adopten una cosmovisión metafísica. No. Hablan, actúan y mueren por un amigo imaginario. Ese amigo se llama Alá, o Dios, o Jehová, da igual. Ninguno de ellos existe. No están en ningún campo de batalla, no salvan a nadie, no protegen, no castigan. Son construcciones mentales sostenidas por el deseo, por el miedo y por el adoctrinamiento, pero no tienen existencia objetiva. Y el precio de esa ilusión es altísimo.
La diferencia estructural entre estos grupos y un país como Israel está en el método. Israel puede tener creyentes, incluso muy fervorosos, pero el Estado no toma decisiones guiado por plegarias. Las Fuerzas de Defensa de Israel no consultan libros sagrados antes de ejecutar una operación. Consultan radares, imágenes satelitales e inteligencia. No hay una figura invisible en su cadena de mando; hay datos, hipótesis y simulaciones. Mientras del otro lado hay rezos, cánticos, gritos en árabe proclamando la grandeza de algo que no aparece, que no actúa y no responde; entre tanto, del lado israelí hay planificación quirúrgica y fría. Y cuando llegan los misiles, cuando caen las bombas, no hay alá, no hay intervención divina. Solo hay muerte y desilusión. El grito desesperado de "Alá Akbar" mientras se derrumba un edificio no es un acto de fe, es la expresión final del engaño: se esperaba una mano invisible que no vino, porque nunca estuvo.
El problema no es creer. El problema es organizar la vida colectiva, las instituciones, la estrategia militar y la estructura del poder sobre la base de una mentira. No hay dioses ni voluntad superior. No hay otra voz que la del propio fanático hablándose a sí mismo. Y cuando se entra en guerra bajo ese sistema de pensamiento, se entra en inferioridad por falta de anclaje en lo real. Lo que destruyó a estos grupos no es solo el enemigo externo, sino la arquitectura de autoengaño que los mantiene en movimiento. La religión no es aquí una guía espiritual: es un GPS roto que apunta a un destino que no existe. Y cuando se sigue un camino trazado por una voz ficticia, la única certeza es el desastre.
Esta es una diferencia brutal. Israel actúa con cálculo. Ellos actúan con fe. Israel mide las consecuencias. Ellos esperan milagros. Y los milagros no existen, como no existe el dios al que invocan. La guerra, en ese contexto, no es solo un enfrentamiento armado: es un choque entre la razón y la fantasía. Y la fantasía, por muy armada que esté, siempre pierde.
Las cosas como son
Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.
Dictamen de comisión. El Senado respaldó sin modificaciones el texto proveniente de Diputados, con el objetivo de convertirlo en ley -seguramente de forma unánime- en la sesión del 19 de noviembre.
El origen del proyecto. El mismo fue trabajado por diputados de LLA, PRO, UCR, MID y Argentina Federal. Obtuvo 237 votos afirmativos, 4 abstenciones de la izquierda y 9 negativos de cordobeses que pedían mantener la emergencia.
Beneficios permanentes. La iniciativa busca fijar de manera permanente las principales medidas de asistencia que regían bajo la ley de emergencia, cuyo vencimiento opera el 31 de diciembre.
Apoyo multipartidario. El despacho obtuvo la adhesión unánime de los bloques parlamentarios; se registraron las firmas de La Libertad Avanza, el bloque Justicialista, el PRO, la UCR y fuerzas provinciales.
Tensión interna. Pese a los reparos del Ministerio de Economía, Patricia Bullrich intercedió a favor de la medida en las mesas políticas al remarcar el impacto social en el sector y sostener que no compromete el equilibrio fiscal.
Revisión de la exclusión de querellantes. La Sala II de la Cámara de Casación, con los votos de Angela Ledesma y Alejandro Slokar y la disidencia de Guillermo Yacobucci, revisará la pérdida de la condición de querellantes de siete inversores. La decisión del juez Martínez de Giorgi se había apoyado en un dictamen del fiscal Eduardo Taiano, para quien los inversores asumieron un riesgo pero no fueron estafados.
Cómo perdieron esa condición. Dos de ellos, Lapchenko Vladislav Andreevich y Krasutskaya Sviatlana Vitalievna, habían sido rechazados como querellantes, algo confirmado por la Cámara Federal. Los demás (Marchetto, Vega, Paris, Quintero y Romeo) la perdieron tras una excepción de falta de acción planteada por la defensa del broker Mauricio Novelli.
El sobreseimiento de los Milei. Taiano consideró que no hubo delito en la caída del token, que fue una inversión volátil y que los inversores fueron víctimas del mercado. Sobre esa base sobreseyó al Presidente y a su hermana Karina, además de Novelli, Hayden Davis y otros involucrados.
La oposición de la PIA. La Procuraduría de Investigaciones Administrativas se opuso al sobreseimiento ante el Juzgado 8, que subroga Daniel Rafecas hasta el viernes. Sostuvo que faltan pruebas por producir, que los peritajes de trazabilidad de fondos no pudieron completarse por falta de herramientas informáticas y que el token fue presentado de forma engañosa, usando la imagen del Presidente para generar confianza.