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YPF, el fallo y la pelea por el relato del modelo argentino

Un fallo de la justicia de Estados Unidos revirtió la millonaria condena por la expropiación de YPF y reabrió una discusión política que parecía cerrada.

Nicolás Bottini

Hace algunas semanas, la final de la Copa África de fútbol cambió de campeón varios meses después de pitazo final. El partido ya se había jugado. Hubo festejos, fotos, camisetas impresas. Y sin embargo el resultado terminó redefiniéndose en los escritorios.

El fútbol, que parece el reino de lo inmediato, también tiene sus tiempos largos. La política argentina funciona parecido. Las decisiones no terminan cuando se toman. A veces siguen jugando durante años, incluso décadas.

La expropiación de YPF ocurrió en 2012. Catorce años después, una corte en Nueva York acaba de modificar el marcador del partido. La Cámara de Apelaciones del Segundo Circuito anuló la sentencia que obligaba a la Argentina a pagar más de 16.000 millones de dólares por la forma en que el Estado tomó el control de la petrolera.

Durante años la historia parecía cerrada. La estatización había terminado en el juicio más caro de la historia argentina. Un error que tarde o temprano alguien iba a pagar. Pero en Argentina, cuando cambia el resultado, lo primero que empieza no es el análisis económico ni jurídico. Empieza algo más familiar. La discusión por quién fue el autor de la jugada.

En Argentina no se discuten solo las decisiones. Se discute quién se queda con el relato cuando algo sale bien. El fallo no solo reabre un arqueología de las culpas. También, a la luz del resultado positivo, reabre algo más profundo. La pelea por la paternidad del modelo.

La escena es curiosa. Por un lado, quienes impulsaron la estatización, con Axel Kicillof como ministro de Economía, sienten que la decisión histórica acaba de recibir una especie de validación tardía. Durante años, el juicio fue presentado como la prueba definitiva de que aquella medida había sido un error monumental. La "espada de Damocles" de los 16.000 millones parecía confirmar que el país había pagado muy caro un gesto de soberanía energética.

Ahora el panorama se mueve. Si la condena cae, el argumento cambia. Y entonces la pregunta aparece inevitablemente. ¿Era tan mala la decisión?

Pero del otro lado también hay celebración. El Gobierno actual, ideológicamente ubicado en las antípodas de aquel proyecto estatista, también festeja el fallo. No porque reivindique la estatización, más bien todo lo contrario, sino porque evita una catástrofe financiera.

Ahí aparece una de esas paradojas tan argentinas. Gobiernos que piensan el Estado de manera opuesta terminan defendiendo exactamente la misma causa. En el tribunal de Nueva York, la Argentina fue una sola. Pero en el debate político, la Argentina vuelve a fragmentarse.

Y entonces deja de ser una discusión jurídica o económica y se vuelve narrativa. Lo que está en juego no es solamente si la estatización fue correcta o incorrecta. Lo que está en juego es algo más simbólico. ¿Quién se queda con el relato cuando el marcador cambia?

El caso YPF

En política, como en la vida, el éxito siempre encuentra muchos padres. El fracaso, en cambio, suele ser huérfano. Durante años, la estatización de YPF fue presentada como un caso casi didáctico de populismo económico. Una decisión impulsiva, costosa, destinada a terminar en tribunales internacionales. Ese relato convivía con otro, más épico, que hablaba de soberanía energética y recuperación de recursos estratégicos. Dos narrativas completamente distintas sobre el mismo hecho.

El fallo de esta semana no resuelve esa tensión. En todo caso, la vuelve más interesante. Porque introduce algo que a la política argentina le cuesta mucho manejar. La ambigüedad.

La decisión de 2012 no fue simplemente correcta ni simplemente equivocada. Fue una decisión política con consecuencias complejas que, ahora, más de una década después, sigue produciendo efectos inesperados. Como esos partidos que parecen terminar en la cancha pero continúan durante semanas en los escritorios de los tribunales deportivos.

Hay algo más en esta historia que explica la confusión actual. Argentina no discute solamente políticas públicas. Discute identidades políticas. Por eso el debate se vuelve tan intenso. No se trata de petróleo. Se trata de pertenencia. En ese contexto, el fallo judicial funciona como una especie de espejo incómodo. Porque obliga a todos los actores a reacomodar sus relatos.

Los que defendieron la estatización encuentran un argumento nuevo. Los que la criticaron celebran el alivio económico sin necesariamente revisar su diagnóstico original. Y el resto del país intenta entender qué significa exactamente todo esto. El resultado es una escena típicamente argentina. Mucha discusión, muchas interpretaciones y bastante confusión.

La historia argentina está llena de estas ironías institucionales. Reglas escritas para un momento que explotan en otro completamente distinto. Quizás por eso el problema de fondo no es la política energética ni el derecho internacional. El quid de la cuestión es algo más cultural.

Argentina tiene una dificultad persistente para evaluar políticas públicas sin convertirlas rápidamente en banderas identitarias. Cada decisión se vuelve parte de una batalla narrativa más grande. Y en esas batallas, lo importante no siempre es el resultado concreto. Lo importante es quién logra contar la historia.

Por eso, cuando cambia el marcador de un partido jugado hace más de una década, la discusión no gira tanto alrededor de los detalles técnicos del fallo. Gira alrededor de algo más humano. Quién puede decir “yo tenía razón”.

En ese sentido, el juicio por YPF funciona casi como una metáfora perfecta de la política argentina.

Las decisiones no terminan cuando se toman. Quedan suspendidas en el tiempo, esperando que la historia, o un tribunal en Nueva York, vuelva a revisar la jugada.

Y cuando eso pasa, el país no solo revisa el resultado.

Reabre, una vez más, la vieja pelea argentina por adueñarse del relato.

Motosierra en la mira: la oposición desafía a Milei en Diputados por deudas y discapacidad

Mañana se espera sesión en Diputados.
Victoria Urruspuru / El Observador
  • Sesión con quórum justo. La oposición convocó a sesionar este miércoles para emplazar y dictaminar proyectos sobre endeudamiento familiar y discapacidad. Necesitan reunir 129 presentes y estiman alcanzar los 130 diputados.
  • Estrategia libertaria. El oficialismo abrió las comisiones solicitadas y se comprometió a apoyar las iniciativas, si no generan déficit fiscal; aunque no sería suficiente para frenar la sesión.
  • Rol clave de los gobernadores. Diputados de Tucumán y Catamarca dijeron que darán quórum, pero la incógnita pasa por los de Salta y Misiones, sumados a posturas ambiguas dentro de Provincias Unidas.
  • Mensaje político a Milei. El peronismo y sus aliados buscan demostrar fortaleza frente al Ejecutivo, pese a los intentos de La Libertad Avanza por destrabar el conflicto.
  • ¿Respuesta del Gobierno? No se descartan anuncios del Gobierno hoy, tras la mesa política, para intentar desarticular la convocatoria.